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miércoles, 1 de enero de 2020

1000. Una colección imposible




     La bella señora Seidenman era la amante de un mando militar alemán, nazi, probablemente. Era el año 1988 cuando me inmiscuí en esa pesquisas intentando, de paso, meterme en el mundo de la lectura en el cual mi madre parecía estar de lleno. Qué fue de la apuesta Seidnman…? no lo recuerdo, ni tan siquiera sí llegué a terminar el libro. Lo que sí recuerdo es que lo adquirí conjuntamente con otro, como parte de una promoción del conocido Círculo de Lectores. El otro título en cuestión era: El quinto evangelio, trataba del descubrimiento de un evangelio apócrifo de Barrabás. 
     Ese enigma y esa curiosidad fue el pistoletazo de salida para mitigar mis inquietudes y mis muchísimas preguntas debido a mi escasa formación académica y de cultura general... en general. 
     De esa intriga religiosa, que me llevó a repasar textos bíblicos y hojear ensayos sobre el tema, así como libros sobre la vida de Jesús, pasé, como si tal cosa, al mundo, totalmente desconocido e imposible de entender para alguien tan... limitado culturalmente, de la ciencia, y más en concreto de la ciencia subatómica: la teoría cuántica, la relatividad especial, viajes en el tiempo, comprensión y comportamiento del universo, agujeros negros, teoría de cuerdas, de gusanos, universos paralelos, el espacio y el tiempo, otras dimensiones, los sueños, la mente... hasta que hice ploff!!! y lo dejé.
      Decenas de libros tuve que comprar hasta convencerme de que ni lo entendía ni le podía encontrar sentido, por lo que pasé a la filosofía, la rama que sirve de enlace entre la religión y la ciencia, donde una no llega o parece perderse, es donde empieza a cobrar sentido la otra, que por su parte da una explicación un tanto... increíble, solo razonada con las herramientas que nos da la filosofía. 
     
     Hasta la aparición de la señora Seidenman, solo me había leído tres libros: La historia interminable (versión dos colores), Jugar con fuego (sin acabar) y La potencia de uno (pasó luego a película). 
     En esa época, como digo, intercalé conjuntamente libros de terror, judiciales y sobre todos thrillers, los deshojaba compulsivamente, con obsesión; había descubierto un nuevo mundo, un mundo paralelo, irreal y virtual, que hacía mi día a día más llevadero. 
     Por aquel entonces cayó en mis manos el Best Seller Codigo Da Vinci. Reacio a leer los mandados comerciales y ser parte de ese rebaño pastoril, tardé en picar el anzuelo, y no fue por intentar descubrir los misterios apócrifos que sobre Jesús se escribía, sino por la parte que de los templarios se relataba en sus páginas. Estos, junto con el Priorato de Sion, fueron los dos asuntos en los que estuve entretenido e indagando un tiempo también. 
     Como si de un bucle se tratase volví a caer en la religión, y de ahí... a la ciencia nuevamente. Fue entonces cuando empecé a escribir con el fin de organizar mis planteamientos e ideas y, por qué no, plasmar mi punto de vista de todo aquello que había leído. Y ahí fue donde me di cuenta que escribir me gustaba, pero que, otra vez, mi escasa formación académica me pasaba factura y no era consciente de los enormes y garrafales fallos que tenía al intentar traducir mis reflexiones a blanco y negro, por lo que decidí empezar a leer algo con más sentido y calidad literaria. Era, entendía, la única manera de llegar a escribir medianamente bien. 
     Los Stephen King, los Grisham, los JJ Benitez, los Dan Brown, los Tolkien, Asimov, Punset, Connelly, Crichton, fueron sustituidos por: Saramago, Coelho, Márquez, Mendoza, Eslava, Sampedro, Follet, Forsyth, Gordon, Ruiz Zafón, Julia Navarro, Allende, Delibes, Vidal, Clara Sánchez, Jurado, Víctor del Árbol, Carla Montero, o mi último gran descubrimiento; Juan José Millás.
     Con su lectura y prestando algo más de atención, conseguí que mis relatos adquirieran ese... trazo de calidad para que pudiesen ser interesantes, o por lo menos dignos de una primera lectura.

