Fue por culpa de alguien al que se le ocurrió pensar que sería genial que las cosas se recordasen un año después. No se sabe si con fines comerciales, anímicos o de control estadístico. El caso es que él solo decidió que sería cada 365 días cuando nuestra cabeza debería rememorar todo lo acontecido ese mismo día uno o varios años atrás. 365 días, podían haber sido 270, o 380, o 100; pero no, a este genio se le ocurrió que debería ser 365 porque coincidía con un año natural, claro. No se paró a pensar que aunque sí en número, pocas veces cuadraría en día de la semana, todo por culpa del cojo Febrero que se empeña año a año en empujar el calendario un poco más, y que lo descuadra más si cabe cada cuatro años, o lo que es lo mismo 1461 días después.
Y es por culpa de ese alguien que cada 365 días nos vemos en la obligación de tirar de memoria y recordar ese cumpleaños que poco nos interesa ya, ese aniversario que nos pone cada vez menos nerviosos, esa anécdota cada vez menos graciosa, ese hecho relevante en su día y que ahora ya no lo es tanto: la compra de un piso, coche, moto; el primer día en tu trabajo actual, el día de aquel maravilloso viaje. En fin, recuerdos que se reviven ese día en que el genio en cuestión dijo que se deberían recordar y por qué no, celebrarlas a su manera.
No pensó este lumbreras en que la mayor parte de esos recuerdos o son irrelevantes o poco oportunos, o incluso..... desagradables. Y que por su idea de instalar en nuestras cabezas ese contador biológico que hace saltar la alarma cada 365 días, nuestra alma se estremece cuando el cerebro decide, por una necesidad de limpieza, rememorar todo lo sucedido ese día unos años atrás.
Lo hace poco a poco, con detalle. Proyecta a veces imágenes olvidadas y se pasean con total impunidad por nuestra mente durante ese día como si de un film de diapositivas se tratase, durante todo ese "jovial" aniversario.
Por culpa de alguien, y porque siempre hay que echarle la culpa a otros, es que varias veces durante los 365 días que dura el año me siento como una mierda, recuerdo todo nuevamente, con detalles que creía olvidados. Me creo incluso que está pasando de nuevo, los sueños se vuelven otra vez oscuros, llenos de sombras, la jaqueca se instala en mi cabeza y me martillea como si no hubiese mañana.... pero sí lo hay, por suerte; un mañana en el que ese día pasa a ser el 366, y porque alguien lo decidió, ese día ya no debe preocuparte.
Los fantasmas huyen de tu lado para irse a molestar a otro. Esperando y descontando los días que faltan para, de nuevo, venir a darte otro repasito sentimental, otra lección que ni el mismísimo tiempo puede hacerte olvidar.
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jueves, 27 de marzo de 2014
lunes, 24 de marzo de 2014
Continente salvaje
Mucho sabemos de la Segunda Guerra mundial. Casi todo de como se produjo, cuáles fueron las razones, quiénes participaron y cuáles fueron las consecuencias.
De un lado el eje maligno y los beligerantes, del otro, los aliados y sus partisanos. Y todos enmarañados en una contienda totálmente descerebrada que puso patas arriba el continente europeo.
Durante años nos han contado el cómo y el por qué, nos han narrado al detalle todo tipo de batallas; rodadas la mayoría en excelentes films de gran calidad, nos han restregado las despreciables imágenes, grabadas con dudosa moral, de los campos de concentración; palabras como Auschwitz, Bikernau, Mauthasen, Treblinka, etc. se han postrado en nuestras vidas como algo cruel pero "asumible" desde el punto de vista humano.
Nos vendieron durante mucho tiempo que toda esta locura fue producida por un perturbado que anhelaba la grandeza de un solo imperio y la total aniquilación de toda raza distinta a la aria. Parece ser que Hitler cogió el timón de Alemania y la precipitó a un conflicto del que se avergonzaría toda su vida. Apenas de pasada nos dicen, y por ello casi se olvida, que en esta contienda otros muchos países colaboraron con la Alemania fascista: Bulgaria, Rumanía, Croacia, Finlandia, Hungría, Eslovaquia, Japón e incluso una indecisa y luego arrepentida y masacrada Italia.
