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jueves, 24 de noviembre de 2016

Se me olvidó decirte...



     Mama, se me olvidó decirte que me cosieras la cartilla. Subí colinas desesperado para decírtelo, con los ojos ensangrentados y los mocos colgando, y tú  te giraste a mirarme como si tal. Sin comprender del porqué de ese sofoco, de esa huida acalorada.

     Mama, se me olvidó decirte que hoy entregaba el libro del Quijote en la biblioteca. Y ahí estabas tú, agitando los brazos como aspas de molino quitando importancia, siendo de nuevo el gigante que me arropa.

     Mama, se me olvidó decirte que fui yo quien gano entre todos, el fósil de otra era que ahora se acurruca y suda en mi mano. Le buscaste un sitio adecuado para que mi pequeño trofeo me saludase cada mañana.

     Mama, se me olvidó decirte que esos colores para unas zapatillas eran demasiado femeninos, que tal vez no me gustaban, que a lo mejor, ahora, ya no las quería y que probablemente no me volvería a poner. Y de nuevo tú saliste escopeteada a enmendar ese giro inesperado y previsible de un acto infantil.

     Se me olvidó. Se me olvido decirte que aquella tarde pase miedo, como tantas otras, pero tú supiste ser el Indiana que con unas pocas monedas supo buscar el tesoro de nuestro hogar entre esa maraña de autobuses, trenes y calles repletas de gente que busca en las chicas ese baile sensual que les agrade sexualmente, mientras yo, arriba, intentaba seguir los pasos de un ritmo que no entendía, repasando aquella cancioncilla una y otra vez hasta que el show cogía forma. Y allí estabas tú, pasando las horas, soñando con una vida mejor, imaginando como en un futuro me podría restregar con la Verdú.

     Se me olvidó. Se me olvidó decirte que el único aroma que me gusta es el lavanda, desde aquel día que lo descubrí envuelto en un frasco humilde de plástico verde, y me rociabas con él mientras con la otra mano me rascabas con una aguja la muñeca por dentro de la escayola que partió en dos aquel verano.

     Se me olvidó... decirte que me hubiera gustado hacer aquel viaje de vuelta desde Marugan al corral, para sentirme protegido, mimado y seguro de que las heridas iban a ser curadas totalmente. Un viaje ficticio para el que el tío Paco no dudo ponerse a los mandos de la nave Enterprise y recorrer esa galaxia de locura y algarabío para al rato, darse cuenta de que nada de aquello existía, que era una enajenación más del clan de los Babis. 

     Mama, se me olvidó decirte que la primera noche lloré. Lo hice mientras el centinela apagaba las luces y me taladraba una canción. Lo volví a hacer años más tarde, también de noche, cuando rompimos el lazo maternal y me acurruque pequeño, tapándome con la manta como antes lo hacías tú remetiendo como nadie, primeramente, la sabana que sacaba a patadas. 

     Se me olvidó... Se me olvidó decirte que de vez en cuando miro hacia atrás y te veo agitando la mano, diciéndome adiós. Te imagino con esos ojos que miran y apenas ven, intentando vislumbrar mi último movimiento: si llego, si voy, si vengo... si estoy. Y de esa manera me siento seguro.

          Mama, se me olvidó decirte que los ratos en la mesa alrededor de una cafetera son los que me hacen olvidar toda esa otra mierda que me rodea, y aun hoy, en mi casa, te imagino e interpreto ofreciendo esa taza de café: "Vamos Carmen, el café ya está, si quieres vienes..."


     Se me olvidó...
     Se me olvidó decirte que aunque no te llame... me acuerdo de ti. 
     Que aunque no vaya a verte... me acuerdo de ti.              Que aunque parezca ido... pienso en ti.

     Mientras vivía, mientras crecía y ahora mientras escribía... se me olvidó decirte todo eso. 
     Nunca es tarde para hacerlo, porque cuando hay algo que crees que se me olvida llega un gesto tuyo y me lo recuerda... por eso, ahora mientras escribía, o en el pasado mientras crecía y vivía... se me olvidó decirte... decirte que te quería.

