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sábado, 9 de abril de 2016

Las Manos



     Harto de esconder emociones,
     de ocultar sentimientos.
     Harto de tapar ya más lágrimas,
     de jugar con el ánimo al viento.

     Basta de cubrir con las manos tu rostro, para no mostrar lo que eres, para seguir en un falso estado. 
     Basta de revestir el dolor con colores variados, para evitar mil preguntas, que reavivan tu enfado.

     No más camuflajes, no más apariencias, no más mimetismos de gente ficticia. No más canciones horteras, no más frases hechas, no más diálogos de pelis de guerra.

     Sácame de esa cita que no entiendo, que taladra mi cabeza; de ese eslogan que no comparto, que gotea por el cuello de una gélida cerveza; del logo que me marca, la bandera que me ataca,
del escudo que me excluye, de todo aquello... que me colma de pereza.

     ¡Diles que se callen! 
     Se acabaron los consejos de libro de autoayuda, de filosofía infantil, de psicología blogger. 
     ¡Diles que no hablen! 
     Que no busquen sentido a mi sueño absurdo, a mi gesto serio por culpa de la sinrazón.

     ¡Aquí tenéis mis manos! 
     De frente, abiertas de par en par. 
     ¡Aquí tenéis los surcos! 
     Del odio, guardado por no molestar.

    ¡Aquí tenéis mis lágrimas! 
    Cristalizadas, enmohecidas, rancias... 
    Por no soportarlo más.

    Estas son las marcas, del asco... a esta puta sociedad.

lunes, 22 de febrero de 2016

DESPERTANDO




     Es raro que todavía no me haya arrastrado por el monte intentando sacar una buena foto de una encina desde abajo, del horizonte con niebla desde arriba, de unas rocas con curiosas formas vestidas de musgo, de esos caminos indefinidos con tintes fantasmales. Y también es extraño que no lo haya intentado desde dentro, desde la casa, buscando esa perspectiva del almendro florido prematuramente, o del curioso madroño con forma tétrica y sus frutos naranjas, del conjunto desde el punto más alto buscando una panorámica, hacer un picado y plasmar todo el terreno, o un contrapicado y buscar la profundidad del monte que me protege por arriba... sí, es cuando menos curioso que no lo haya intentado ni tan siquiera con el centenario árbol solitario que corona la meseta de mis sueños, la pradera canina; esa vieja encina con una capota abismal que da sentido a toda la parcela.

     Y creo que no lo hago por que no es necesario perpetuar el recuerdo, retratar ese instante maravilloso que no quieres olvidar, o que si lo haces, puedes tirar de foto digital para revivirlo. No es necesario escrutar al máximo mi capacidad fotográfica y el equipo para conseguir captar ese instante que me llama la atención. Ya no hace falta. Ahora lo tengo para siempre.

     Ahora solo es necesario esperar un poco... 
     Que llegue el día y partir para allá.
     En un instante atravesar la frontera, 
     saltar los candados que encarcelan mi alma...
     Cargar la leñera y prender esa ínfima llama que 
     alumbra todo el entorno, que ilumine esa utopía
     que deja de serlo.

     Y despertar. Esperar a la mañana siguiente para, nuevamente, sentarme allí, y sin nada que hacer, contemplar todo aquello mientras mis sueños... se van cumpliendo.  
     

viernes, 15 de enero de 2016

VOTO NULO



     Ya están aquí, ya han llegado. Primero tomaron las plazas, luego rodearon el congreso. Un tiempo después... están dentro. 
     Dormíamos, despertamos.

     Ahora solo hace falta que el resto abra los ojos, se quiten la venda que durante casi cuarenta años se habían puesto ellos solitos por culpa de los otros cuarenta años anteriores, cuatro décadas de sometimiento intelectual, de acoso moral hostigado por el látigo del miedo. De resignación, de adoctrinamiento espiritual y de acatamiento político instaurado por las urnas bélicas.

        Y en esas estamos, intentando todavía clasificar a la gente, posicionarles en su sitio: los de arriba y los de abajo, destapar acoplados en uno y otro grupo, meterles la conciencia de clases a base de recortes y derechos evaporados, facilitar a la gente su búsqueda de dinastía abolenga en cunetas para una reconciliación indefinida. Borrar de la ciudad cualquier vestigio que recuerde lo anterior, hasta entonces... no va ser posible. Porque mientras queden restos que huelan a sedición siempre habrá alguien que se agarre a ello. 
  
