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domingo, 7 de agosto de 2011

Había un pastel

      Había un pastel, un pastel de boda, pastel como adjetivo, no como sustantivo.
     .....Y había un pueblo, un pueblo lejano. Había un parking, un parking en un rellano. Y había gente, gente que se conocía, algunos hasta se querían, otros se desentendían. Había matrimonios, novios, casados, solteros, divorciados y hasta separados; los había de nuevo vuelto a casar, a juntar. Había mujeres de otros, otros con nuevas mujeres, otros que habían sido mujeres, ahora hombres, señores de pelo cano, barrigudos. Había un claustro, un patio, y un salón; bodega, barra y recepción. Había escote, escote digno de un buen......, que no escote de pago a medias. Había gorrones, viejas, niños, camareros jóvenes y decepciones.
     ....Y había unas armaduras, un pasillo medieval, una bonita fachada, luces apagadas. Había una novia no radiante, miradas tristes, desconsoladas, gestos de fracaso, comentarios irientes, rostros que todo lo dicen sin hablar, que no hablan para no pecar, que si hablan es para confirmar. Había unanimidad. Había varios grupos, mesas alrededor de una; la central, la más vacía de todas. Había mesas sin llenar, sillas sin cubrir, había idas y venidas, cuadros sin marco, también lienzos, retratos en paredes, escenas en banquete.
     Había sillas de ruedas, coches sobre ruedas, bolsos en mesa, velas en penumbra, bengalas al alto, algunas incólumes.
     Había un menú, una carta bien creada, unos monederos y botellas de vino, abanicos y alfileres, había inscripciones en todas ellas, dos nombres bordados, dos nombres laureados. Había esperanza en todo ello, solo ellos, sobre todo en ellos.
     Había una boda, eso dijeron.
     No hubo tarta, fue pastel.
     Un autentico Pastel de boda.

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