     

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cambio de tornas




     Pides, pides, pides. Pero ya no es tiempo de pedir, de esperar... de ayudas. Es tiempo de dar. 
     Hay un momento en el que nada debes esperar de alguien, sino, que es al "otro" al que hay que ayudar. Es otro el que empieza a demandar eso que antes nos dio. Como un prestamista que manda a sus matones para cobrarse lo que entiende... le pertenece. 
     Te soborna, te coacciona, te chantajea... extorsiona, solo quiere lo suyo. Te amenaza con sentimentalismos, con recuerdos gráficos, con lecturas de antiguos capítulos de libros que creímos ya leídos, en los que en la contraportada nos dedicaron una frase que ahora lees y comprendes. 
     Te engatusa con gestos seniles y te ruega con sus actos que es momento de ofrecer tu mano. 
     Ya va siendo hora de envolver y no de desatar. De cavar y no de exprimir. De varear y no de embotellar. De poner el fuego, la pieza, el pan y el plato, y no la boca hambrienta que devora todo cordón umbilical. 
     Es hora de finalizar el balance y saltar de asiento: del debe al haber. De igualar resultados. Dejar pasar al tiempo y que éste nos empuje a nuestro nuevo sitio, nos acomode en la butaca, enfrente de la gigante pantalla de la vida, con una enorme bolsa de palomitas saladas y el ticket cortado al ras, esperando que se abra de una vez el telón que esconde la ultima parte de tu película.     

     ... y en los créditos... tú ya no eres el protagonista.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Cerrando tópicos



     Hay dos tópicos clásicos en el mundo de la rivalidad política:
- 1) Sí, muy rojo pero tienes pasta.
- 2) Sí, votas a la derecha pero eres un currito.
   
     Estas dos afirmaciones, contrarias entre si y contradictorias entre ellas mismas, contienen una carga ideológica que merece la pena repasar y así aclarar cuál es más real, cuál es más absurda y cuál la más errónea. 

    Se pueden tratar de dos maneras, puesto que lo llevan implícito en la propia frase: ideológicamente y económicamente. 
     
     Desde el punto de vista ideológico el argumento de defensa para la primera podría ser este:
    - Una persona puede haber amasado el suficiente dinero fruto de su trabajo y esfuerzo. Esto le podía haber llevado a creerse, como suele ocurrir, que él ya pertenece a otra clase, y de esa manera renunciar a sus principios y valores de antaño. Y de la noche a la mañana, porque su Cta. corriente así lo indica, pasarse al otro bando. Pero no, él, aun consciente de que es uno de esa minoría que se cuela por la rendija que el capitalismo y la derecha conservadora deja, sigue impertérrito con sus ideas y las sigue llevando a cabo, esto es, sigue pensando que hay gente desfavorecida y desprotegida, distinción abismal de clases, brecha social y salarial cada vez más grande; y un sistema que solo pone las cosas fáciles al que ya de por si lo tiene fácil. Por eso en su lucha ideológica, aun sabiéndose un privilegiado por haberse abierto hueco en ese sistema tan elitista y tan complejo para las clases medias y bajas, sigue apostando por un cambio que abra más esa escueta "rendija" para que sean cada vez más los que se puedan colar por ella sin necesidad de que otros factores, como la suerte, el momento o el apoyo familiar se tengan que alinear para llevar una vida digna.
     La defensa desde el punto de vista económico es clara: 
     -Si tu capital es fruto de tu esfuerzo y ganado de forma legal, es decir, sin apropiarte del esfuerzo y del trabajo de otros; no entra en contradicciones con tu postura ideológica. Puedes haber conseguido una fortuna por ser un ahorrador compulsivo o por estar currando desde pequeño más de 15 horas al día, al final no marca tu posición el dinero que tienes, sino, y ahí está la clave, la facilidad y la forma con la que lo consigues. Esa es la autentica diferencia entre el rico rojo y rico azul.

