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viernes, 31 de octubre de 2025

El tiempo perdido

 


     Empieza el sonido. 

     Suenan los primeros acordes. 

     Se nubla tu mente y se encoge el corazón. 

     Y ahí están los pífanos y timbales, dejando su huella. 

     Y el quejido puro de su voz ilumina el espacio en el que te encuentras. 

     Y solo veo carretera, asfalto; solo veo monte, árboles y barbecho; solo me cubro con el cielo y sus nubes, y deseo que rompan en modo de llovizna... o no, pero que orvalle, que mis ojos no sean los únicos que hoy anden cristalizados.

     Y suena a duna, a piel de naranja, a sirga y a tomillo; a lápiz a tuerca y a tinta. 

     Y todo se convierte en teatro, sin alma, o lo tiene... pero es de papel.

     Y huele a mar, a pescado, a arroz marinero... sin espinas.

     Pasea el gato, sin presa, huye veloz de la fábrica, directo al vertedero, para buscar el verdadero amor, el de las aves del amanecer o el de la leña que hoy va a arder.

     Son estrofas limpias, como la nieve. Cortos, que transcurren entre el alba y el crepúsculo. 

     Saben y huelen a fresas y por qué no... a jazmín.

     Se nublan por el humo del incendio, se desnudan los árboles embadurnados de incienso, desprotegiendo de deidad a la encina, dejando gris el olivar... y no crecerá más la hierba, en su puesto habrá hollín y polvo, sin memoria... ardiendo, como no podía ser de otra manera, pero sin llamas.

     Se convertirá el felino en Zorra, la parra vieja, dando vino profano y dulce, y dormirá entre juncos o bajo el olivo.

     Y mientras todo eso ocurre en mi cabeza, él sigue cantando, de nuevo, algo distinto, o casi.

     Me sacuden los recuerdos, de días felices que extraño, de otra época no tan lejana. 

     Cuando todo era posible... y nadie era más que nadie.

    

                                 Otro disco, otra vez... vuelvo a caer.

martes, 29 de abril de 2025

Apagón

 


                                                           12:33


      Yo, lo tengo claro, como Ayuso, 

      ¡Ha sido ETA! 

      Sin embargo Aznar dice que son los Iraquíes, que han provocado un apagón de destrucción masiva. 

      Abascal dice que es culpa de los catalanes independentistas y de los Moros, o los putos menas, todo el día por ahí haciendo el mal. 

      Florentino, sospecha de Laporta y Burgos Bengoetxea, a expensas de lo que diga el VAR. 

     El Cholo dice que ellos no han tocado nada, menos Julián Álvarez, que sí la ha tocado, pero solo una vez. Que él nunca ha dejado de creer y que todo se irá recuperando poco a poco, provincia a provincia. 

      A Ferreras le han asegurado que ha sido Ione Belarra, y aunque le parece burdo… lo da por válido.

      Laporta, apuesta a que es El Madrid,  la RFEF y el CSD.

      Losantos, ahora, brama como loco que es el Yunque aliado con Vox.

      Ok Diario, que Podemos, ya que tenían, dicen, una célula terrorista en Islas Granadinas.

      Daniel Esteve opina que fue Irene Montero, que ha soltado, a parte de violadores, un montón de Vatios pederastas de más.

      Iker Jiménez, que los Masones en conspiración con el chupamegas, que tenían contacto con los extraterrestres comunistas. 

      Ángel Gaitán, “El Crak”, no tiene claro que haya sido Elon Musk, pero lo que sí tiene seguro es que en los ascensores del parking de Bonaire hay decenas o miles de atrapados ya fallecidos. 

      Feijó dice que ha sido el hermano de P. SÁNCHEZ, y que dimita. 

      Yolanda Diaz, que ha sido el Novio de Ayuso, y que se vaya. 

      Rajoy dice que seguramente hayan sido los vecinos que decidieron, a su vez, que era el alcalde… ah, y que ¡viva el vino! 

      Ana Rosa, que el culpable es el Coletas, al igual que en las residencias. Y que por favor vuelva. 