¿Alguien hizo hincapié del porqué del acuerdo de estos países?, ¿por qué estaban interesados en seguir el rebufo Alemán?, ¿Acaso pensaban que el pastel territorial se iba a compartir?, no, y lo sabían. Pero aprovecharon esta acción bélica para disfrazar o maquillar sus auténticas intenciones, que no eran otras que las de hacer, en sus propios países, una limpieza de clases también. Los distintos a ellos, ya fueran por raza, religión o dirección política, debían ser aniquilados o cuando menos expulsados del territorio en cuestión. Polacos contra Ucranianos, Húngaros contra Griegos, Croatas contra Serbios, Rumanos e Italianos, Checos y Eslovacos etc, y todos, absolutamente todos, diese igual el lugar que ocupasen en el tablero táctico europeo, contra los Judíos.
No es nuevo el acoso a la raza o religión Judía. Desde que tiraron la primera piedra contra Jesús se pusieron sin saberlo ellos mismos una lápida tan grande como la que el Enviado soportaría días después. A eso le sumamos la ingeniosa idea de inventar el crédito y con ello, no solo ganaron mucho dinero, sino que tuvieron a sus pies a lo más importante de la sociedad en cada época en la que desarrollaron su actividad, y con ello el odio del resto del mundo.
No solo soportaron la represalia de los primeros Cristianos, con la inevitable condena y posterior represión por parte del Imperio Romano. Mucho después, y en contra de lo que la gente de a píe cree, fue en la Rusia Zarista donde se produjeron los primeros pogromos racistas judíos. Y más tarde no fue en Polonia ni en Alemania donde se levantaron los primeros Guetos, sino en la coqueta "isla" de Venecia.
A los que nos interesa un poco los acontecimientos de la Europa en guerra, nos quedaba la duda de por qué tanto odio, en tan poco tiempo, por qué tanta destrucción y por qué se permitió. Pero lo que más nos preguntamos es, ¿cómo habían salido todos esos países adelante?, ¿cómo fueron sus primeros días o años después de aquello? y sobre todo ¿qué fue de toda esa gente?: Prisioneros, esclavos, despatriados, desplazados, partisanos, milicianos, colaboracionistas, refugiados y sobre todo, qué fue de los pocos judíos que quedaron.
En el libro de Keith Lowe se explica y narra con todo lujo de detalles aquellos inmediatos días que siguieron a la liberación. Cuenta infinidad de casos reales que pone la piel de gallina y que en ocasiones impide conciliar el sueño. Da datos oficiales y oficiosos, de un lado y otro, de los vencidos y vencedores. Hace un análisis crítico del comportamiento dudoso que tuvieron los tres vencedores una vez acabo todo, el reparto injusto, el miedo a no entenderse y que esto no acabase nunca, el abandono a su suerte de la mayoría de poblaciones que cayeron en manos de un comunismo sediento de venganza y de un fascismo que nunca desapareció por completo.
Campos de prisioneros ahora habilitados para el refugio de millones de desplazados donde se les dio un trato casi peor que al que habían sido sometidos durante la guerra. Pueblos completamente arrasados, llevados a escombros y cenizas con sus gentes dentro por parte de los ejércitos vencedores y prisioneros, que se tomaron por su cuenta una venganza tan brutal, salvaje e inhumana, como la que ellos habían sufrido. Poblaciones civiles que pasaron desapercibidas durante la lucha y ahora eran puestas en el punto de mira de ese odio irracional e imparable que asolaba los restos de una Europa que los bombarderos habían dejado en ruinas. Hordas de gente saqueando, violando, matando, torturando de maneras infrahumanas a todo aquel que entendían culpable, bien por partícipe, permisible o por demostrar una pasividad atroz. Gobiernos que permitieron esto, que lo consintieron mientras se entregaban a una guerra civil que pusiera fin a eso por lo que realmente se habían visto avocados a esta guerra global. Empresarios y gente poderosa que se apropiaba de los desplazados y prisioneros de cualquier bando que no encontraban su sitio y los convertían en esclavos para sacar adelante una economía y una sociedad totalmente desaparecida a cambio de una vana esperanza por recuperar su anterior vida.
Para la mayoría de los liberados fue peor la victoria que la lucha por la derrota, fueron igualmente vejados por unos que por otros, denostados por el fascismo y sometidos por el comunismo.
Durante los años 1941 al 1945, incluso alguno más, un virus corrió por toda Europa como el ébola, infectó a todos sus ciudadanos, y no solo acabó con la vida de la mayoría, sino que al resto les arrebató la poca dignidad que les quedaba, les arrancó a cuajo la débil y fina capa moral que les protegía, y convirtió la Europa envidiada del pasado, del Renacimiento, de los primeros derechos humanos, de los orígenes civiles, en un desierto salvaje controlado por una turba humana cuyo único sentido era el odio y la venganza.