     Pero vayamos a la defensa que haría el otro extremo, el que sabiéndose pobre, currito, apenas mileurista y pasándolas putas para sobrevivir; vota con toda dignidad a la derecha.
     Desde el punto de vista ideológico su defensa sería esta:
     - No todo en la vida es el dinero. El trabajo y el esfuerzo también te hacen digno. Aparte hay otros componentes para sentirte ciudadano español: La unidad nacional, el orgullo patrio y el respeto a un estado que te protege. Las empresas son las que dan riqueza y por ello, de manera indirecta, nos la dan a nosotros también. Para que un país funcione, tiene que haber una pirámide estructural coherente que rija todo el entresijo económico, es decir, los de arriba crean, idean, producen y por lo tanto mandan y son los más beneficiados. Y los de abajo damos color y ritmo a su proyecto. Y por lo tanto se nos paga acorde con lo prestado. 
     La defensa suya para lo económico sería:
     - Por lo tanto, si tenemos lo que tenemos es gracias a ellos, que nos dan la oportunidad. Y si no tenemos es porque, o no somos muy currantes o queremos solo lo fácil.

     Como se ve, la diferencia es clara. Uno apuesta por la ideología social, lo humano, lo cercano y real, lo tangible. El otro apuesta por conceptos arcaicos, de otra época, por sentimientos casi espirituales que rozan la lucha bélica: Patria, defensa, unidad... Como si estos valores estuvieran en peligro y hubiese que defenderlos a ultranza. 
     Y en ese espacio la derecha se siente cómoda, solo tiene que alimentar ese miedo, creando un peligro que no existe y no se ve, y que por lo tanto va a permanecer toda la vida (terrorismo, independentismo, emigración, racismo..) de esta forma, el seguidor de este movimiento, aun siendo clase obrera, estará más preocupado en ahuyentar a esos fantasmas que de procurar que el sistema le ayude a él y a los suyos. Se sentirá participe de esa "lucha" enconada del estado, del que él por supuesto se siente parte, contra ese enemigo que acecha la unidad y la integridad del país y su constitución, ignorando por completo que la constitución le da los suficientes instrumentos para poner en marcha una lucha social que ponga fin a sus problemas reales. Pero por desconocimiento o porque al estado le ha interesado, le han dado otro tipo de código, un código falso erróneo y lleno de trampas.
     Al final ese caprichoso y maquiavelico sistema, te deja que coquetees con sus ideales, te deja que te apropies de su bandera, de sus colores, de su himno, que los hagas tuyos. Y ¡¡ojo!! te da a ti, porque a ellos en el fondo se la suda, la responsabilidad de defenderlos de esos otros peligros ajenos y virtuales que quieren derrotarlos. Te recuerdan constantemente que es tuya, que es lo principal y que ellos estarán a tu lado para ayudarte y proporcionarte los mecanismos e instrumentos necesarios para ganar esa batalla, a cambio "solo" piden que cada cuatro años... les votes. Ellos se encargan de lo demás, tu no tienes que preocuparte por nada, nosotros te lo solucionamos, eso sí, tu eres el encargado de que no nos invadan y nos roben lo más preciado. Es para lo que te formamos e instruimos desde pequeño... para la defensa de tu PAÍS Y TU BANDERA
     Que ya nosotros, por si acaso no pudierais retener al enemigo, vamos creando nuestra patria lejos de aquí: Suiza, Panamá, Andorra... etc.

