Ya están aquí, las redes sociales, sabía que tarde o temprano iban a caer por la criba de mi blog. El que más o el que menos las ha utilizado alguna vez, ya sea para ligar, por curiosidad, por intercambio de algo, por afinidad de practicas, o por estar in, y usar algo cool, hasta llegar a pasarse, claro, y al final llegar a ser muy snob, como ocurre con Facebook.
Si quieres tener un poco de vida social, que esta sea digna, y que sea medianamente valorada por los de tu alrededor, tienes que tener varias cosas: un iphone (pero por favoooor, que sea el 4 o superior, te importaaaa), y facebook, al que acceder desde el iphone, (no serás uno de esos carcas que espera llegar a casa y chatear, ¿no?, eso no está in, lo que rompe y es actual es chatear in-situ, desde cualquier sitio, ¡¡por favoooorrr!!).
Pero, ¿qué es facebook?, sí, ya se lo que en teoría es, pero digo realmente. Y sobre todo, ¿para qué sirve?. Quien sea seguidor de este blog, sabrá mi animadversión a determinados personajes con sus determinadas costumbres y defectos. Y sabrán también que una de las razones por las que odio a la mayoría de estos individuos es por su constante preocupación por aparentar y el sobrevalorarse.
Desde que aparecieron las famosas redes, todos, o casi, fueron entrando poco a poco en las mismas, evitando con esto el contacto físico, el tú a tú, el cara a cara, el quedar. Las redes psico-sociales, nos facilitaban esta tarea y nos evitaban muchas citas innecesarias, algunas eludibles, y muchos viajes en balde; ahora simplemente encendemos el móbil, (siiii, ya sé que es con V, pero ese que tú dices es spanish, por favooorr, que horrorr,), y ya estamos al habla con cualquiera de los que tengamos que dejar el recadito de turno. Pero ocurre una cosa con este tipo de comunicación, NO ES VISUAL, y por lo tanto pueden ocurrir dos cosas: una buena; que podemos estar en otro sitio, decir todo lo contrario y ¡fuera!, o estar en una actitud que nada tenga que ver con la que realmente queramos hacer llegar al iluso del otro lado de la web, pero hay una mala; que tampoco nos vale cuando sí nos interese hacerles ver que realmente estamos en una actitud o lugar que queremos que sepan, que conozcan, -¡¡joder!!, que sufran coñooo-, y sin embargo no pueden.
Ya se que la mayoría de los frikis, que usan fbk, han visto la película, -¡¡¡buenisima!!! ¿verdad?- ¡venga coño!, tan buena como: "Yo quiero ser como Beckham". En el oscarizado film, deja claro cual era la pionera intención; ser una especie de álbum de fotos para acceder más rápidamente a un fichero determinado. Bueno, pues pasémonos la idea ésta por los cojones, al igual que los putos ficheros y... utilicemos esta tecnología (digo tecnología, porque si a Steve Joobs, por lo que veo le van a hacer un monumento y le comparan con el Einstein del siglo, entonces un puñado de números binarios es tecnología), para completar lo que antes hacíamos y ahora no podemos, esto es, dar un bofetón de arrogancia a nuestros amigos via on-line.
Que voy al cine, se lo digo, y como prueba, fotito en la Gran Vía; que salgo a comer, se lo cuento, y como prueba, fotito del restaurante; que el restaurante es una puta mierda porque soy un puto muerto de hambre y solo tengo para ir al Fosters… fotito de plano corto de mesa con comida; que aún así, porque ocurre, sigo siendo un puto mierda que solo como hamburguesas....fotito del postre, sonrisa feliz y gesto bromista como argumento a pie de foto que lo pasamos supermegastrong; que me compro un pantalón, fotito en el probador del primark (ojo a los no iniciados en este tipo de engaños, a la que se hace la foto en el espejo, cuidado que en el reflejo no aparezca ningún lógo de primark, esta tienda no es del todo fashion, y estar siempre atentos a llevar el iphone encima para este tipo de situaciones, el iphone 3 solo tiene 4 mpx, ¡¡¡por dios!!!, veis lo que dije al principio); que salgo de copas, fotito con la copa en la mano, (ojo, echarla al principio cuando la copa esté entera, no piensen que mareamos la bebida); que hacemos reformas en casa o ponemos algún tipo de novedad, ATENCIÓN, aquí en este caso se abre un apartado especial, se etiqueta, y por su puesto, se sube al muro, y quieran o no, las envías incluso solicitando amigos nuevos, y para dejar claro qué es cada cosa, la narramos a pie de foto constatando en cada una el por qué de ella; ejemplo: "Hola, chicosss, esta es mi nueva cafetera ¿-?, ¡jo!, ya estaba harto de la vieja y sus cafés mediocres, que no había manera de hacerme capuccinos, como los de la Toscana, ¡¡uyy!! la tos-ca-na, que viaje, ya subiré las fotos; y decidimos comprar esta estupenda Nespresso Hot 2000, que estaba tirada de precio, ya ves, unos insignificantes 590€ de náh, y es que yo, para los cafés soy muy muy exigente".
Este texto, a pie de foto con cafetera recién desembalada, fingiendo beber un café y la sonrisa de antes. (ojo, no olvidar esconder la bolsa donde venía la cafetera, porque seguro que era del carrefour o similar y ya sebeis, no es chic).
Si lo que queremos que vean es nuestra capacidad de relacionarnos, pues nada, fotito con el seudofamoso de turno: "Mirad, aquí estoy con la hermana de Bea la legionaria, cuando fuimos al garito este de moda que frecuento a menudo", adjunto, foto.(Observar que el personaje famoso de turno siempre está ausente y mirando su movil o iphone; que seguro, también, está mandando un Whatsapp con el comentario siguiente: "llegaré tarde, me ha pillado un gilipollas y estamos de fotitos, un bss").
Que estamos que lo tiramos y compramos coche, moto o... bici, más de lo mismo, fotito montando cualquiera de estos transportes, cara de ¡¡jo!! que guay soy, y comentario tipo: "Aquí yo, con mi nuevo pepino-carro-maquina o sporttraining", según haya sido la compra.
Pero lo que más gusta en Facebook, lo que más les pone, lo que más les humedece son......¡Las fotos de viajes!, ahiiiiiiií, siiiiiií, eso es lo que queremos que vean: Dónde voy, cómo, cuándo, cuánto, €UANTO, y el qué; y claro, nosotros que somos muy socialmente correctos y comprometidos con las redes se lo contamos sin animo alguno de recochineo, sin arrogancia alguna, solo, porque..... "son mis amigos".
En este farragoso y amplio apartado, en el que se abarcan la mayoría de fotos, se clasifican y dividen por: Años, tipos de salida, zonas, objetivos y por último, clasificación personal: Fotos del 2010 - Carlos y amigos - Centro Europa - Vacaciones S.Santa - ¡Impresionante! -. Se suele dejar un último comentario en las fotos finales, que te deje claro que esto no va a parar aquí, y meter un poquito más el dedo en tu orgullo, ahora ya, herido de envidia: "Espero os hayan gustado (mentiraaaaaaa, lo que quiero decir es, espero os haya jodido, como yo esperaba, putos tercermundistas), a nosotros también, se ve, ¿no?, ya subiremos las del próximo viaje, a Varadero beach, ¡jo! me muero de ganas, ya estamos mirando vuelos y....bikinis, jiijiji". (jijijiji---lipollas).