Apuntar que después de la población judía los que más padecieron, y no solo durante, sino desproporcionálmente después, fue la población Alemana. Lo que viene a demostrar lo absurdo que fue, no solo esa guerra, sino todas las demás. Donde vencedores y vencidos se pasan después años y años enterrando muertos, rehaciendo ciudades y reparando sociedades. Y sólo los más sensatos, buscan explicaciones, intentan comprender las razones, y en nombre de unos salvajes, se pasan de por vida pidiendo perdón.
De un lado el eje maligno y los beligerantes, del otro, los aliados y sus partisanos. Y todos enmarañados en una contienda totálmente descerebrada que puso patas arriba el continente europeo.
Durante años nos han contado el cómo y el por qué, nos han narrado al detalle todo tipo de batallas; rodadas la mayoría en excelentes films de gran calidad, nos han restregado las despreciables imágenes, grabadas con dudosa moral, de los campos de concentración; palabras como Auschwitz, Bikernau, Mauthasen, Treblinka, etc. se han postrado en nuestras vidas como algo cruel pero "asumible" desde el punto de vista humano.
Nos vendieron durante mucho tiempo que toda esta locura fue producida por un perturbado que anhelaba la grandeza de un solo imperio y la total aniquilación de toda raza distinta a la aria. Parece ser que Hitler cogió el timón de Alemania y la precipitó a un conflicto del que se avergonzaría toda su vida. Apenas de pasada nos dicen, y por ello casi se olvida, que en esta contienda otros muchos países colaboraron con la Alemania fascista: Bulgaria, Rumanía, Croacia, Finlandia, Hungría, Eslovaquia, Japón e incluso una indecisa y luego arrepentida y masacrada Italia.
¿Alguien hizo hincapié del porqué del acuerdo de estos países?, ¿por qué estaban interesados en seguir el rebufo Alemán?, ¿Acaso pensaban que el pastel territorial se iba a compartir?, no, y lo sabían. Pero aprovecharon esta acción bélica para disfrazar o maquillar sus auténticas intenciones, que no eran otras que las de hacer, en sus propios países, una limpieza de clases también. Los distintos a ellos, ya fueran por raza, religión o dirección política, debían ser aniquilados o cuando menos expulsados del territorio en cuestión. Polacos contra Ucranianos, Húngaros contra Griegos, Croatas contra Serbios, Rumanos e Italianos, Checos y Eslovacos etc, y todos, absolutamente todos, diese igual el lugar que ocupasen en el tablero táctico europeo, contra los Judíos.
No es nuevo el acoso a la raza o religión Judía. Desde que tiraron la primera piedra contra Jesús se pusieron sin saberlo ellos mismos una lápida tan grande como la que el Enviado soportaría días después. A eso le sumamos la ingeniosa idea de inventar el crédito y con ello, no solo ganaron mucho dinero, sino que tuvieron a sus pies a lo más importante de la sociedad en cada época en la que desarrollaron su actividad, y con ello el odio del resto del mundo.
No solo soportaron la represalia de los primeros Cristianos, con la inevitable condena y posterior represión por parte del Imperio Romano. Mucho después, y en contra de lo que la gente de a píe cree, fue en la Rusia Zarista donde se produjeron los primeros pogromos racistas judíos. Y más tarde no fue en Polonia ni en Alemania donde se levantaron los primeros Guetos, sino en la coqueta "isla" de Venecia.
A los que nos interesa un poco los acontecimientos de la Europa en guerra, nos quedaba la duda de por qué tanto odio, en tan poco tiempo, por qué tanta destrucción y por qué se permitió. Pero lo que más nos preguntamos es, ¿cómo habían salido todos esos países adelante?, ¿cómo fueron sus primeros días o años después de aquello? y sobre todo ¿qué fue de toda esa gente?: Prisioneros, esclavos, despatriados, desplazados, partisanos, milicianos, colaboracionistas, refugiados y sobre todo, qué fue de los pocos judíos que quedaron.
En el libro de Keith Lowe se explica y narra con todo lujo de detalles aquellos inmediatos días que siguieron a la liberación. Cuenta infinidad de casos reales que pone la piel de gallina y que en ocasiones impide conciliar el sueño. Da datos oficiales y oficiosos, de un lado y otro, de los vencidos y vencedores. Hace un análisis crítico del comportamiento dudoso que tuvieron los tres vencedores una vez acabo todo, el reparto injusto, el miedo a no entenderse y que esto no acabase nunca, el abandono a su suerte de la mayoría de poblaciones que cayeron en manos de un comunismo sediento de venganza y de un fascismo que nunca desapareció por completo.