     Queda claro cual es es tópico más absurdo. 
     Uno lucha por lo intimo, lo común, lo social, lo de todos, lo de dentro, lo humano... lo que importa.
     El otro aboga por algo que cuesta ver y entender, por algo superficial y meramente ambiguo e irreal. Por un manto de legitimidad que a día de hoy no corre peligro. Lucha por conceptos poco creíbles, irreales y nada tangibles que de existir, poco o nada ayudarían a nuestro bienestar social. Nos convierte en soldados de una guerra falsa y nos mentaliza de que a veces, el enemigo está entre nosotros, al lado, que es difícil verlo y que hay que estar atento, por eso no hay que ceder en la lucha y nos exige ser competitivos día y noche. De manera que esa competición voraz nos evite pensar en el porqué.
    Y así pasa, que mientras nos tiramos toda la vida buscando esos miedos para derrotarlos, ellos saquean de derechos y de medios económicos el sistema para uso y disfrute propio. Eso sí, con nuestra aprobación cada cuatro años.

     Ahora decide tú a quién defiendes y por qué. Y analiza si lo que tienes es por ti o ... por ellos. 

    "Mirad a vuestro alrededor y decidme algo que hayáis construido vosotros... Todo. Volved a mirar y decidme algo que sea vuestro... Nada. Por eso en la revuelta lo único que podemos perder... son las cadenas" 
                                                 Espartaco.


viernes, 14 de octubre de 2016

Corazón de torero


     
     El pequeño Adrián dice que sueña con ser torero.
     El pequeño Adrián dice que quiere torear. 
     El pequeño Adrián, en su pequeña cabeza, se ve matando toros... y dice que le gusta. 
     
     Imagino que al pequeño Adrián también le gusta: montar en bici, jugar al fútbol, coleccionar cromos, cazar pokemons, toquetear el móvil de papá, correr como loco con sus amigos imaginando, también, que es un indio o un vaquero, ahora seguro, un personaje de fantasía de un mundo irreal; seguro que al pequeño Adrián le gusta leer, imaginar que es Harry Potter o un lobo mutante que seduce a las chicas de su colegio. 
     Antes de desear ser torero, seguro que soñó con ser astronauta, veterinario, futbolista famoso o actor de series. Seguro que ha fantaseado con conocer a Ronaldo, Messi o Griezman. 
     El pequeño Adrián, como niño que es, ha imaginado en su cabeza, y luego expresado, miles y miles de cosas. Pero por desgracia al pequeño Adrián solo le escucharon cuando dijo que lo de torero... le molaba más. 
     Y fue entonces, y no antes, cuando esta sociedad se puso manos a la obra para hacer cumplir sus sueños. Los medios de comunicación se volcaron, los empresarios del mundo del toro se volcaron, los toreros se volcaron, las redes se volcaron... ¡¡¡Je suis Adrián!!!, todos éramos, sin saber por qué, el pequeño Adrián. 
     Salía en TV, recorría los cosos taurinos, era vitoreado, agasajado por sus defensores. Portaba, como trofeos, las orejas aún calientes que antes le brindaron, al igual que el rabo y hasta el toro entero. Le coronaron con el sombrero cordobés, con la montera, con el paseillo en su honor. Se mezclaba con sus gentes, esas de aspecto rancio, olor a colonia a granel, gomina de bote y farias en la mano. Recorría los burladeros, chiqueros y demás entresijos del templo taurino, lo hacía al compás de un pasodoble, del olor a toril, a cuadra y a boñiga de mula. 
     "Adrián es un niño, pero su corazón es torero" sentenció un avezado maestro.
     