Bueno, voy a ir cerrando, que tengo que mirar un manual de una pedazo cámara que he comprado, ya ves, los pobres intelectuales, de los blogs, también tenemos algún capricho, y mira, también vale para restregároslo
Ahí os dejo, con vuestros quehaceres: Eligiendo fotos, pensando frases, bajando aplicaciones para el ip, y sobre todo, cotilleando en las grandezas de los demás, por lo menos las que ellos hayan querido mostrar, mientras os retorcéis sabiendo que no es posible, que "los otros",(no la peli de Amenabar), son igual de vanidosos que nosotros, y por eso abrimos la ventana, nos asomamos y lo demostramos virtualmente, on line, entre byts, gigas y elementos emergentes, ¡vamos!, como se tienen que hacer las cosas, como Jobs manda.
"Te lo juro por la manzana de apple"
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miércoles, 19 de octubre de 2011
lunes, 17 de octubre de 2011
El mejor amigo del hombre
Son dos bebederos de agua, simplemente. Eso sí, son de acero inoxidable para evitar la corrosión y el deterioro del usado plástico. Tal vez haya influenciado demasiado la película de ayer, para que hoy, finalmente, me haya decidido a comprar un nuevo bebedero, y de esta manera probar si así se erradica levemente el aliento pestilente que tiene mi perro. Aparte y casualmente, le he vuelto a dar unas pastillas que fortalecían el riñón, no sea que éste se haya debilitado un poco.
Estas atenciones casuales e improvisadas, que sumadas a la retirada del collar viejo, lima de uñas, limpieza de trufa y cola, y cepillado de pelo; se deben en parte a un cargo de conciencia agravado, obviamente, por la mencionada película. No deja de ser un film más, si no fuera ésta una historia real y que casualmente se asemeja a la acontecida también en la ciudad de Edimburgo, ésta, la escocesa, con bastantes más años de antigüedad y más conocida por parte de la población Europea.
La de anoche, sucedió en Japón, en la ciudad de Odate (Akita). El perro en cuestión asistió día a día al encuentro de su dueño en la estación de tren de la localidad. Su dueño nunca volvería, éste había fallecido dos años después de recoger en la misma estación al abandonado perro, y Hachiko, que así es como se llamaba la mascota, acudía incansablemente y de manera endémica, todos y cada uno de los días desde que le recogieron allí, afortunadamente, siendo un cachorro, hasta que su último aliento de esperanza le dijo ¡basta!. Lo hacía a la misma hora y en el mismo sitio, contemplando impasible a todos y cada uno de los pasajeros que del tren bajaban, buscando de forma abrumadora y desesperante -un acto sentimental desconocido e incomprensible para el raciocinio humano-, el rostro de su dueño.
Lo buscó durante años. Acudió puntualmente a su cita, un encuentro que para él era la única razón de ser, el único sentido de su vida. Una reunión a la que cada día él asistía con la vana esperanza de demostrarle, una vez más, su incondicional fidelidad, su enorme respeto, su inagotable cariño, su inestimable compañía, su amor..... su infinito amor.
Cada vez que el silbido del tren pitaba, Hachi, estaba allí, no sin menos ilusión que el día anterior, sentado expectante a su tarea diaria, a su significado de vida. Cuando entendía que ya, por hoy, no iba a volver; abandonaba su lugar de encuentro y se refugiaba en la abandonadas vías del tren, y allí, en los bajos de algún obsoleto y abandonado vagón esperaba puntualmente la llegada de un nuevo día, de un nuevo rayo de esperanza para acudir una jornada más al punto de encuentro, a la búsqueda de su viejo amo.
Con el paso de los años. Hachi envejecía, pero lo hacía de manera decorosa, por fuera al menos; por dentro la vida de angustia y desesperación que había llevado en los últimos años le pasaron factura: El malcomer, el dormir en vela, el pasar noches enteras a la intemperie, hizo que el fiel amigo se fuera apagando poco a poco. Hachi lo sabía, sospechaba que sus días de búsqueda infructuosa llegaban a su fin.
Una noche el pitido de un tren lo despertó, sabía que era el último tren que él vería llegar, aún sabiendo que ese no era el tren de las 17:00 comprendió que era la última oportunidad de reencontrarse con su dueño.
Por eso Hachi, salió de su cobijo y se encaminó pausadamente, como sus viejas y denostadas patas le dejaban, hacia la estación. Caminaba cabizbajo, ojeroso, triste, desesperanzado y descorazonado, las patas que apenas ya se levantaban del suelo creaban surcos en la fría nieve nocturna, se sacudía los leves copos que tapaban sus ojitos, y sus peludas orejitas lo acompañaban en ese tierno gesto.
Llegó a la estación a tiempo, justo antes de que el primer tren del día llegase. Ocupó su sitio, aquel que tenía reservado durante los últimos diez años.
Era de madrugada, y bajo ese manto níveo, Hachi cerró los ojos y se "durmió", lo hizo para siempre. Pero esa noche soñó. Soñó lo que durante tanto tiempo había anhelado, creyó que de ese último tren bajaba su amo, y él, cansado de esperar un día más, subió al vagón aferrado a su dueño, para hacer juntos el último viaje, unidos, sin que nada ni nadie les separara jamas.
Estas atenciones casuales e improvisadas, que sumadas a la retirada del collar viejo, lima de uñas, limpieza de trufa y cola, y cepillado de pelo; se deben en parte a un cargo de conciencia agravado, obviamente, por la mencionada película. No deja de ser un film más, si no fuera ésta una historia real y que casualmente se asemeja a la acontecida también en la ciudad de Edimburgo, ésta, la escocesa, con bastantes más años de antigüedad y más conocida por parte de la población Europea.
La de anoche, sucedió en Japón, en la ciudad de Odate (Akita). El perro en cuestión asistió día a día al encuentro de su dueño en la estación de tren de la localidad. Su dueño nunca volvería, éste había fallecido dos años después de recoger en la misma estación al abandonado perro, y Hachiko, que así es como se llamaba la mascota, acudía incansablemente y de manera endémica, todos y cada uno de los días desde que le recogieron allí, afortunadamente, siendo un cachorro, hasta que su último aliento de esperanza le dijo ¡basta!. Lo hacía a la misma hora y en el mismo sitio, contemplando impasible a todos y cada uno de los pasajeros que del tren bajaban, buscando de forma abrumadora y desesperante -un acto sentimental desconocido e incomprensible para el raciocinio humano-, el rostro de su dueño.
Lo buscó durante años. Acudió puntualmente a su cita, un encuentro que para él era la única razón de ser, el único sentido de su vida. Una reunión a la que cada día él asistía con la vana esperanza de demostrarle, una vez más, su incondicional fidelidad, su enorme respeto, su inagotable cariño, su inestimable compañía, su amor..... su infinito amor.
Cada vez que el silbido del tren pitaba, Hachi, estaba allí, no sin menos ilusión que el día anterior, sentado expectante a su tarea diaria, a su significado de vida. Cuando entendía que ya, por hoy, no iba a volver; abandonaba su lugar de encuentro y se refugiaba en la abandonadas vías del tren, y allí, en los bajos de algún obsoleto y abandonado vagón esperaba puntualmente la llegada de un nuevo día, de un nuevo rayo de esperanza para acudir una jornada más al punto de encuentro, a la búsqueda de su viejo amo.
