¡Sabes, María! Casi no me acuerdo, pero creo que hace 5 meses que viniste a la casa del pueblo, o como dices tú, “a la casita de los gatitos” para hacer la fiesta de pijamas, poner el árbol y las luces de Navidad y comer unas alitas de pollo en el sofá tapados, los tres, con una mantita.
Ha pasado mucho ya de eso y han ocurrido muchas cosas también; nah, no te asustes, no es nada malo, sabes.
Ya quitamos las luces, claro, imagínate, todavía con ellas puestas, vaya rollo, ¿verdad? También guardamos el árbol hasta el año que viene, y ahora la chimenea ya no quema troncos ni maderas, solo guarda trastos entre hollín y restos de ceniza.
¡Sabes, cosita! Los gatitos ya no están con nosotros, claro, no te quisiste llevar ninguno y… bueno, se han hecho mayores y se han ido yendo a buscar y crear otra familia… les cuidamos mucho, te lo aseguro, mientras estuvieron aquí. A veces nos preguntaban por ti, decían que “Dónde estaba la niña guapa que les cogía y acariciaba de pequeños”.
Sabes, María, creo que te echaban de menos, que te cogieron cariño, y que alguno, a lo mejor, no le hubiese importado irse contigo a tu casa.
Ahora me han contado que buscas un conejo, a ver, no es tan cariñoso ni divertido como ellos, pero bueno…
¿Quieres que te cuente que fue de ellos? Allá voy:
Daisy, la más pequeñita, aquella que se te cayó al agua, se hizo una gata muy guapa y fuerte. Todos los gatos del barrio la querían como amigos y alguno como novia, jeje. Era muy bonita, acuérdate. Cuando creció se fue a otra parcela más grande y con más flores, donde nadie la molestara, y allí creó una familia con un gato persa pijo. De vez en cuando los vemos pasear… son muy felices.
Muñeco nos dejó pronto, al poco de venir tú. Se veía venir, era muy independiente y sabíamos que pronto nos abandonaría. Creemos que se fue a otro pueblo a probar suerte en otras tierras, donde su personalidad y gracia fuesen aceptados.
La “Bonita” se fue de la noche a la mañana. Nos dejos una nota de despedida diciendo que nos agradecia todo los que hicimos por ella. Se marchó con una familia que quería tener un gato para su hija, una pequeñaja que le daba miedo dormir sola, y ahora, con “Bonita”, sus sueños y sus noches son muy agradables, duermen juntas y son muy felices también.
Mª Luisa, la negrita… ya sabes cómo era, un poco estirada. Una noche se subió a un remolque de unos obreros que había por allí y acabó en el puerto de Valencia, de ahí embarcó entre unas cajas para acabar en un club de fiestas de otro país haciendo las delicias de todos los que la miraban. Estaba hecha para eso: para el baile y el espectáculo.
El Pirata… ese fue el mejor. Se hizo todo un gato, se afilió al ejército felino y se fue a defender su raza y su estirpe allende los mares. Aprendió a luchar como nadie, a saltar como nadie… se llevó nuestro cariño y parte de mi corazón. Dicen que se echó una novia muy guapa, no me extraña, el también lo era. Así es el destino, María, se hacen mayores y son ellos los que tienen que elegir. Él eligió dejarnos, muy pronto tal vez, pero fue su elección.
De los gemelos, Luisete se quedó. Es como tu padre, le gusta demasiado el pueblo como para irse a otro lado, pero su hermano gemelo, el Langui, se marchó. Sacó una beca y se fue a estudiar lejos, a otro país donde diesen la carrera que el quería, la de medicina gatuna. Te aseguro que lo aprobará con matrícula. Era el tío preferido de todos, como yo espero ser el tuyo. Enseñaba a los pequeños, les daba calor en invierno y les protegía de las adversidades diarias. Algún día volverá, seguro.
Pocoyo. ¡vaya trasto! Seguro que tú no te acuerdas, pero era un bicho, todo el días haciendo pifias y protestando. Se apuntó a los Catscouts, y ahora es monitor de otros mininos que quieren, el día de mañana, ser gatos aventureros. Le echamos de menos, pero el es feliz haciendo lo que quiere.
La Princesa, o la tía teruca, como la llamamos Marta y yo, también se fue. Era mayor y estaba malita. Aprendió todo lo que pudo a mi lado, y dio estabilidad al grupo de enanos que había aquí. Sin ella se hubiesen echado a perder. Era la jefa. Se marchó a una residencia felina de una asociación animalista. Allí creo que está muy bien y está contenta, la cuidan mucho. Espero que se acuerde de todo lo que la quise.
Por último señalar al Robert, el guapo como le dice la tía Marta, este… ha decidido quedarse con nosotros, de momento, vaya, a saber que hará de aquí a un tiempo. A nosotros no nos importa, así al menos estamos acompañados y entretenidos. Es un trasto, y como se ha quedado solo esta un poco mimado: todas las chuches para él, todos los mimos, todos los piropos y todas las caricias son para él. Va de mayor, por qué se junta mucho con su tío Luisete… pero es un enano todavía.
Luego hay uno que tú no conociste pero que te quiero hablar de él, se llama Junior. El nombre se lo pusimos por otro del mismo color al que llamábamos el Americano, y este… pues Americano JR, y de ahí pues solo Junior. Era vecino, pero nos visitaba muy a menudo, a veces incluso se quedaba a dormir por casa, imagino que harían también, a su manera, fiestas de pijamas, te imaginas María, ¡unos gatos con pijama¡. Era muy amigo de los nuestros. Un día decidió que ya era un adolescente y se marchó a otra aldea. Cuentan que ahora cuida de un puñado de gallinas de un señor mayor, y que por las tardes se acurruca a su lado para, en esas frías noches de invierno, escuchar historias de tiempos pasados, donde todo era más bonito y cuando todo era más sencillo.
Bueno, María, pues eso es todo, no hay muchos más cambios.
Sé que cuando vuelvas por aquí ya casi no te acordarás de ellos ni de esta carta, o que si lo haces, será de manera muy difusa, y eso, como dices en tus vídeos: “es lo más injusto la vida”.
O a lo mejor, cuando vuelvas, todo haya cambiado tanto que lo que menos importe sean los gatitos o si los recuerdas o no, o tal vez, incluso, esta carta ni te llegue. O puede ser… puede, que cuando vuelvas por aquí ya seas toda una mujer, vamos una chica mayor, y empecemos a recordar viejos tiempos y a relatar viejas historias de cuando te dejabas caer por aquí a ver a tus tíos, y seguramente seas tú la que recordarás aquellos gatitos que había en la parcela hace años y querrás que te contemos cosas de ellos, y sentados nuevamente en el sofá, con un café supliendo a unas chuches o una cena familiar sustituyendo a una fiesta de pijamas, te narre lo ocurrido, y te aseguro que eso… será otro cuento.
Sin nada más que contarte, me despido de ti, que ahora tengo que ir a darles de comer, y a decirles que me has dado recuerdos para ellos.
Un besiiiitooo.
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