      El Coletas, que Errejón y la izquierda dócil. Y que dónde está.

      El Rey dice que van a hacer todo lo posible, y que visitarán la zona 0, pero ya si eso cuando venga la luz. 

      El emérito lo sabe y acusa directamente a Miguel Ángel Revilla y a Corina. Y que lo siente mucho, cree que no volverá a ocurrir. 

      A la infanta Elena no le consta nada.

      Mazón dice que en cuanto tenga cobertura da el aviso, y deja caer que le han dicho, en el Ventorro, que un perro ha mordido un cable. 

      El Juez Carretero, por si acaso, ha vuelto a interrogar a Moulia: -“Señora Moulia, sabe usted si cuando el Sr. Errejón se sacó el miembro había luz”

      El Juez Peinado no tiene pruebas de que haya sido Begoña Gómez, no, pero seguro que sabe algo. 

      El Papa Francisco dice que donde él está, va todo con normalidad, que hay mucha luz. 

      Y Pepe, mi compi, que efectivamente, ya lo han confirmado,                                      ¡van a cortar el agua!

martes, 22 de abril de 2025

Son solo palabras, infinitas y eternas

 


      

     Palabras.

     Las palabras te describen, te definen.

     Te confunden.

     Te señalan y te etiquetan, y cuando no estás de acuerdo con ellas las cambias o las transformas en eufemismos.

     Eufemismo.

     Acudimos a él cuando queremos suavizar el indecoro de las palabras. Cuando queremos atenuar su significado, cuando son crueles o, simplemente, cuando nos dan miedo e inseguridad. 

     El ejemplo más manido es este: Conflicto bélico; lo utilizamos por Guerra. Hay otros muchos: crecimiento negativo, reajuste de plantilla, cese disciplinario, hacer el amor, capacidades especiales, cese voluntario del matrimonio, violencia de género y, mi favorito, el más cruel que existe, el más cobarde, el que guarda muchos secretos, miedos y una sensiblería que roza lo absurdo: Tuvimos que dormir al perro.


     Llevo tiempo con dudas, ves, otro eufemismo; que va, no son dudas, es miedo, puro y duro.

     Me acechan los pensamientos negativos, oscuros. Veo a la muerte constantemente, a la de verdad, no a esa que va de farol vestida de Halloween. En cada esquina, a cada momento siento el peligro.

     Ahora me ha rozado de cerca. Ahora que acabo de cumplir 53; número casual al tiempo que dijo el Principito que gastaría, si lo tuviera, en ir caminando a una fuente a beber agua fresca; la siento pasearse, cerca, con demasiada violencia para lo que suele ser. Espero se tome un respiro y me de espacio, me deje descansar... pero no en paz, claro.

     No se duermen, qué va, si fuera así todos estaríamos felices pensando que, tal vez, rodeados de lo que quieren, en algún lugar mejor, despierten, o simplemente con que aquellos que no les quieren no les acorralen. Perdón por la forzada hipérbaton

     Sigo evocando recuerdos que creía olvidados, imágenes describiendo conceptos que se parecen demasiado a ellos. Una antítesis que creo que no es normal. Y esto no ayuda, así no hay manera de aclarar esta oscuridad, de airear los fantasmas o de ventilar los recuerdos.

     De ahí sale este aforismo, épico, que sentencia y trunca sueños:

     “Si por cada beso que os di vivierais un día más… serías eternos”

      Eternidad. Otra perífrasis oculta, como infinito. Son definiciones posibles pero no reales. 

     Para saber si algo es eterno o infinito el observador debería también ser inmortal y cada cierto tiempo ir anunciando que sí, que de momento o hasta ese momento, esto o aquello sigue su curso, duración o hacia delante, y por consiguiente la posibilidad de infinito o eterno se mantiene. Y así por el resto de los siglos, para siempre, para toda la eternidad.

     Hace falta una eternidad para saber si ésta existe. Tremenda paradoja contradictoria.

     Pero yo no era tan pretencioso, no, yo solo quería que ellos fueran algo más longevos, solo un poco más.