Con el paso de los años. Hachi envejecía, pero lo hacía de manera decorosa, por fuera al menos; por dentro la vida de angustia y desesperación que había llevado en los últimos años le pasaron factura: El malcomer, el dormir en vela, el pasar noches enteras a la intemperie, hizo que el fiel amigo se fuera apagando poco a poco. Hachi lo sabía, sospechaba que sus días de búsqueda infructuosa llegaban a su fin.
Una noche el pitido de un tren lo despertó, sabía que era el último tren que él vería llegar, aún sabiendo que ese no era el tren de las 17:00 comprendió que era la última oportunidad de reencontrarse con su dueño.
Por eso Hachi, salió de su cobijo y se encaminó pausadamente, como sus viejas y denostadas patas le dejaban, hacia la estación. Caminaba cabizbajo, ojeroso, triste, desesperanzado y descorazonado, las patas que apenas ya se levantaban del suelo creaban surcos en la fría nieve nocturna, se sacudía los leves copos que tapaban sus ojitos, y sus peludas orejitas lo acompañaban en ese tierno gesto.
Llegó a la estación a tiempo, justo antes de que el primer tren del día llegase. Ocupó su sitio, aquel que tenía reservado durante los últimos diez años.
Era de madrugada, y bajo ese manto níveo, Hachi cerró los ojos y se "durmió", lo hizo para siempre. Pero esa noche soñó. Soñó lo que durante tanto tiempo había anhelado, creyó que de ese último tren bajaba su amo, y él, cansado de esperar un día más, subió al vagón aferrado a su dueño, para hacer juntos el último viaje, unidos, sin que nada ni nadie les separara jamas.
martes, 27 de septiembre de 2011
Más, todavía, más.
Estamos a finales de septiembre. No he creado ninguna entrada aún, debo de estar pasando por una crisis creativa. Por eso me he puesto manos a la obra para "forzar" por lo menos una, que dé relleno al mes noveno del año. No es difícil solo hay que repasar un poco los últimos días... y seguro que aparece algo que criticar, algo de que quejarse. Sí, seguro que es más de lo mismo, lo de siempre; pero es que siempre son los mismos.
Hoy desde aquí, sin que sirva de precedente, quiero romper una lanza (qué coño querrá decir esa gilipollez), a favor de la gente ORIGINAL. Por original me refiero a la gente auténtica, distinta, real, de verdad; los que son ellos mismos sin réplica alguna, sin detenerse en modas, usos, o costumbres globales. Gente que desde que se levantan hasta que se acuestan son ellos mismos, sin disfraces ni interpretaciones. ¡Ojo! que hay imitaciones, falsas apariencias de originalidad, que no son más que burdas imitaciones del auténtico ser real.
Sí, somos tan patéticos, que por imitar y aparentar ser, imitamos hasta la gente original, confundiendo con ello al resto de los civiles, y no sabemos si al final esto es un ser original o una copia más, una moda más, una tribu más. Digo lo de tribu porque lamentablemente relacionamos la originalidad de la gente simplemente por la apariencia física que llevan, sin preocuparnos lo que portan interiormente.
A este tipo de gente habría que protegerles. Son los que deberían representarnos en caso de fusión interplanetaria. Son ellos los que verdaderamente nos reflejan tal y como somos, los demás, incluido yo, aunque en menor medida, por eso me permito la crítica de dichos personajes, son como autómatas, como entes de una película de ficción, seres vacíos, auténticos clones, zombies humanos que divagan por el planeta sin aportar absolutamente nada: Piensan lo mismo, votan lo mismo, son del mismo equipo, ven las mismas películas, critican lo mismo, comen lo mismo, anhelan lo mismo, luchan por lo mismo, quieren lo mismo, hacen lo mismo, van a los mismos sitios, quieren comportarse como el resto del mundo y se esfuerzan en que el otro resto del mundo les siga (luego haré un inciso sobre esto), y por supuesto se les identifica porque, como he dicho al principio, visten igual, creando según ellos: la moda. Entienden que la moda es todo aquello que se lleva en esos momentos, que se lleva por la mayoría de gente, claro está.
Luego cuando esta especie sale a la calle y se reune con sus congéneres, se sienten orgullosos, cómodos, seguros, confiados; se sienten con el deber cumplido, con los deberes hechos.
Hay gente tan frustrada emocionalmente a causa de este fenómeno que su único fin en la vida es ser uno más, aparentar ser uno de esos repetidos clones que deambulan por la ciudad. Desperdician la oportunidad que nos dio el creador, fuera este cual fuera, en ser una persona distinta, única, ORIGINAL, y no se dan cuenta de que esto, además de ser más fácil, es mejor y necesario. La sociedad necesita gente nueva, distinta, con ideas diferentes, formas alternativas, pensamientos revolucionarios. No hace falta ya más gente cuyo único merito es el de subirse al tren que pasa por al lado de su casa, subirse al vagón lleno de gente como ellos que creen que es lo normal, que lo normal es lo correcto, que lo correcto es bueno, que bueno es lo que hace la mayoría, y que por supuesto la mayoría quieren lo mejor....y ellos en consecuencia, hacen lo mejor. Que gran error.
Y si por lo menos esto ocurriera de forma ocasional, por puro azar; pero no, lo verdaderamente triste es que lo intentan forzar, lo buscan, se esfuerzan, no quieren salirse ni un ápice del margen, del canon que impone la mayoría, no quieren salirse del modelo que indica la directriz del tipo al que quieren parecerse o clase de la que creen ser. Y en ese alocado esfuerzo arrasan con todo lo que tengan que arrasar; principios, valores, costumbres, familia... lo que sea.
Este tipo de gente, los clones, son normalmente gente hueca, gente que no se detienen ni un minuto a ver que es lo que tienen; cómo, que es lo que quieren; por qué, y cual es su fin; para qué. Gente que han sido educados socialmente para ser un cerebro andante, unos de esos cerebros sin usar, seminuevos, todavía con los plásticos puestos, con apenas el 5% de su potencial en marcha, gente que no quieren ser otro, sino uno más. Aunque dentro de esa redundancia humana intenten ser los más, de ahí el título, más todavía, más.
Los originales, se tienen que esconder, son señalados con el dedo, son ninguneados y en ocasiones hasta apartados. Son asediados continuamente por preguntas que van orientadas a: ¿Cómo que haces esto, que no es lo normal? y no haces esto otro que es lo correcto, lo que hacemos el resto. No dan para más, si les respondes con otra pregunta, tan complicada como: ¿por qué?, se aturullan, no saben que responder y echan verdaderas perlas como: ¡Ah, pues.... porque sí, porque.....es lo normal. Lo hacemos todos, jejeje. Todos los clones, claro.
Es hora de hacer el inciso que dije antes, este tipo de gente normal, esos que hacen lo que todo el mundo sin plantearse si realmente les place o les gusta, sino que, solo lo hacen por que lo hacen todos, como digo, este tipo de gente son los mismos que te dicen de manera recriminatoria: El por qué no te casas, el por qué no tienes hijos, el por qué no vas de fiesta, el por qué no bailas, el por qué no vas con tu pareja incluso a cagar juntos, el por qué vas a este sitio y no a este otro, el por qué compras una moto, el por qué escribes, el por qué lees, el para qué de otra moto. Los mismo que intentan lograr que sigas sus pasos: Vas a París; subirás a la torre, ¿no?, vas a Londres; comerás fish and chips, ¿no?, vas a Roma; iras a Florencia ¿no?, vas a Praga; iras a Karlovy vari, ¿no?, vas a Escocia; alquilaras un coche ¿no?. Los que intentan que pruebes lo que ellos creen que es la hostia: ¡¡¡¡¡¡que!!!!!! ¿que no habéis visto una peli en 3D?, no me lo puedo creer. Las pelis, ¿las verás en la tv a traves de USB-Movie, ¿no?, ¡¡¡madre mía!!!. Sí, los del gazpacho Alvalle, los del cuello del polo subido... en fin, los típicos, los clásicos, los repetidos.