     Pero siguiendo con el resumen de lector, y no de escritor, me viene a la memoria una conversación con unos familiares que me preguntaron que cuántos libros tenía, les dije que, por aquel entonces, setecientos y pico; creyeron que era una exageración, imagino que pudiera ser que lo pensasen, ya que para alguien que no está por la labor de perder el tiempo entre páginas escritas por alguien que ha querido escribir ahí, lo que le ha dado la gana, (sic) pudiera ser, y razón no les faltaba.  
     De aquello, al ritmo que más o menos compraba libros, haría unos 12 o 13 años, creo. Ahora, y es la razón por la que escribo este post el primer día del año, he llegado, el día 27 de diciembre del 2019, a la mágica cifra de 1000 libros. Creo que es todo un logro, y máxime en los tiempos de pantallas digitales que corren. 
     El libro elegido de apuntarse ese honor ha sido el último del escritor revelación (para mi, claro) del año que dejamos: Juan José Millás; el título es: Una vocación Imposible ( de ahí el guiño en el título de este post). Será el primero que acabe en el año que acabamos de empezar. 
     Y el elegido para comenzar el nuevo milenio bibliográfico, y que sería el nº 1001, es el del Gran Wyoming, (si el amigo invisible hace sus deberes, claro) si no, seguramente me lo acabe comprando yo igualmente.  

     Esta afición a leer, aunque creo que tardía, se la debo en parte a mi madre, a la que recuerdo enganchada a las novelas románticas que releía cuando las tareas caseras la dejaban. Y que abandonó por la llegada de las novelas a la TV, y ahí sigue, pasando canales y canales de TV con voracidad salvaje, olvidando aquellos románticos días en que las hojas, la imaginación y la experiencia dibujaban en su mente esos dramones sentimentales, líos amorosos y familias rotas, que los libros de antaño describían minuciosamente. 
     Mi madre era socia de C. de Lectores desde que vivíamos en Coslada, allá por el año 1980, siguió en Canillejas donde se borró, para más tarde volverse a apuntar, y donde después, acuciados por la crisis, se borró definitivamente por el año 1999. La mantuvieron abierta la ficha por si quería volver, a mí me dio pena, aunque por aquel entonces, como he dicho antes, tan solo había leído tres libros, la pena se debía por ver como tu madre tenía que renunciar a algo por motivos económicos, y ver que por los mismos motivos, el comercial intentaba, mes a mes, reapuntarla nuevamente. Al final desistió, su ficha desapareció definitivamente y con ella esos más de 20 años de afiliación al círculo más lector del país. 
     El destino es caprichoso, y poco después de aquello Marta me dice que se ha apuntado al Círculo de Lectores, creo que inmediatamente después de la baja de mi madre. También se trajo su afiliación a su nuevo domicilio conyugal, que es donde yo empecé a hacer mis pedidos. Y ha sido hasta octubre de este año que, por causas ajenas Círculo dejó de existir, he pertenecido fiel al mismo casi desde el año de su fundación. Por eso, desde aquí, en este día de celebración de los 1000 libros, quiero hacer mención a esa casa que tantas alegrías me dio. Y de paso recordar el último libro que allí compré, que curiosamente fue unos de los mejores del año y un auténtico placer leer: La Apariencia de las Cosas. 

     Para ir cerrando el post, que de nuevo se me está alargando, haré una mención a la nueva faceta intelectual por la que me dio este año acabado: la de el conocimiento de la política desde dentro; el estado, la democracia, la guerra civil, el franquismo, la extrema derecha, la perdida izquierda, el capitalismo, el neoliberalismo, la transición, el anhelado periodo constituyente, lucha de clases; el entender por qué los de abajo apoyan a los de arriba y no al revés, y sobre todo entender que, si la vida (política) es cíclica, por qué cada vez que nos toca disfrutar un poco a los más desfavorecidos, el sistema, como si de un error se tratase, se salta esa parte para volver a la siguiente. No sé, tal vez no he logrado entender del todo la política, o tal vez tenga que recurrir a la religión de nuevo, y luego a la ciencia, para acabar seguramente con la filosofía, con la esperanza pesimista de que me dé las respuestas nuevamente, porque seguro que estas llegan con matices y símbolos  jeroglíficos que sea incapaz de descifrar, a no ser claro... que coja un libro, lo abra y vuelva a imaginar, a soñar, a creer que lo entiendo o que por lo menos... lo intento.