     Ahora soy yo el que quiere dormir sin parar, sin ambigüedad, o sí, pero dormir, descansar para siempre, y tal vez, si ella me da alcance… hacerlo en paz… con disimulo.

     Y mientras corro hacia atrás y miro con temor y dudas al futuro, me tapo con infinidad de palabras, me cubro con su significado, y hasta que las coloco y ordeno para que cobren sentido, las aparto a un lado mientras decido si son naturales o un simple circunloquio.

     A veces no son nada. 

     Ni lo uno ni lo otro, sino simples caracteres que se amontonan con el único afán de darme sosiego, crear una frase que engalane mi estado, que me represente, y solo así entiendo que las palabras me han descrito y definido, y por lo tanto han hecho lo que de ellas se esperaba: que rotulen mi ánimo y describan de manera gráfica esa impronta caótica y espectral de mi mismo para que la gente no tenga dudas ni sospechas de cómo estoy, no sea que no quede claro y piensen que es exagerado, que solo son un puñado de metáforas mal traídas para que mi aflicción cobre tintes poéticos, para crear un corto alegórico, para sacar una sonrisa de mis lloros buscando ese oxímoron facilón, para narrar un drama hiperbólico o solo para que al final alguien piense, mientras recorre esta anáfora, que todo lo escrito esté sacado de contexto y en el fondo sea una ardua retórica o una burda fantasía distópica producto de mi imaginación y en consecuencia una alusión de la auténtica realidad. 

     Una ilusión de la existencia cabalgando un contrasentido.

     No sea que mis mascotas dejen de ser un sinónimo de amor y perro, y aquellas huellas sean tal vez una metonimia de lo que realmente eran, o que mis ocho garras molosas se conviertan en un sinécdoque que no describa toda su fuerza, lealtad, ternura y cariño, arrastrando tras de si una personificación casi inapreciable. 

     ...Y sueño que no se marcharon, y deseo que no lo supieran, y anhelo que ni lo imaginaran, y envolviendo este polisíndeton, fantaseo con que ni sufrieran.

     Y no me digan que: "Mis Nanus eran mi vida" no es un pleonasmo encubierto, porque si me falta lo uno... me sobra lo otro.

     Y que a lo mejor, al final, todo, tan solo sea una amalgama de figuras y recursos literarios. 

     O palabras, simples y sobrias palabras... infinitas.

     Y que si por cada una que tracé, en este relato singular, os tuviese un instante más, al igual que ellas, seriáis, como os dije… 

                                                                eternos.

viernes, 30 de agosto de 2024

La Huella

 


     Seguía con el puño apretado. Temía que se escapase algo, no sé: los sueños, la alegría, la ilusión... el alma tal vez. O a lo mejor era para retener emociones: la rabia, la impotencia, el odio, la frustración... la vida. Esa que veía que se esfumaba delante suya y no lo podía evitar.

     Era normal. Ese temor era comprensible. El destino le acababa de zarandear tan violentamente que la inseguridad era constante: le habían arrancado el corazón, se lo habían estrujado en su cara, lo habían troceado y después, de forma cruel, habían esparcido los restos de manera que era difícil, casi imposible, rehacerlos nuevamente.

     Sus pulmones comenzaban a colapsar de angustia, o eso creía; dejaban de bombear oxígeno, por lo menos no el suficiente para continuar viviendo. Las sienes retumbaban en su cabeza de manera machacona, casi soez, haciendo que sus ojos, que se ahogaban en lágrimas de sangre inocente, no pudieran abrirse para ver que en lo alto de la pequeña estantería una escueta vela tintineaba tímidamente, alumbrando con modestia y poca esperanza la imagen de aquellos por los cuales se había producido esa situación agónica. Un optimismo que se iba diluyendo al compás sincronizado de la llama.

     El diablo me está mirando a la cara. Me reta. Lleva tiempo jugando conmigo. Me tienta, me pone a prueba. Me quiere destruir... lo está consiguiendo.