A todos ellos les diré que hay todavía un reducido grupo de individuos que piensan por si mismos, sin coacciones, sin condiciones. Sin importarles ni preocuparles qué es lo normal, qué es lo habitual y si es bueno o no. Simplemente hacen las cosas según les venga en gana, cuando les apetece y lo que les apetece. Gente que se pone lo primero que pilla sin premeditadamente intentar ser o pertenecer a un determinado grupo autómata.
Los originales. Los que son de verdad. Los que no son copias de nada ni de nadie. Los que van a su bola, a su rumbo. Los que se saltan determinadas tradiciones, osea, los que no son tra-di-cio-na-les, a todos ellos, enhorabuena¡¡.
Pero cuidado ahí fuera hay gente que os señala con el dedo al grito de: ¡¡¡guaaaaahhhhh!!!, como lo hacían los protagonistas de la película: La invasión de los ultracuerpos, una película original, sin 3D, sin usb, pero de ficción, una ciencia que ellos conocen bien, una realidad falsa, fantástica, una copia de la real pero donde se encuentran como un robot en el espacio. Vamos, como en casa.
Hoy desde aquí, sin que sirva de precedente, quiero romper una lanza (qué coño querrá decir esa gilipollez), a favor de la gente ORIGINAL. Por original me refiero a la gente auténtica, distinta, real, de verdad; los que son ellos mismos sin réplica alguna, sin detenerse en modas, usos, o costumbres globales. Gente que desde que se levantan hasta que se acuestan son ellos mismos, sin disfraces ni interpretaciones. ¡Ojo! que hay imitaciones, falsas apariencias de originalidad, que no son más que burdas imitaciones del auténtico ser real.
Sí, somos tan patéticos, que por imitar y aparentar ser, imitamos hasta la gente original, confundiendo con ello al resto de los civiles, y no sabemos si al final esto es un ser original o una copia más, una moda más, una tribu más. Digo lo de tribu porque lamentablemente relacionamos la originalidad de la gente simplemente por la apariencia física que llevan, sin preocuparnos lo que portan interiormente.
A este tipo de gente habría que protegerles. Son los que deberían representarnos en caso de fusión interplanetaria. Son ellos los que verdaderamente nos reflejan tal y como somos, los demás, incluido yo, aunque en menor medida, por eso me permito la crítica de dichos personajes, son como autómatas, como entes de una película de ficción, seres vacíos, auténticos clones, zombies humanos que divagan por el planeta sin aportar absolutamente nada: Piensan lo mismo, votan lo mismo, son del mismo equipo, ven las mismas películas, critican lo mismo, comen lo mismo, anhelan lo mismo, luchan por lo mismo, quieren lo mismo, hacen lo mismo, van a los mismos sitios, quieren comportarse como el resto del mundo y se esfuerzan en que el otro resto del mundo les siga (luego haré un inciso sobre esto), y por supuesto se les identifica porque, como he dicho al principio, visten igual, creando según ellos: la moda. Entienden que la moda es todo aquello que se lleva en esos momentos, que se lleva por la mayoría de gente, claro está.
Luego cuando esta especie sale a la calle y se reune con sus congéneres, se sienten orgullosos, cómodos, seguros, confiados; se sienten con el deber cumplido, con los deberes hechos.
Hay gente tan frustrada emocionalmente a causa de este fenómeno que su único fin en la vida es ser uno más, aparentar ser uno de esos repetidos clones que deambulan por la ciudad. Desperdician la oportunidad que nos dio el creador, fuera este cual fuera, en ser una persona distinta, única, ORIGINAL, y no se dan cuenta de que esto, además de ser más fácil, es mejor y necesario. La sociedad necesita gente nueva, distinta, con ideas diferentes, formas alternativas, pensamientos revolucionarios. No hace falta ya más gente cuyo único merito es el de subirse al tren que pasa por al lado de su casa, subirse al vagón lleno de gente como ellos que creen que es lo normal, que lo normal es lo correcto, que lo correcto es bueno, que bueno es lo que hace la mayoría, y que por supuesto la mayoría quieren lo mejor....y ellos en consecuencia, hacen lo mejor. Que gran error.
Y si por lo menos esto ocurriera de forma ocasional, por puro azar; pero no, lo verdaderamente triste es que lo intentan forzar, lo buscan, se esfuerzan, no quieren salirse ni un ápice del margen, del canon que impone la mayoría, no quieren salirse del modelo que indica la directriz del tipo al que quieren parecerse o clase de la que creen ser. Y en ese alocado esfuerzo arrasan con todo lo que tengan que arrasar; principios, valores, costumbres, familia... lo que sea.
Este tipo de gente, los clones, son normalmente gente hueca, gente que no se detienen ni un minuto a ver que es lo que tienen; cómo, que es lo que quieren; por qué, y cual es su fin; para qué. Gente que han sido educados socialmente para ser un cerebro andante, unos de esos cerebros sin usar, seminuevos, todavía con los plásticos puestos, con apenas el 5% de su potencial en marcha, gente que no quieren ser otro, sino uno más. Aunque dentro de esa redundancia humana intenten ser los más, de ahí el título, más todavía, más.
Los originales, se tienen que esconder, son señalados con el dedo, son ninguneados y en ocasiones hasta apartados. Son asediados continuamente por preguntas que van orientadas a: ¿Cómo que haces esto, que no es lo normal? y no haces esto otro que es lo correcto, lo que hacemos el resto. No dan para más, si les respondes con otra pregunta, tan complicada como: ¿por qué?, se aturullan, no saben que responder y echan verdaderas perlas como: ¡Ah, pues.... porque sí, porque.....es lo normal. Lo hacemos todos, jejeje. Todos los clones, claro.
Es hora de hacer el inciso que dije antes, este tipo de gente normal, esos que hacen lo que todo el mundo sin plantearse si realmente les place o les gusta, sino que, solo lo hacen por que lo hacen todos, como digo, este tipo de gente son los mismos que te dicen de manera recriminatoria: El por qué no te casas, el por qué no tienes hijos, el por qué no vas de fiesta, el por qué no bailas, el por qué no vas con tu pareja incluso a cagar juntos, el por qué vas a este sitio y no a este otro, el por qué compras una moto, el por qué escribes, el por qué lees, el para qué de otra moto. Los mismo que intentan lograr que sigas sus pasos: Vas a París; subirás a la torre, ¿no?, vas a Londres; comerás fish and chips, ¿no?, vas a Roma; iras a Florencia ¿no?, vas a Praga; iras a Karlovy vari, ¿no?, vas a Escocia; alquilaras un coche ¿no?. Los que intentan que pruebes lo que ellos creen que es la hostia: ¡¡¡¡¡¡que!!!!!! ¿que no habéis visto una peli en 3D?, no me lo puedo creer. Las pelis, ¿las verás en la tv a traves de USB-Movie, ¿no?, ¡¡¡madre mía!!!. Sí, los del gazpacho Alvalle, los del cuello del polo subido... en fin, los típicos, los clásicos, los repetidos.