                    Feliz 2020 y feliz 1000 libroaniversario  
     
     

domingo, 13 de octubre de 2019

E.G.B.




   
     Me crie bajo el manto educacional de la E.G.B., esto tuvo, imagino, sus pros y su contras, desconozco ambos. 
     Me eduqué en la disciplina que unos profesores, a los cuales llamábamos Don y Señorita, nos impartían de manera concienzuda, con rasgos autoritarios y en ocasiones... duros. 
     Yo en concreto, lo hice bajo la sombra del Gayo y Gallina. Montse, que así era como se llamaba la Srta. que me impartía clases de lengua, nos explicaba como nadie las reglas y normas gramaticales. Ponía desde luego todo su empeño: chocaba la lengua con el paladar para que entendiéramos y viéramos la diferencia entre LL de Gallina e Y de Gayo, que observáramos su distinto sonido, hacía lo propio con la LL, pero esta vez chocaba la lengua contra los dientes delanteros. - Veis? decía, - Notáis la diferencia?

     Nunca me detuve en pensar si esto era correcto o no, dudaba, por mucho que ella se esforzaba, en comprender por qué iban a sonar distintas, siendo fonológicamente iguales, pero era mi profesora y sus lecciones jamás se cuestionaban. Bastante tenía yo con buscar 200 pesetas para bajar desaforado al Jupy, a alquilar la que creía que era la última de Bruce Lee; que decepción, y no fue la única, el saber años después que el Maestro solo tenía cinco films en su haber. Mi otra preocupación era el pensar a quién me iba a encontrar en el metro cuando subiese a la tienda de mi padre, si cogería el primer vagón, el malo; el último, el bueno; o los concurridos del medio.
     Allí, a la tienda, acudía los viernes tarde y sábados mañana. Mi labor era poco más que observar, cobrar y algún sencillo recado.
     Entre jamones, embutidos, legumbres y botes de tomate, pasé la mayor parte de la infancia. Ordenaba los botes Rombo D´Oro, latas Apis, Cuca, el Ancla, botes de cacao Vit, pastillas Avecrem y Gallina Blanca.
Y fue uno de esos días cuando colocando uno de los paquete de sobres de fideos de Gallina Blanca me acordé de la regla gramatical de la Srta. Montse, sonreí, para después, cuando tuve uno de sopa de Gallo con fideos en la mano, me la eché a la cabeza, y como si hubiese descubierto un tesoro me giré hacia mi padre y le dije: "¡¡Hala¡¡, vaya errata estos de Gallina Blanca, Gallo es con Y, o sea, Gayo", dije poniendo morritos mientras intentaba chocar la lengua contra el paladar poniendo, imagino, cara de imbécil. Mi padre ni me escuchó, creo, diría, anda, sigue colocando y déjate de tontunas.
     Pensé que no podía ser, claro, que no podía estar mal, pero tampoco que durante años y con ímpetu exagerado, mi profesora nos enseñara lengua con esos errores garrafales. No sabía que pensar, tenía que consultar a alguien. Creo recordar que se lo pregunté a mi hermana, a algún compañero del mercado e incluso puede que lo consultase luego en el diccionario (en aquel entonces no existía la recurrente Web), y efectivamente... los de Gallina Blanca tenían razón, y por consiguiente mi profesora, la Srta. Montse, nos había mal educado durante la década de los 80.
     Que esta lección la tuviese que aprender en la tienda y no en las clases, no deja de ser una anécdota clarificadora de lo que en ese tiempo viví, y no es si no, más que otra curiosa metáfora de lo que por aquel entonces te decían algunos padres, incluido los míos: "Allí aprende a sumar y restar, que la vida real esta fuera de las aulas". 
     A lo mejor fue por eso que yo no tenía ganas de estudiar, porque ya veía que era fuera donde más aprendería, en lo que llamaban... la escuela de la calle.
   
   


miércoles, 9 de octubre de 2019

Cuerpo sin Vida





     "Hallan el cuerpo sin vida del joven desaparecido el pasado jueves en la playa del levante" 
     Esto es un claro ejemplo de Pleonasmo, y obviamente, hay que evitarlo. Solo se podría hacer una concesión, como figura retórica, en escritos de tintes poéticos y novelescos, en los demás suena absurdo, feo y, como su propia descripción indica, innecesario. 
    