     Ay¡¡ Pequeño Adrián, que suerte has tenido en esta vida. Con tan solo 8 años y ya tus sueños casi hechos realidad. ¿Por una sociedad que despertó de esa morriña de odio?, ¿Por un puñado de gente que de la noche a la mañana amaneció generosa, altruista, filantrópica perdida?, ¿Porque el género humano, y más el pueblo español, decidió que era hora de ayudarnos los unos a los otros, de repartir la riqueza, de construir juntos los sueños? No, pequeño Adrián, no ha sido por nada de eso. La culpa la tuvo, y a ella solo se lo debes, una pobre muchacha con escasa moral, probablemente pocas dotes culturales y nula capacidad de empatía, acompañado de un odio desmesurado y canalizado en la libertad facilona que dan las redes sociales; que te deseó, como quien no quiere la cosa, que te murieras, que lo hicieras ¡¡ya!!, rápido, no sea que tus sueños se cumplieran y en ese afán inconsciente, que solo un niño tiene, empezaras a matar toros indefensos, y ella, esta pobre muchacha en ese afán inconsciente, que sólo un perturbado tiene, prefiriera tu muerte antes que la del toro imaginario que entra al trapo del capote de tus sueños. 
     Ay¡¡ pequeño Adrián, cómo explicarle a esta buena moza que no se evita la muerte con más muerte, que no se educa a los niños en el respeto a los animales con tanto odio, y como hacerla entender que un animalista o un antitaurino no es nada de eso que ella propaga vomitivamente por las redes sociales. 
     Ay¡¡ pequeño Adrián, ojala ella tuviera la claridad de ideas que tú tienes, aunque estén equivocadas, ojala fuera de frente como tú, aunque el camino sea erróneo... ojala tuviera solo 8 años, para que esta sociedad le perdonara y consintiera los desmanes verbales que cometió.

     Pero... por qué ocurrió todo esto? ¿Por qué decidieron ayudarte a "torear" y no antes?, cuando querías ser otra cosa, ¿por qué no te llevaron al Bernabéu a ver a jugar a Cristiano?  
     Te sacaré de la duda: Por vergüenza.
   
     Y no, no la vergüenza de unos padres que crían a su hijo en un entorno... hostil y poco apropiado para un niño. Unos padres que no inculcan a su hijo el respeto hacia los animales. Unos padres que, todavía en esta época, meten la denostada fiesta nacional por los ojos a un pobre niño que debiera estar o estudiando o jugando a inocentes juegos. Unos padres que por hacerle feliz y no saber decirle ¡no!, alimentaron un deseo impropio en un niño de 8 años.

     Pero no es esa vergüenza, no, ni la de la loca del twitter o del facebook, que en su desesperación por llamar la atención y envalentonada por los comentarios anteriores de otros que como ella desearon la muerte de otro que pasaba por allí, se armó de odio y miseria y salió con esa pata de cabra.

     No, pequeño Adrián, la autentica vergüenza está en los medios de comunicación.  Esos que cogieron a un niño anónimo e inocente y a una chica anónima y vehemente y lo hicieron noticia y posteriormente viral. ¿Por qué? Por política Adrián, por política, siempre es política. 
     Te usaron de señuelo, como cebo. Te llevarán a los altares y, casi por esa incomprensible actitud de manipulación, tocarás tu sueño con las manos, y justo cuando estés a punto de cogerlo, te bajarán a empujones del mismo porque ya no serás noticia, ya no robarás más votos, ya no llenarás más espacios de legislatura estéril. Serás un muñeco roto, otro juguete más destrozado de este sistema mediático. 
     Lo tenías todo, pensaron, y en la noticia aparecía la palabra clave: Matador de toros. Solo faltaba que alguien mordiera el anzuelo y... ¡¡Voila!! el ataque a la izquierda cobraba vida. 
     Les importa una mierda lo que quieras ser; a ellos y a los que ahora te adoran, te protegen y se hacen selfies contigo. Les importa poco o nada tus gustos, sueños o actividades. Solo les importa, y tampoco mucho, que alguien, al cual se le pueda relacionar con la izquierda, te haya deseado la muerte. Te explotarán a ti y a ella, lo sacarán de contexto, harán demagogia de nivel máximo, exprimiran tu inocente imagen e incluso no te extrañe que se aniquile algún astado en tu nombre o por tu causa, pero creeme Adrián, ni tú, ni los toros, ni el odio de tu apoderada les importa nada.