Campos de prisioneros ahora habilitados para el refugio de millones de desplazados donde se les dio un trato casi peor que al que habían sido sometidos durante la guerra. Pueblos completamente arrasados, llevados a escombros y cenizas con sus gentes dentro por parte de los ejércitos vencedores y prisioneros, que se tomaron por su cuenta una venganza tan brutal, salvaje e inhumana, como la que ellos habían sufrido. Poblaciones civiles que pasaron desapercibidas durante la lucha y ahora eran puestas en el punto de mira de ese odio irracional e imparable que asolaba los restos de una Europa que los bombarderos habían dejado en ruinas. Hordas de gente saqueando, violando, matando, torturando de maneras infrahumanas a todo aquel que entendían culpable, bien por partícipe, permisible o por demostrar una pasividad atroz. Gobiernos que permitieron esto, que lo consintieron mientras se entregaban a una guerra civil que pusiera fin a eso por lo que realmente se habían visto avocados a esta guerra global. Empresarios y gente poderosa que se apropiaba de los desplazados y prisioneros de cualquier bando que no encontraban su sitio y los convertían en esclavos para sacar adelante una economía y una sociedad totalmente desaparecida a cambio de una vana esperanza por recuperar su anterior vida.
Para la mayoría de los liberados fue peor la victoria que la lucha por la derrota, fueron igualmente vejados por unos que por otros, denostados por el fascismo y sometidos por el comunismo.
Durante los años 1941 al 1945, incluso alguno más, un virus corrió por toda Europa como el ébola, infectó a todos sus ciudadanos, y no solo acabó con la vida de la mayoría, sino que al resto les arrebató la poca dignidad que les quedaba, les arrancó a cuajo la débil y fina capa moral que les protegía, y convirtió la Europa envidiada del pasado, del Renacimiento, de los primeros derechos humanos, de los orígenes civiles, en un desierto salvaje controlado por una turba humana cuyo único sentido era el odio y la venganza.
jueves, 26 de diciembre de 2013
Y aun así...
Seré yo el raro... no sé, tal vez, pero a mi el anuncio de navidad de la lotería no me parece ni gracioso, ni cutre, ni patético. Tampoco es que me haga especial ilusión, pero me parece un anuncio que tiene ese rasgo entrañable, humano y folklórico que se busca en estas fechas.
Después de tantos años de pasar noches buenas, viejas, reyes, años nuevos, viejos y navidades en general; uno se va desanimando, aburriendo y desilusionándose. Tal vez sea que cada vez empiezan antes, o será, que cada vez se capitalizan más perdiendo su esencia primitiva... no sé, el caso es que mi Fe en ella se desvanece como el halo de la estrella del portal.
Puede ser que Papa Noel se haya inmiscuido en el campo de la Realeza Oriental, o que me haya pasado las últimas 16 navidades metido en un Centro comercial, bombardeado por villancicos, bolas gigantes, decenas de papanoeles ficticios, pajes, Reyes de cartón, montañas ingentes de turrón, atrezzos horteras que evocan un espíritu que desapareció justo cuando ellos llegaron, y... sobre todo estar rodeado de lo más despreciable de la Navidad: La gente.
Ésa que intenta acoger al fantasma de Sgrooge y convencerle de que ellos sí saben lo que es disfrutarla. Por eso acuden en masa el mismo día y a la misma hora a esa puerta que, aun sin tenerla celos, se rifan por ser los primeros en traspasarla. Confunden el cenar en familia para celebrar el nacimiento de Jesús, con celebrar la gula más vanidosa posible a costa de su familia. Para ello llenan carros y carros de: Envidias, orgullo, prejuicios, petulancia, derroche, desmesura. Comen y cenan, ahora sí, por encima de sus posibilidades. Yo diría que tal vez también sueñan por encima de ellas. Anhelan con desasosiego, con desesperación, con angustia en algunos casos... con esfuerzo inútil en otros. Se enclaustran en un círculo que nada tiene que ver con un niño en un pesebre. Si bien es cierto que sí se aproxima a lo que ese niño sería después, es decir, vivir como Dios.
Es un poco por esto que me chirría la Navidad. Por esto y por hacer al pie de la letra lo que dicta la norma general, el dogma popular, el mismo que acepta que la Fiesta Nacional siga siendo eso, una fiesta. Tal vez sea que todo lo relacionado con la fiesta tenga tintes oscuros, grises, rancios, arcaicos y por qué no... totalitarios.