     Me explico:
    Si lo hubiesen encontrado con vida, ¿seguiría siendo un cuerpo, o pasaría a ser simplemente una persona hallada?
      Un cuerpo nunca puede tener esas dos posibilidades, puesto que un cuerpo es algo inanimado, y si se refiere al de una persona, el llamarle cuerpo estando viva, sería despectivo:
"Eres un tonto en un cuerpo bonito", "Esa chica tiene un cuerpazo". Vemos en ambos casos cómo destacamos, separando premeditadamente, el cuerpo del ser (persona). Por lo tanto: "Hallan el cuerpo con vida del joven...…"  Sería absurdo, ¿verdad? Pues poner el calificativo de muerto a un cuerpo hallado lo es también. Si está sin vida (el cuerpo) es un cadáver, ergo si está con vida es una persona y no un cuerpo. Aunque en su día, existencialmente o religiosamente fuese o siga siendo una persona, de la misma manera que aun vivo también posea cuerpo, pero esto es otra historia.

     De manera que lo correcto sería, para los fallecidos:

   1) "Hallan el cuerpo del joven desaparecido"
   2) "Hallan el cadáver del joven desaparecido"

    Y para los encontrados con vida:

   1) "Hallan con vida al joven desaparecido"
   2) "Hallan todavía vivo, al joven desaparecido"

     Solo, en el hipotético caso de que se desconociese su estado, por el lugar inaccesible en el que estuviese, se podría utilizar muerto o sin vida y de manera hipotética:
   - "Unos excursionistas se encuentran entre unas rocas enterrado, lo que podría ser un cuerpo sin vida", porque no se sabe ni si es con toda seguridad un cuerpo, ni si está vivo o no, aunque tal vez, en este caso tampoco quedaría mal el decir: Una persona sin vida, prevaleciendo el valor de persona al de cuerpo, aun teniendo ambos la probabilidad de estar sin vida.
     Es decir, ante la imposibilidad de saber qué es, quién y cómo está, se informa de todas sus posibilidades: podría ser un cuerpo o podría ser una persona, dependiendo si esta estuviese viva o muerta, (que hasta el momento no se sabe, y que con buen tino, el periodista describe de Cuerpo para no alarmar sin pruebas sobre la posibilidad de que fuese una persona). Como la precisión de los excursionistas no es correcta ni técnica, el periodista señala la más que probable opción de cuerpo y sin vida porque:
   1- Los excursionistas no pueden confirmar que sea o no, sino que parece un cuerpo. 
   2- Por el estado, zona, lugar y posición se podría deducir que está sin vida, pero no es seguro, por lo tanto el periodista ahí sí puede utilizar un cuerpo sin vida, dando a entrever que todavía no hay más datos que puedan determinar si es una persona que obviamente estaría viva o simplemente un cuerpo que, hemos dejado ya claro, estaría como indica implícitamente la palabra... Sin Vida

jueves, 3 de octubre de 2019

Otra Oportunidad




     Definitivamente esta, mi generación y las siguientes a partir del 70, son sin duda las generaciones más consentidas. Una generación que nunca tuvo que luchar por conseguir algún derecho primordial o vital, jamás tuvo que vérselas con algún régimen dictatorial, represión abusiva; que creció con la hambruna de posguerra ya solventada, con los mimbres democráticos y los conflictos que esto tuvo ya establecidos. Que creció al amparo de una industrialización que dio puestos de trabajo a todos. Y sobre todo, con una sobreprotección paternal que convirtió a éstos en gente sin temor al fracaso, al rechazo, al conflicto social, a la pugna política; y siempre, de manera mágica, se encontraban con otra opción, otra vía, otra... segunda oportunidad.

     El hecho más claro de esto lo vivimos el 23F. Aquel día mi generación pudo convertirse en una más, como sus antecesoras, pero no, no fue así; se solventó de manera rápida, sospechosa y nada traumática, lo que nos hizo sentir a partir de ese momento que "dios aprieta pero no ahoga". Y fue desde ese momento en que entendimos que siempre tendríamos alguna otra oportunidad cuando los avatares de la vida nos acecharan, que nada es tan importante, tan serio, que todo ocurre fuera, en otro lugar, no a nosotros, nosotros siempre tenemos al lado a alguien que nos protege, algo que nos ofrece otra salida o ese halo misterioso y mágico que sin saber cómo ni dónde, nos ofrece esa deseada segunda oportunidad. 