A todos ellos les diré que hay todavía un reducido grupo de individuos que piensan por si mismos, sin coacciones, sin condiciones. Sin importarles ni preocuparles qué es lo normal, qué es lo habitual y si es bueno o no. Simplemente hacen las cosas según les venga en gana, cuando les apetece y lo que les apetece. Gente que se pone lo primero que pilla sin premeditadamente intentar ser o pertenecer a un determinado grupo autómata.
Los originales. Los que son de verdad. Los que no son copias de nada ni de nadie. Los que van a su bola, a su rumbo. Los que se saltan determinadas tradiciones, osea, los que no son tra-di-cio-na-les, a todos ellos, enhorabuena¡¡.
Pero cuidado ahí fuera hay gente que os señala con el dedo al grito de: ¡¡¡guaaaaahhhhh!!!, como lo hacían los protagonistas de la película: La invasión de los ultracuerpos, una película original, sin 3D, sin usb, pero de ficción, una ciencia que ellos conocen bien, una realidad falsa, fantástica, una copia de la real pero donde se encuentran como un robot en el espacio. Vamos, como en casa.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Nuestros derechos
Pedir que se respeten nuestros derechos, pero nosotros no hacerlo, es algo normal últimamente y un tópico. Se nos llena la boca con la palabra en cuestión, mola decirlo, nos llena de orgullo y democracia.
¡¡Tengo mis derechos¡¡, ¿qué? mola eh, pues es lo que piensan la mayoría de, sobre todo, jóvenes.
Viene a colación esto, por los altercados del otro día entre manifestantes y policía, y el follón que se ha montado por la, presuntamente, agresión injustificada, a la pácifica Katerina, una indefensa menor de tan solo 16 años, cuyo único error fue, según ella, ir paseando por la calle.
El vídeo se ha paseado por todos los canales de TV y los medios de Internet, así como por todas las redes sociales (nada, que no me acostumbro a la palabreja).
Hay dos vídeos del mismo hecho, dos versiones de la misma historia, dos realidades distintas, como distintas son las dos Españas que la comentan, que dan su opinión en base a los dos afluentes de información desde donde llegan las noticias.
En uno se ve, y se oye, como los antidisturbios se acercan a la pobre Katerina, que aparentemente no ha hecho absolutamente nada, y sin mediar palabra le dan una ostia y seguidamente unos porrazos.
¡Dios santo!, que terror, no se puede ni pasear por las calles, piensa uno. Las imágenes además de dejar claro la agresión, la locutora comenta la secuencia tapando con su voz algo relevante, y callandose cuando uno de los policías, al parecer el jefe, dice, -"No, a estos no, a los peregrinos ni tocarlos", ésto lo dice cuando pasan al lado de uno de los grupos de peregrinos que invadian la ciudad en esos momentos, y por los cuales, se habían montado esas manifestaciones. Con esa maniobra por parte de la periodista, es decir, hablar y callar con premeditación, lo que se pretende son dos cosas: Una, que se ódie aún más si cabe a la policía; y dos, que se rechaze por completo a los peregrinos.
En el segundo video, se ve exactamente lo mismo, ¿entonces?, la diferencia es que dura unos segundos más y nadie habla encima de la grabación. En éste se ve y se OYE, cómo la, ahora no tan inofensiva Katerina, increpa, e insulta de manera clara, desagradable, desafiante y chulesca a los policías que pasaban por ahí, simplemente para mantener el orden de las calles, puesto que, como lo dejan claro los dos vídeos, están juntos los dos grupos: Laicos y peregrinos.
La policía va por la calle, acera izquierda; mientras por la derecha y valiendose de la cantidad de gente que pasaba por ahí, e intentandose esconder y ocultar su identidad; la menor e inocente Katerina se dirige a ellos: ¡¡Violentos, que sois unos violentos!!, (pausa), ¡cabrones! no me callo porque tengo mis derechos"
Ahí lo teneis, exige sus derechos, pero desatiende el de los demás, en este caso, el de la policía, y por supuesto desconoce totalmente sus obligaciones; el de respeto a la autoridad, el no manifestarse ilegalmente y mostrarse despectiva y desafiante ante las autoridades.
Nos vale esto, para atacar otra vez a los policías, nos es válida la confesión de la menor para, una vez más, poner en tela de juicio a los policías y dejar de lado la verdadera razón de la agresión.
¿No tiene la policía derechos?, ¿no se le debe respeto?, ¿no hay que acatar las normas que nos imponen, amparadas por la constitución?, ¿debemos convertir las calles en un campo de batalla, e insultar, agredir y menospreciar a los policías de manera impune?, ¿es esa la seguridad que queremos?; que podamos, cuando queramos y venga en gana, insultar y casi agredir a los que están para protegernos. Qué pensamos que tendrían que haber hecho, cómo deberían haber actuado; dejándola marchar sin decir absolutamente nada, dejándose insultar, dejándose humillar delante de gente que también pasaba por allí y nada tenían que ver con unos y con otros, y esperan de la policía seguridad, una seguridad que como se ve en las imágenes, no se da debido a la actitud chulesca, pedante y desafiante que tiene la querida Katerina. Si esto hubiese sido así, es decir, la policía pasa y deja a la joven seguir profiriendo esa cantidad de insultos verbales, cuál sería el siguiente paso, puesto que con la agresión verbal nada conseguían, tal vez la agresión física, y otro día que se volvieran a encontrar policías y manifestantes, cuál sería su actitud, sabiendo que la vez anterior bajaron las manos; sencillo, se los comerían literalmente a sabiendas de que nada iban a hacer y por nada se iban a molestar. Y Madrid se convertiría en una de esas capitales tercermundistas donde la policía es sometida constantemente por la población.
No estoy diciendo que la poli vaya sacudiendo ostias a diestro y siniestro, pero lo que no se puede permitir es desoír las ordenanzas, no cumplir con la ley y encima sentirnos ofendidos e increpar e insultar a los que intentan que ésta prevalezca.
No quiero la violencia de la poli fascista, franquista; pero con lo que sí estoy de acuerdo es con la ostia que se llevo Katerina, esta, totalmente justificada, una ostia que ejecuta el policía, pero que sin duda está reflejada en la ostia que se merece la sociedad, ésta que no quiere nada más que derechos y cero obligaciones, cero deberes.
Una ostia que en su día le tuvieron que dar sus padres, y que por clemencia, la sociedad tiene que pagar ahora, y en este caso el policía que sólo cumplía con su deber.
No santifiquemos a más Katerinas, que lo único que hacen con su actitud es, sin saberlo, debilitar aún más el estado de derecho.
¡¡Tengo mis derechos¡¡, ¿qué? mola eh, pues es lo que piensan la mayoría de, sobre todo, jóvenes.
Viene a colación esto, por los altercados del otro día entre manifestantes y policía, y el follón que se ha montado por la, presuntamente, agresión injustificada, a la pácifica Katerina, una indefensa menor de tan solo 16 años, cuyo único error fue, según ella, ir paseando por la calle.
El vídeo se ha paseado por todos los canales de TV y los medios de Internet, así como por todas las redes sociales (nada, que no me acostumbro a la palabreja).
Hay dos vídeos del mismo hecho, dos versiones de la misma historia, dos realidades distintas, como distintas son las dos Españas que la comentan, que dan su opinión en base a los dos afluentes de información desde donde llegan las noticias.
En uno se ve, y se oye, como los antidisturbios se acercan a la pobre Katerina, que aparentemente no ha hecho absolutamente nada, y sin mediar palabra le dan una ostia y seguidamente unos porrazos.