     Ya no me quedan ni velas ni fuerzas, ni lágrimas ni lamentos. No caben más números negros y funestos en el calendario... demasiados ya para recordarlos todos. Aun así me esfuerzo, me aferro a ellos creyendo, con ello, que reavivo su espíritu y que de manera mística nos comunicamos. Quizás solo sea para limpiar mi conciencia, esa que dudo sea todo lo pura que debiera ser.

     Tal vez sea el momento de olvidar.

     Muchas cajas de recuerdos; marrones unas, que custodian al blanco; blancas otras, velando al marrón.

     Caprichos del destino.

     La fe tras una vitrina.

     ¿Por qué, San Lorenzo, tenías esas lágrimas guardadas para mí? ¿Por qué esperaste a ese día? ¿Por qué tanto dolor? Ahora entiendo su destello, su brillo fugaz... deseos no cumplidos. Noches en vela rezando a una Perseida.

     Me siento como la madre aquella que, en la Guerra de Secesión, perdió a todos sus hijos. La frase de condolencia que le brindó Abraham Lincoln, me sobreviene sin permiso: - " () Comprendo cuán débiles e infructuosas deben ser mis palabras para disuadirlos del dolor de una pérdida tan abrumadora, pero no puedo dejar de ofrecerles el consuelo que puede encontrarse en el agradecimiento a la República por cuya salvación murieron"

      Así me siento, insensible, indiferente a cualquier mensaje infructuoso de apoyo o condolencia.

     Otra frase, esta vez tuya nuevamente, Marta, que me perseguirá de por vida. Otro lamento real, noble, lleno de sentimiento y amor profundo... de cariño; envuelto en desesperación, tristeza, desconsuelo y amargura. Otro golpe de realidad que desgarra las entrañas y describe, a pie de página, esas terribles imágenes que vivimos "juntos para siempre", como dice la frase que cuelga del coche, los últimos instantes.

     Comenzar de nuevo. Empezar de cero.

     Frases y eslóganes que te dan una pista del camino a seguir pero que ahora mismo carecen de sentido.

     ¿Cómo olvidar todo, tantos años, y empezar como si nada? Cómo voy a olvidar si los recuerdos me persiguen, si hicieron mella en mi conducta, condicionaron mis hábitos, mis costumbres, moldearon mi personalidad y en consecuencia mi vida. Esa que di por ellos. Esa que hipotecamos por ellos. Esa que adapté a ellos.

     Dime, cómo cojo ahora las llaves sin sentir su presencia tras ellas. Cómo abro un bote sin sentir su aliento detrás. Cómo desenvolver un dulce sin sentir su mirada leal al lado. Cómo destapar un yogurt sin ver el goteo de su deseo. Qué hago ahora con la tapa y el envase vacío, con el palo o conillo del helado. A quién acaricio, a quién beso, a quién mimo... por quién o por qué vivo.

     Solo me quedas tú.

     Seguramente sea esa la finalidad.

     Quizás siempre lo ha sido.

     Es el momento de empezar y bregar por ello. Cumplir con el objetivo: conseguir que abras el puño para siempre. Que dejes escapar ese tesoro que nadie pudo arrebatarte, todo lo que en él has guardado durante todo ese tiempo: una mirada risueña, el olor de una pelota o... el calor de su piel...

               por si volviesen.


       "Dedicado a Marta, que sufrió tanto como los quiso. Y a mis chiquititos, que nos dieron tanto amor como desaliento ahora"

                          - Hasta pronto, Nanus-



          



jueves, 16 de noviembre de 2023

Vaivén

 

     El vaivén es tenue, sin ruidos ni chirridos, varado bajo la encina. Ya no se oyen los crujidos de madera en alta mar. 

     Y entre tanto... las nubes mezclándose entre las ramas... despacio, sin prisa. Buscando un lugar donde esconderse cuando la oscuridad aceche, el sol desaparezca y las aves más calurosas aniden con la presencia del crepúsculo. Mientras, los ojos rasgados en fondo blanco y negro me observan, creen que duermo, que estoy ausente... taciturno.

     Todo esto ocurre en un lapsus de tiempo, en un trocito de día, en un instante de... ¡auténtica vida!