     Tal vez sea por eso que somos la generación menos comprometida con temas comunes, sobre todo con temas realmente catastróficos, pensamos que seguramente no sea para tanto, que ya habrá "alguien" en el último momento que tenga la solución que a nosotros no nos afecte ni reste para nada. Así ha sido siempre y así lo hemos visto en las películas con las que crecimos. 
     De hecho, las crisis graves del 29 e incluso la del 70 no nos afectó, crecimos con ellas ya pasadas, y la del 2008 solo afectó a los más desfavorecidos y a los que tuvieron excesos en un pasado, de manera que aun eso, lo vemos con escepticismo. 
     Solo el terrorismo de ETA nos podía acongojar algo, pero sabíamos que solo ocurría "allí" y a los políticos y militares. En cierto modo actuábamos como la cita crítica de Martin Niemöller, "primero vinieron...". teníamos la sensación de que eso, a nosotros, no! 

     Como decía antes, en culpa fue por el comprensible miedo de los padres a que nosotros viviéramos algo parecido a lo de ellos. Un excesivo temor que creó una burbuja irreal a nuestro alrededor desarrollándonos a espalda de la realidad, y ellos, sobrexponiéndose y esforzándose en conseguir sacarnos de ese umbral económico-social donde nuestro nivel confortable se viese afectado. Luchando por la zanahoria que en algunos casos cada vez parecía más lejana, un utópico sueño que por primera vez parecía posible, el éxito de ser por fin personas dignas, dejar de ser obreros agradecidos, endeudados moralmente, esclavos de un pasado que hacía difícil romper las cadenas en un futuro, en definitiva, ser esa "clase media" que se oía por la radio y que en Europa afloraba al son de la Marsellesa.

     Un esfuerzo tan arduo, tan sacrificado y en ocasiones tan humillante que no se contó bien a los hijos para que no penaran, era preferible que pensaran que "eso" llegó por que sí, por la propia evolución del hombre: Que ese pisito de 40 metros era normal, que todos lo tenían, que era porque aquí era así, se vivía muy bien, que la TV en color también era normal, que el apartamento en la playa se consiguió sin esfuerzo, que el primer coche era porque papá tenia trabajo y que con solo eso se podía conseguir todo. 
     Se ocultaba el esfuerzo porque estaba relacionado con un pasado poco ético que todavía nos pisaba los talones. 
     No, no se nos contó todo y ahora estamos como estamos, pensando que nos merecemos todo y que tarde o temprano nos tocará ese trozo de pastel. Hasta en las enfermedades tuvimos suerte, cuando una golpeaba fuerte, un montón de vacunas estaban ahí esperando para hacerla frente. El caso era que nosotros nunca o casi nunca sufriéramos en exceso.

     Que nuestros padres jamás nos contaran cómo lo pasaron y a qué tuvieron que renunciar para conseguir todo aquello que entendían que nos haría falta, y no nos concienciaran del tremendo esfuerzo que cualquier avance social o material conlleva, hace que hoy, nosotros, caminemos por esos logros como animales salvajes por un huerto, pisando todos y cada uno de esos frutos que previamente se tuvieron que cultivar, plantar, regar y mimar para su posterior recolecta y disfrute, pero que nosotros, al desconocer ese pasado de creación, desarrollo y sacrificio pensamos que sale de la tierra sin más, porque sí, para dárnosla a nosotros porque somos dignos de ello, porque a nosotros nunca nos faltó y por tanto no nos faltará nada, nada nos fue adverso, y si alguna vez algo lo fue, de manera celestial, alguien, sin saber por qué, de dónde ni cómo, (ni nos importa), nos dará, seguro... otra segunda oportunidad.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Patriarcado Madridista; Sesgo Machista.





     El machismo vive definitivamente con nosotros. Tan a gusto, confortable y discreto que no lo apreciamos. Gestos diarios que cualquiera diría que no son dignos de mención, crítica o señalables. Que no hacen daño, a priori, claro; pero crean un ambiente socio-cultural que poco a poco va enviciando el lenguaje y con ello su significado. Actos costumbristas que se adhieren a nosotros formando una capa de modales que creemos correctos, formales y... caballerosos, con tintes paternalistas, proteccionales y a la postre Patriarcales. 