¡Dios santo!, que terror, no se puede ni pasear por las calles, piensa uno. Las imágenes además de dejar claro la agresión, la locutora comenta la secuencia tapando con su voz algo relevante, y callandose cuando uno de los policías, al parecer el jefe, dice, -"No, a estos no, a los peregrinos ni tocarlos", ésto lo dice cuando pasan al lado de uno de los grupos de peregrinos que invadian la ciudad en esos momentos, y por los cuales, se habían montado esas manifestaciones. Con esa maniobra por parte de la periodista, es decir, hablar y callar con premeditación, lo que se pretende son dos cosas: Una, que se ódie aún más si cabe a la policía; y dos, que se rechaze por completo a los peregrinos.
En el segundo video, se ve exactamente lo mismo, ¿entonces?, la diferencia es que dura unos segundos más y nadie habla encima de la grabación. En éste se ve y se OYE, cómo la, ahora no tan inofensiva Katerina, increpa, e insulta de manera clara, desagradable, desafiante y chulesca a los policías que pasaban por ahí, simplemente para mantener el orden de las calles, puesto que, como lo dejan claro los dos vídeos, están juntos los dos grupos: Laicos y peregrinos.
La policía va por la calle, acera izquierda; mientras por la derecha y valiendose de la cantidad de gente que pasaba por ahí, e intentandose esconder y ocultar su identidad; la menor e inocente Katerina se dirige a ellos: ¡¡Violentos, que sois unos violentos!!, (pausa), ¡cabrones! no me callo porque tengo mis derechos"
Ahí lo teneis, exige sus derechos, pero desatiende el de los demás, en este caso, el de la policía, y por supuesto desconoce totalmente sus obligaciones; el de respeto a la autoridad, el no manifestarse ilegalmente y mostrarse despectiva y desafiante ante las autoridades.
Nos vale esto, para atacar otra vez a los policías, nos es válida la confesión de la menor para, una vez más, poner en tela de juicio a los policías y dejar de lado la verdadera razón de la agresión.
¿No tiene la policía derechos?, ¿no se le debe respeto?, ¿no hay que acatar las normas que nos imponen, amparadas por la constitución?, ¿debemos convertir las calles en un campo de batalla, e insultar, agredir y menospreciar a los policías de manera impune?, ¿es esa la seguridad que queremos?; que podamos, cuando queramos y venga en gana, insultar y casi agredir a los que están para protegernos. Qué pensamos que tendrían que haber hecho, cómo deberían haber actuado; dejándola marchar sin decir absolutamente nada, dejándose insultar, dejándose humillar delante de gente que también pasaba por allí y nada tenían que ver con unos y con otros, y esperan de la policía seguridad, una seguridad que como se ve en las imágenes, no se da debido a la actitud chulesca, pedante y desafiante que tiene la querida Katerina. Si esto hubiese sido así, es decir, la policía pasa y deja a la joven seguir profiriendo esa cantidad de insultos verbales, cuál sería el siguiente paso, puesto que con la agresión verbal nada conseguían, tal vez la agresión física, y otro día que se volvieran a encontrar policías y manifestantes, cuál sería su actitud, sabiendo que la vez anterior bajaron las manos; sencillo, se los comerían literalmente a sabiendas de que nada iban a hacer y por nada se iban a molestar. Y Madrid se convertiría en una de esas capitales tercermundistas donde la policía es sometida constantemente por la población.
No estoy diciendo que la poli vaya sacudiendo ostias a diestro y siniestro, pero lo que no se puede permitir es desoír las ordenanzas, no cumplir con la ley y encima sentirnos ofendidos e increpar e insultar a los que intentan que ésta prevalezca.
No quiero la violencia de la poli fascista, franquista; pero con lo que sí estoy de acuerdo es con la ostia que se llevo Katerina, esta, totalmente justificada, una ostia que ejecuta el policía, pero que sin duda está reflejada en la ostia que se merece la sociedad, ésta que no quiere nada más que derechos y cero obligaciones, cero deberes.
Una ostia que en su día le tuvieron que dar sus padres, y que por clemencia, la sociedad tiene que pagar ahora, y en este caso el policía que sólo cumplía con su deber.
No santifiquemos a más Katerinas, que lo único que hacen con su actitud es, sin saberlo, debilitar aún más el estado de derecho.
martes, 23 de agosto de 2011
Los colores
¿Qué pasa en Madrid últimamente? Hay un ambiente que te cagas in the night. Los turistas tienen que flipar con la capital Española, parece que estamos todavía celebrando el Mundial.
A los ya conocidos, nombrados, blogueados y criticados indignados de la Puerta del Sol; los del 15-M, se les suma ahora los peregrinos y sus detractores; los laicos anti papa. Si les añadimos algunos botellones y demás movidas Madrileñas, y a los policías repartiendo ostias, ya tenemos el sarao montao.
Pero vayamos por partes. No todos son iguales, no todos son lo mismo y por supuesto, no todo vale.
Vamos a detenernos (siempre hablo en plural, pero estoy solo en esta tarea), en dos de estos: los 15-M y los JMJ. Como a los primeros ya dediqué una entrada y creo que no se merecen otra, saltaré directamente a los JMJ y analizaremos las diferencias entre unos y otros.
Por qué ocupando parte de la capital unos son odiados y otros consentidos, por qué los que están a favor de unos se tiran de repente a la calle a enfrentarse a los otros, por qué parte de la población Madrileña es adversa a ambos, qué pasa a la sociedad o a parte de ella que rechaza y no se ve relejada en ninguna de las dos ideas. ¿Son las dos igual de injustas, igual de molestas?, ¿comparten algún valor ético o de otra índole, así como ideas comunes?, entonces por qué se las trata, por parte del pueblo, a las dos de igual manera, como si fueran la lacra, los culpables de la crisis en la que aún seguimos.
Empecemos. La diferencia es abismal, enorme, notable y si se me permite, que sí se me permite, porque aquí los turnos los reparto yo, es hasta una ofensa la comparación.
Los indignados han pasado de ser un grupo que se manifiesta para reclamar algo, a ser lo que realmente son, anarquistas que consideran que la única ley a la que se deben es la suya, la que ellos imperan, y quien no la acate, no son válidos. Ahora el paso que dan es el erigirse justicieros, salvadores. Quieren arreglar el sistema político, social y dan el paso al judicial. Se creen con derecho y el deber de ajusticiar, a repartir justicia, y son ellos los que deciden qué Banco es el que puede ejecutar su carga, su embargo; qué ciudadano es digno de su ayuda y cuándo creen que se deben cumplir con los pagos y los plazos.
Ahora, los justicieros, creen que la llegada del Papa es nociva para el país, que conlleva muchos gastos inasumibles, y que es algo totalmente prescindible, y deciden que no es momento en que el pontífice deba venir, por lo tanto los superheroes salen a la calle a evitarlo. En ese intento también se llevan por delante a los seguidores del movimiento religioso, e intentan que no se lleve a cabo la reunión, porque ellos una vez más deciden quién viene, quién va, y quién debe okupar sus calles, una okupación a la que ellos sí estan muy acostumbrados.
En ese intento de hacer por enésima vez justicia, se olvidan de su reciente origen y de sus primarias premisas, y no dudan por, de nuevo, cambiarse el nombre; Los laicos. ¡¡¡Venga coño, iros ya a tomar por culo!!!.
No saben qué hacer, qué defender, de qué quejarse, a qué carro apuntarse con tal de seguir chupando del bote, y digo bote, porque mientras siguen allí se les sigue dando bombo y alguna ayuda, y de paso siguen sin doblar el lomo una temporada más, que es de lo que se trata.