     Y la vergüenza de las vergüenzas, esa que rechina en lo más hondo del ser humano, es que lo hagan a sabiendas de tu injusta e inoportuna enfermedad. Que mezclen en el saco más inmundo y miserable posible: a un niño de 8 años, una enfermedad que te acecha inexorablemente y un deseo mezquino y cobarde de una innombrable. Y todo ello lo hagan por unos putos votos en contra. 

     Jamás se vio en este país una forma tan fascista de anular a un rival en la lucha por el poder. 

  

sábado, 9 de abril de 2016

Las Manos



     Harto de esconder emociones,
     de ocultar sentimientos.
     Harto de tapar ya más lágrimas,
     de jugar con el ánimo al viento.

     Basta de cubrir con las manos tu rostro, para no mostrar lo que eres, para seguir en un falso estado. 
     Basta de revestir el dolor con colores variados, para evitar mil preguntas, que reavivan tu enfado.

     No más camuflajes, no más apariencias, no más mimetismos de gente ficticia. No más canciones horteras, no más frases hechas, no más diálogos de pelis de guerra.

     Sácame de esa cita que no entiendo, que taladra mi cabeza; de ese eslogan que no comparto, que gotea por el cuello de una gélida cerveza; del logo que me marca, la bandera que me ataca,
del escudo que me excluye, de todo aquello... que me colma de pereza.

     ¡Diles que se callen! 
     Se acabaron los consejos de libro de autoayuda, de filosofía infantil, de psicología blogger. 
     ¡Diles que no hablen! 
     Que no busquen sentido a mi sueño absurdo, a mi gesto serio por culpa de la sinrazón.

     ¡Aquí tenéis mis manos! 
     De frente, abiertas de par en par. 
     ¡Aquí tenéis los surcos! 
     Del odio, guardado por no molestar.

    ¡Aquí tenéis mis lágrimas! 
    Cristalizadas, enmohecidas, rancias... 
    Por no soportarlo más.

    Estas son las marcas, del asco... a esta puta sociedad.

lunes, 22 de febrero de 2016

DESPERTANDO




     Es raro que todavía no me haya arrastrado por el monte intentando sacar una buena foto de una encina desde abajo, del horizonte con niebla desde arriba, de unas rocas con curiosas formas vestidas de musgo, de esos caminos indefinidos con tintes fantasmales. Y también es extraño que no lo haya intentado desde dentro, desde la casa, buscando esa perspectiva del almendro florido prematuramente, o del curioso madroño con forma tétrica y sus frutos naranjas, del conjunto desde el punto más alto buscando una panorámica, hacer un picado y plasmar todo el terreno, o un contrapicado y buscar la profundidad del monte que me protege por arriba... sí, es cuando menos curioso que no lo haya intentado ni tan siquiera con el centenario árbol solitario que corona la meseta de mis sueños, la pradera canina; esa vieja encina con una capota abismal que da sentido a toda la parcela.

     Y creo que no lo hago por que no es necesario perpetuar el recuerdo, retratar ese instante maravilloso que no quieres olvidar, o que si lo haces, puedes tirar de foto digital para revivirlo. No es necesario escrutar al máximo mi capacidad fotográfica y el equipo para conseguir captar ese instante que me llama la atención. Ya no hace falta. Ahora lo tengo para siempre.

     Ahora solo es necesario esperar un poco... 
     Que llegue el día y partir para allá.
     En un instante atravesar la frontera, 
     saltar los candados que encarcelan mi alma...
     Cargar la leñera y prender esa ínfima llama que 
     alumbra todo el entorno, que ilumine esa utopía
     que deja de serlo.

     Y despertar. Esperar a la mañana siguiente para, nuevamente, sentarme allí, y sin nada que hacer, contemplar todo aquello mientras mis sueños... se van cumpliendo.  
     

viernes, 15 de enero de 2016

VOTO NULO



     Ya están aquí, ya han llegado. Primero tomaron las plazas, luego rodearon el congreso. Un tiempo después... están dentro. 
     Dormíamos, despertamos.