     Al otro lado, en el hemiciclo, esos... restos segregacionistas, esos gestos absolutistas, esos modos totalitarios, esas formas totalmente anacrónicas campan a sus anchas. Allí todavía andan por los primeros capítulos de cuéntame, borrando huellas que relacionen la transición con el franquismo, machacando discos duros, repartiéndose el territorio a su antojo; con sobres de monopoli, inflando sus cuentas con dinero black, estructurando su organización delictiva piramidal de manera que la ley no les de alcance. Poniendo la artillería visual pesada de su lado para manipular, derribar al enemigo, y en su paso, de manera colateral premeditada... dejar al ciudadano desnudo de derechos, de garantias... de sentido común, desorientado y amenazado, acosado de manera virtual por esos miedos grabados todavía en sus conciencias, y que ellos, a sabiendas de que esto podía ocurrir, dejaron con  toda intención esa parafernalia de recuerdos bélicos, de golpe de estado oculto, de victoria dudosa, de incursión nazi en nuestras calles; esas que todavía enaltecen nombres de gente que contribuyó al sometimiento más largo que este país recuerda, y que por eso siguen ahí, como medida disuasoria para evitar un posible levantamiento de la clase trabajadora.

     Pero ya es tarde, las tropas civiles urbanas han entrado en el pleno. Lo han hecho por la vía legal, no rompiendo con las armas otra república, lo han hecho como ellos querían... con la mierda de democracia que nos dejaron, una democracia que solo permitía significarnos una vez cada cuatro años, pero nos engañaban, nos daban las papeletas marcadas con dos nombres, y en nuestro afán de cambio solo podíamos rotarlos en su poltrona, intentar reciclarlos cada una o dos legislaturas mientras ellos, en ese espacio de tiempo, se iban a las grandes empresas, esas que de verdad nos gobiernan y oprimen con sus decisiones. 

     Ahora tienen miedo, ese que ha cambiado de bando. Solo les queda el pataleo, la salida de tono, la excusa tonta y el argumento vacuo; el adjetivo infantil arropado por sus hordas mediáticas. Solo les queda ir recogiendo sus cosas, plegar su arrogancia y meterla en esa cartera de escaño obsoleta. 
     Su último grito es pedir, para la nueva etapa, una decencia y limpieza que ellos no tuvieron: apagar el ruido de la batucada, cortar rastas y fulminarlas de piojos. 
     Todo ante la atenta mirada inocente de un bebé que no sabía qué pasaba, qué ocurría, pero que alguien con toda la mala fe del mundo, haciendo uso de su denostada acta de diputado y sabiéndose sobrado en número de votos, porque un pacto oculto y engañando otra vez a sus votantes así lo decidió entre bastidores, creyó que podía permitirse esgrimir en él su última pataleta, su nula capacidad de entendimiento y tolerancia. 
     
     Marcar como nulo, el último golpe fascista en el parlamento español.

     


lunes, 21 de septiembre de 2015

Valle del Cornejo



HUYENDO

     Todos huimos alguna vez, de algo... por miedo.
     Nos alejamos corriendo, sin mirar atrás, de eso que nos aterra, nos incomoda.
     Huimos del caos, de la vorágine bulliciosa que apenas entendemos. Buscamos refugio en cualquier sitio donde nuestros prejuicios no nos sigan. Donde las leyes parezcan no existir, más allá del respeto, la cordialidad y la amabilidad bañada en tintes entrañables.
     Huimos de todo eso, de ellos... de nosotros mismos.
     Huimos cuando la duda emerge y parece extrañarnos.
     Escapamos a cobijarnos a cualquier lugar donde nos podamos reencontrar con el pasado, recuperar aquello que nos robaron, vendimos o, simplemente perdimos; lo abandonamos en un vano intento de hallar eso que nos prometieron, eso que no existe, para después darte cuenta que estaba más cerca de lo que creíamos, lejos de ti, en lo más profundo de tú interior... y por eso no lo veíamos.
     Huimos sin saber por qué. Lo hacemos a destiempo, contando los pasos para luego retroceder sobre los mismos... y así no hay manera de alcanzar el objetivo, de vaciar la mochila en la que día a día guardas más y más cosas sin saber para qué.

     Yo huí. Y ahora no quiero volver. Porque mientras me encuentro... más cosas pierdo por el camino y menos me importa si al final recupero eso que llevamos dentro, y que aquí, en El Corral, resulta sencillo... recargar Las Pilas.







































Paseo por El Barrio