Que si reforma electoral; cuando han alardeado toda la vida de que no votaban nunca, que si listas abiertas, que si reparto de bienes, que si rebaja de sueldos políticos. Luego sale un desahuciado, y corriendo se apuntan a ese carro, y reclaman cambios en la banca, en la ley de embargo, y piden más plazos y más facilidades para los pobres desahuciados, dando por hecho, una vez más, que el banco es el malo por hacer cumplir las normas, el contrato que firmaron. Dónde estaban los indignados para asesorar a ese pobre desahuciado cuando fue a firmar la hipoteca, y decirle que a lo mejor, con un sueldo de 1000€ no se podía tener una letra de 700€, dónde estaban cuando ese mismo pobrecillo fardaba de coche pagado con la hipoteca, cómo que no le asesoraron para decirle que a lo mejor era demasiado; que el coche, los muebles y la plasma, podían esperar. Yo se dónde estaban, chupando de uno de esos desahucios y okupando ilegalmente su casa, mientras el banco se la recolocaba a otro. Dónde estaban estos controladores del gasto cuando vino la mujer de Obama y ocasionó también "gastos evitables", pues tirados en algún parque o de fumada en algún polígono.
Ahora los superheroes la toman con los peregrinos, que nada tienen que ver con sus peticiones y protestas. Se convierten en salvajes, en ordas primitivas en defensa de su territorio, su feudo. Nadie, entienden ellos, tiene derecho a manifestar su ideología, creencia, o estado anímico, allí, en su recinto privado, una Puerta del Sol que han conquistado después de muchos años y se niegan a abandonar.
La policía llega e intenta poner orden, abrir espacio para que unos y otros puedan hacer uso del espacio público que pagamos todos, y en ese intento, los ahora laicos, son agredidos ante la resistencia y negativa, de estos demócratas convencidos, de acatar las normas.Y convierten, también, a la policía en los malos de la película.
Desde nuestra poltrona, casa, oficina; es muy fácil opinar y hacer crítica y mofa de todos estos fenómenos que invaden nuestra ciudad. Los primeros ya han demostrado que no saben dónde van, ni cómo. Han perdido definitivamente el rumbo, y ahora después de tantos días, no quieren irse por la puerta de atrás como si tal cosa, sin haber conseguido nada, es por eso que a la desesperada se suben a cualquier noticia que acontezca en la capital. Y aunque ellos no lo quieran reconocer, la visita del papa les ha venido de perlas para alimentar su ya desgastada imagen y volver a estar en la portadas de la información diaria.
También es sencillo reírnos desde casa, de los miles de jóvenes que creen en algo, estén o no equivocados.
Nos venimos quejando de que la juventud no cree en nada, no quiere nada, no tienen ilusiones, no tienen valores, no tienen principios y no quieren sacrificios; y de repente irrumpen en Madrid casi dos millones de estos jóvenes que parecían no existir, y cómo nos lo tomamos, ¿con asombro, expectación, respeto y esperanza? ¡¡Nooooo!! nos empezamos a descojonar de esos ilusos, esos pobres engañados, esos equivocados, esos frikies, esos católicos de mierda. Volvemos a caer en el error de pensar que somos nosotros los que estamos en la verdad absoluta, que somos nosotros los que conocemos el camino recto; todo lo demás es absurdo, tontería, una enorme mentira y perdida de tiempo. Nos mofamos de sus bailes, sus cánticos, sus pasiones, sus expresiones de júbilo, su manifestación de fe. Y nos jactamos en nuestro salón con frases como: "pobres infelices, que ostia se van a dar, qué sabrán estos de la vida".
Y ese odio se traslada a la calle y de repente empieza a molestarnos todo, todo lo que esta gente, llena solo de sentimientos sanos, hace. Sus ropas, sus mochilas, sus gorros, las aglomeraciones que provocan, los descuentos que les hacen, molesta hasta el colorido que dan. Es que solo queremos estar en la completa oscuridad, rodeados de colores grises que predominaban en el centro antes de que ellos llegaran, sólo queremos la tristeza que tienen los ciudadanos del día día, ¿nos molesta de verdad, que un puñado de jóvenes, por primera vez inunden las calles para actos contrarios a la destrucción, el alcohol, la fiesta y otras protestas oscuras, tristes, grises y confusas?.
Qué nos hace pensar que ellos están en un error? Seguro que no es al contrario? Tal vez solo haya que mirar sus caras y luego echar un vistazo a las nuestras. ¿cuál demuestra más felicidad?, ¿No es la felicidad, al fin y al cabo la finalidad del hombre?, ¿no es el objetivo principal y primordial del ser?, entonces, mirando de nuevo unas caras y otras, me pregunto, ¿quién es el realmente equivocado?.
Ya, ya se que estáis pensando: "la felicidad hay que buscarla de otra manera, no engañados por la iglesia". Sí, pero, cuanto tiempo llevamos, los denominados laicos, buscándola, no será que estamos en el camino equivocado, ellos sin embargo, aún creyendo nosotros que están siendo engañados, la han encontrado. Si no, cómo se explica su comportamiento, cómo se entiende que sean capaces de recorrer, el que menos, miles de kilómetros por una causa, da igual cual sea ésta. ¿Cuándo fue la última vez que nosotros hicimos un sacrificio similar por alguna razón?, ¿cuándo pasamos tanto calor y casi miserias por una causa?. Tal vez en algún viaje de esos soñados y que nos salió mal, un viaje al que fuimos buscando algo de esa felicidad que en el día a día nos falta y que a ellos les sobra, y regalan a borbotones.
No será que nos dan envidia porque son felices, a su manera, decimos; pero, ¿es qué hay escrito algo sobre la manera perfecta de ser feliz? ¿Hay algún canon que diga cuales son las formas válidas de encontrarla y cuales no?.
Nosotros, los laicos, tú, yo; nos empeñamos en negar la religión, buscar la verdad en la ciencia, y nos encontramos cada vez más oprimidos y más confusos por tanto avance. Cuando esto ocurre, acudimos desesperados a la filosofía y lo que ésta nos cuenta no es mucho más clarificador, y nos da más preguntas que respuestas.
No va siendo hora de reconocer lo evidente. Que el que cree en... da igual: Jesucristo, Dios, la religión o la iglesia; son, no más felices, si no simplemente felices. No va ya siendo hora de, si no reconocerlo, por lo menos respetarlo y decir bien en alto que eso que a nosotros nos produce risa, a ellos les da la felicidad, la misma que nosotros llevamos buscando desde el mismo día en que decidimos y creímos poder buscarla por nuestra cuenta, porque pensábamos que ésta, estaba próxima a lo cotidiano y lejana a lo espiritual. No será que la felicidad simplemente es un estado transitorio meramente existencial y por consiguiente espiritual. Y si es así, no es normal buscarla en algo puramente espiritual.