     Ahora solo hace falta que el resto abra los ojos, se quiten la venda que durante casi cuarenta años se habían puesto ellos solitos por culpa de los otros cuarenta años anteriores, cuatro décadas de sometimiento intelectual, de acoso moral hostigado por el látigo del miedo. De resignación, de adoctrinamiento espiritual y de acatamiento político instaurado por las urnas bélicas.

        Y en esas estamos, intentado todavía clasificar a la gente, posicionarles en su sitio: los de arriba y los de abajo, destapar acoplados en uno y otro grupo, meterles la conciencia de clases a base de recortes y derechos evaporados, facilitar a la gente su búsqueda de dinastía abolenga en cunetas para una reconciliación indefinida. Borrar de la ciudad cualquier vestigio que recuerde lo anterior, hasta entonces... no va ser posible. Porque mientras queden restos que huelan a sedición siempre habrá alguien que se agarre a ello. 
  
     Al otro lado, en el hemiciclo, esos... restos segregacionistas, esos gestos absolutistas, esos modos totalitarios, esas formas totalmente anacrónicas campan a sus anchas. Allí todavía andan por los primeros capítulos de cuéntame, borrando huellas que relacionen la transición con el franquismo, machacando discos duros, repartiéndose el territorio a su antojo; con sobres de monopoli, inflando sus cuentas con de dinero black, estructurando su organización delictiva piramidal de manera que la ley no les de alcance. Poniendo la artillería visual pesada de su lado para manipular, derribar al enemigo, y en su paso, de manera colateral premeditada... dejar al ciudadano desnudo de derechos, de garantias... de sentido común, desorientado y amenazado, acosado de manera virtual por esos miedos grabados todavía en sus conciencias, y que ellos, a sabiendas de que esto podía ocurrir, dejaron con  toda intención esa parafernalia de recuerdos bélicos, de golpe de estado oculto, de victoria dudosa, de incursión nazi en nuestras calles; esas que todavía enaltecen nombres de gente que contribuyó al sometimiento más largo que este país recuerda, y que por eso siguen ahí, como medida disuasoria para evitar un posible levantamiento de la clase trabajadora.

     Pero ya es tarde, las tropas civiles urbanas han entrado en el pleno. Lo han hecho por la vía legal, no rompiendo con las armas otra república, lo han hecho como ellos querían... con la mierda de democracia que nos dejaron, una democracia que solo permitía significarnos una vez cada cuatro años, pero nos engañaban, nos daban las papeletas marcadas con dos nombres, y en nuestro afán de cambio solo podíamos rotarlos en su poltrona, intentar reciclarlos cada una o dos legislaturas mientra ellos, en ese espacio de tiempo, se iban a las grandes empresas, esas que de verdad nos gobiernan y oprimen con sus decisiones. 

     Ahora tienen miedo, ese que ha cambiado de bando. Solo les queda el pataleo, la salida de tono, la excusa tonta y el argumento vacuo; el adjetivo infantil arropado por sus hordas mediáticas. Solo les queda ir recogiendo sus cosas, plegar su arrogancia y meterla en esa cartera de escaño obsoleta. 
     Su último grito es pedir, para la nueva etapa, una decencia y limpieza que ellos no tuvieron: apagar el ruido de la batucada, cortar rastas y fulminarlas de piojos. 
     Todo ante la atenta mirada inocente de un bebé que no sabía qué pasaba, qué ocurría, pero que alguien con toda la mala fe del mundo, haciendo uso de su denostada acta de diputado y sabiéndose sobrado en número de votos, porque un pacto oculto y engañando otra vez a sus votantes así lo decidió entre bastidores, creyó que podía permitirse esgrimir en él su última pataleta, su nula capacidad de entendimiento y tolerancia. 
     
     Marcar como nulo, el último golpe fascista en el parlamento español.