     La mayoría de estos gestos o actos se hacen por un cierto sentido erróneo de sensibilidad y falsa debilidad hacia la mujer, creyendo que ésta necesita de nuestro amparo y protección; constatando, reafirmando y confirmando socialmente que, efectivamente, la mujer es inferior y nos necesita. 
     
     Ejemplos de estos hay cien mil y los vivimos cada día y que no voy a reproducir por aburrimiento. Pero son del tipo: " Voy a ser muy atento con ellas y ofrecerles mi atención, fuerza, saber y posición, para facilitarles el día a día". A cambio y de manera gratuita, les regalaré los oídos con halagos sobre sus cualidades que, obviamente, son solo físicas, y que ellas de manera sumisa, como no podría ser de otra manera, aceptarán incondicionalmente. 
  
     Se hace sin maldad, porque se desconoce el daño futuro del acto en si. Creemos que no hay nada reprobable porque, qué mal puede haber en ayudar o piropear a una mujer, ignorando que poco a poco la vamos infravalorando socialmente y cosificando sexualmente.

     Pues en el futbol pasa algo así. El Madridismo sería el machista con sesgos patriarcales que infravalora al rival: le halaga de manera paternalista cuando cree que ha conseguido algo que no estaba a su altura, cuando aplaude al enemigo por un gesto que a él ya le sobra o nada le dice, que le felicita por ese nimio premio que ha conseguido y del que ellos tienen exceso en sus vitrinas. La mirada entrañable, sentimental cuando consiguen un reto que les parece insignificante para sus pretensiones. En definitiva, congratular al rival siempre y cuando sea por algo que a ellos no les quite nada de protagonismo y sea de valor inferior a sus ya dilatados triunfos.

     La última prueba de esto, y que me ha hecho escribir la presente columna de opinión, es la afirmación de un periodista ante la exultante alegría del Cholo al ver como su equipo remontaba un partido casi perdido. 
     Si bien es cierto que el Cholo no ayudó mucho con sus anteriores declaraciones, afirmando que el Atleti es el equipo del pueblo. Los que conocemos al Cholo y somos del Atleti, sabemos que lo hizo con... ironia, recochineo y rintintin, a sabiendas que estamos mejor que los rivales más directos. Pero para este periodista, el sarcasmo le pasó inadvertido y no supo apreciarlo, y fue después de esa épica victoria y su inmediata celebración cuando, sin saberlo, porque el madridismo-machista es así, y creyendo con su opinión que iba a resultar entrañable o afable, dijo: "Que grande el Cholo, celebrando el gol como si hubiese ganado la Champions".
     Ojo, que nadie caiga en paternalismos o en vagas apreciaciones de que no lo dijo a malas, el "retratado" no da puntada sin hilo, porque podía haber dicho La Liga, ya que era un partido de liga, pero no, a él le traiciona el subconsciente y la maldad salío a flote, y con ella el sesgo patriarcal intrínseco en todo madridista, y de manera implícita mandó a su rival, el Cholo, el recado de: "Celebra, celebra, que esa va a ser la única Champions que vas a ganar".

     Como vemos, el machismo y el madridismo no se pueden ocultar, se desenmascara a las primeras de cambio, sin saberlo, sin conciencia de maldad, porque ambos han vivido a sus anchas toda la vida y por lo tanto no entienden de este... novedoso movimiento que les señala y ataca. Una nueva corriente, no ya de un sentir feminista, sino de una nueva generación de jóvenes que no van a comulgar con tanto proteccionismo viciado y condicionado que lastra el crecimiento de la mujer. 

     Tal vez no fue una celebración tan exagerada, tal vez fue una consecuencia de la tensión del partido, de las ganas acumuladas, del exceso de ilusión de la grada, de los sueños por cumplir, de la escasa decepción a la que estamos acostumbrados por la comedida expectación histórica. A lo mejor solo fue eso, tal vez, cosas todas ellas que el madridismo echa en falta desde hace mucho, o simplemente fue que ganando ese partido nos poníamos lideres mirando desde muy, muy alto...
al eterno y machista rival.

     Y no, el Cholo no ha celebrado ni probablemente celebrará jamás una Champions, pero esta liga la tiene un poco más cerca que el patriarcado futbolero, el madridismo que sueña, añora, desea y envidia un poquito, aunque tan solo sean sesgos, esa desmesurada pasión que el Cholo inyecta al Atleti y a su afición.