En cualquier caso la Navidad tiene un....no sé qué, que la hace desmarcarse de todos esos estereotipos y ser ella misma, diferenciándose del resto. A lo mejor es que sí es verdad que ese día nació Jesús, o es verdad que Santa Claus elabora él mismo los juguetes que reparte al día siguiente, o que los reyes no sean los padres.... !no¡, en mi caso seguro que no. O a lo mejor es que Dickens fue un genio y no plasmó una novela, sino que retrató una realidad solo al alcance de unos pocos soñadores, un grupo de ingenuos locos, un puñado de ilusos atrapados en este mundo de realidades de mierda.
...Tal vez sea eso o que hoy está nevando. Y cuando me asomo por la ventana para contemplar los copos y esperar que formen una capa digna, solo en ese momento.... creo en la Navidad.
Pero detrás está el Hipercor, y me revuelve el estómago. La nieve sigue cayendo, sigue cubriendo los árboles y parte de su imagen. Pero las luces de neón se abren paso a través de ellas y siguen proyectando ese odio. Y la Navidad, que es mucho más fuerte, se resiste y sigue trayendo más y más nieve hasta casi ocultar al completo ese diabólico cartel.
Es solo un instante. Durará solo unas horas, lo sé.
Después volverá a reaparecer él, y me inundará de fobia nuevamente, y comenzará el rencor a crecer, y el desprecio y la rabia serán de nuevo mis compañeros de viaje......
y aun así.... todavía creeré en la Navidad.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Echachuchis por Europa
La Chuchis, como si de Téo en una de sus aventuras se tratase, decidió recorrer a su manera parte de Europa. Lo hizo a pata, claro, no lo iba a hacer a pierna jeje. Estas son sus fotos del viaje.
Londres, París, Bruselas, Grecia, Madrid.... y todo sin pasar de Torrejón, así es nuestra Chuchis.
lunes, 9 de diciembre de 2013
100
Despedir el año, o casi. Decir adiós al cruel 2013. Romper la última hoja del calendario, desglosar los días de diciembre. Saltar del negro al negro, ignorando al rojo, si lo hubiera. Anhelar un venidero próximo año que dé carpetazo a la estafa de la crisis, al mayor timo de nuestro tiempo. Deseando que los macro-gráficos superen la altura esperada.
Por eso en esta entrada, la 100, quiero hacer un collage de todas las mierdas que he plasmado en este blog. Un decálogo de propósitos formulados durante las anteriores 99 entradas.
Allí hubo de todo: críticas, halagos, recuerdos, poesía, sentimiento, literatura, deporte, política, amistad, mensaje, ocio, viajes, mascotas y... foto, mucha foto.
Si tuviera que quedarme con algo, sería con la ansiedad que escribía al principio, el odio en los textos; la diversidad de temas que, entendía, eran totalmente criticables. Comportamiento social que no sabía muy bien por qué se manifestaba de esa manera. Como dije en la cabecera del blog: hordas de borregos apiñados en la misma vía pecuaria, con la visión puesta en el mismo sitio, en el mismo objetivo, ese que se disuelve con el simple hecho de pulsar el off del TV.
El giro que intenté dar al blog: libros, fotos, relatos de contenido emocional que hizo al corazón latir con ganas, con empuje, que abandonase esa desgana con la que en ocasiones golpea.
Pero lo que más me llena son... mis fotos. Mis pequeños recuerdos. Esos que creo mediante byts digitales y edito de manera laboriosa para darle un nuevo sentido, otra textura que me haga forzar mi memoria para redescubrir la original. Los ratos que pasé cámara en mano intentando llevar a cabo esos conocimientos aprendidos on-line.
Me quedo con eso y mucho más: Con la dignidad con que afrontamos los malos momentos, con la humildad que tuvimos en los buenos. Por saber, a tiempo, dar un espacio suficiente entre los brazos y acoger de nuevo a los seres queridos, por hacer un hueco en el corazón a gente olvidada, por estirar los días y dar cabida a caras nuevas, por saber olvidar, por saber perdonar, por aparcar en doble fila el rencor.
Por no olvidar de dónde venimos.
Por seguir estando ahí.
Y, por supuesto, aun costándome mucho, cada día más, tener todavía esa capacidad de ponerme en el pellejo de los demás, tener ese trocito de empatía que alberga mi moral, ese espejo dimensional que te hace ver las cosas desde el punto de vista del otro, ese desconocido, o no, que ni tan siquiera intenta la misma tarea contigo, porque no sabe realmente quien eres ni le importas en absoluto; pues, para esos, también va este regalo, esta entrada con peso, contundente, con sabor a merengue, con llama de esperanza, grande, como solo lo podía ser el numero 100
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