Definitivamente, viéndoles a ellos me doy cuenta de que vivimos en un error. Creemos que la felicidad es algo que se toca, que se tiene como algo propio, que es el dinero, decimos que somos felices cuando tenemos trabajo, necesario para ganar más dinero. Pero cuántos de nosotros tiene todo esto pero aún así no es feliz. Joder más claro imposible, la felicidad no esta en lo terrenal. Lo más parecido es cuando nos enamoramos, decimos, "Soy feliz, pero no sé por qué", ahí está la verdad, cuando algo nos llena por dentro, sin saber por qué, ni el qué, ni cuánto. Solamente cuando estamos felices hacemos cualquier cosa por mantenerlo: cantamos, reímos, bailamos, nos vestimos con cualquier cosa con tal de llamar la atención y si se tercia, hacemos miles de kilómetros con tal de estar con la persona amada. ¿Os suena todo esto?. Es lo que hemos estado viviendo toda esta semana, una enorme manifestación y demostración de amor y en consecuencia de FELICIDAD. La hemos tenido en frente, en nuestras narices, y la hemos rechazado y mofado de ella, sabéis por qué, porque no sabíamos lo que era, veíamos algo grande, distinto, desconocido; solo teníamos que dejarnos llevar y unirnos, pero nos daba miedo, miedo el pensar que pudiera estar ahí, tan cerca, donde nos dijeron hace tiempo y no quisimos escuchar, miedo a reconocer el error, a darles la razón, miedo al encontrar de manera casual la felicidad que buscamos desde siglos. Y qué hemos hecho en vez de eso; reírnos, quejarnos, abuchearlos y desear con toda el alma que se marchasen.
No digo que la salida sea la iglesia, quién haya entendido esto, que salga del blog y siga viendo Sálvame, lo que digo es que ellos, los maltraidos peregrinos eran felices, daba igual cual fuera su razón, pero lo eran, lo creían y así nos lo han hecho ver.
Cada ser tiene unas preferencias y unos gustos, y de esa manera cada cual ha de buscar su felicidad. Cómo convencer a un madridista que el barsa es mejor; a uno del PSOE que la derecha es el futuro; este es el error y la gran virtud de ellos, el saber que todos somos iguales, sin importarles la carcasa que quieras poner a tu alma, que es lo que es el resto, lo que importa es lo que creas y sientas en el fondo, pero desafortunadamente ese es el problema; nosotros no creemos en absolutamente nada, nada más que en nosotros mismos, porque nos creemos superiores, seres supremos capaces, como he dicho antes, de encontrar la felicidad en lo material y no cejamos en nuestro empeño en cambiar de trabajo, de mujer, de vivienda, de ciudad, de coche, de lo que sea con tal de encontrarla, porque sabemos seguro, puesto que somos muy listos, que la felicidad tiene que estar ahí, dónde si no.
Ya podemos descansar tranquilos, ya se han ido los papistas. Ya podemos seguir con lo nuestro, con nuestra auténtica realidad, nuestra verdadera felicidad: nuestro reconfortante trabajo, nuestro formidable piso, nuestro flamante coche, nuestra cuenta bancaria; en fin, vaya, lo que realmente nos hace feliz, un tiempo al menos, pero luego cuando nos acostumbramos, qué nos queda. Ya, seguir buscándola.
Yo hoy he ido al centro a buscarla en forma de pantalón de marca, chulísimo, he pasado por Sol y había un centenar de personas gritando y protestando por no sé que, vaya entretenimiento, no deben de ser felices, por la ropa que llevan y por el tiempo perdido tampoco deben de tener trabajo. Son gente gris, oscura, amargada. Por qué no hacen como yo y se van de compras a rebuscar entre los cajones de rebajas algo de felicidad, algo de esperanza, algo de fe. Porque éstos, en qué creen, por qué se sacrifican, en qué tienen esperanza.
Éstos, son como yo, yo soy como ellos. Gente testaruda y equivocada que no damos nuestro brazo a torcer, y menos a alguien que piensa distinto a nosotros. Los indignados por creer que la solución pasa por tirarse a la calle a hacerse ver, y yo, por creer que la solución esta en parchear día a día con absurdas medidas consumistas mi falta de felicidad.
Ya se marchan los últimos, ya va predominando el color rancio. Ya vuelan a sus países los últimos de una generación que creíamos inexistente, con ellos se marcha la última llama de esperanza, solo nos queda lo poco que nos han dejado, una lección: se puede creer en algo, lleve el nombre que lleve y sin importar la apariencia que tenga, siempre que nos pueda aportar un poco de esa desconocida felicidad.
A los ya conocidos, nombrados, blogueados y criticados indignados de la Puerta del Sol; los del 15-M, se les suma ahora los peregrinos y sus detractores; los laicos anti papa. Si les añadimos algunos botellones y demás movidas Madrileñas, y a los policías repartiendo ostias, ya tenemos el sarao montao.
Pero vayamos por partes. No todos son iguales, no todos son lo mismo y por supuesto, no todo vale.
Vamos a detenernos (siempre hablo en plural, pero estoy solo en esta tarea), en dos de estos: los 15-M y los JMJ. Como a los primeros ya dediqué una entrada y creo que no se merecen otra, saltaré directamente a los JMJ y analizaremos las diferencias entre unos y otros.
Por qué ocupando parte de la capital unos son odiados y otros consentidos, por qué los que están a favor de unos se tiran de repente a la calle a enfrentarse a los otros, por qué parte de la población Madrileña es adversa a ambos, qué pasa a la sociedad o a parte de ella que rechaza y no se ve relejada en ninguna de las dos ideas. ¿Son las dos igual de injustas, igual de molestas?, ¿comparten algún valor ético o de otra índole, así como ideas comunes?, entonces por qué se las trata, por parte del pueblo, a las dos de igual manera, como si fueran la lacra, los culpables de la crisis en la que aún seguimos.
Empecemos. La diferencia es abismal, enorme, notable y si se me permite, que sí se me permite, porque aquí los turnos los reparto yo, es hasta una ofensa la comparación.
Los indignados han pasado de ser un grupo que se manifiesta para reclamar algo, a ser lo que realmente son, anarquistas que consideran que la única ley a la que se deben es la suya, la que ellos imperan, y quien no la acate, no son válidos. Ahora el paso que dan es el erigirse justicieros, salvadores. Quieren arreglar el sistema político, social y dan el paso al judicial. Se creen con derecho y el deber de ajusticiar, a repartir justicia, y son ellos los que deciden qué Banco es el que puede ejecutar su carga, su embargo; qué ciudadano es digno de su ayuda y cuándo creen que se deben cumplir con los pagos y los plazos.
Ahora, los justicieros, creen que la llegada del Papa es nociva para el país, que conlleva muchos gastos inasumibles, y que es algo totalmente prescindible, y deciden que no es momento en que el pontífice deba venir, por lo tanto los superheroes salen a la calle a evitarlo. En ese intento también se llevan por delante a los seguidores del movimiento religioso, e intentan que no se lleve a cabo la reunión, porque ellos una vez más deciden quién viene, quién va, y quién debe okupar sus calles, una okupación a la que ellos sí estan muy acostumbrados.
En ese intento de hacer por enésima vez justicia, se olvidan de su reciente origen y de sus primarias premisas, y no dudan por, de nuevo, cambiarse el nombre; Los laicos. ¡¡¡Venga coño, iros ya a tomar por culo!!!.
No saben qué hacer, qué defender, de qué quejarse, a qué carro apuntarse con tal de seguir chupando del bote, y digo bote, porque mientras siguen allí se les sigue dando bombo y alguna ayuda, y de paso siguen sin doblar el lomo una temporada más, que es de lo que se trata.
Que si reforma electoral; cuando han alardeado toda la vida de que no votaban nunca, que si listas abiertas, que si reparto de bienes, que si rebaja de sueldos políticos. Luego sale un desahuciado, y corriendo se apuntan a ese carro, y reclaman cambios en la banca, en la ley de embargo, y piden más plazos y más facilidades para los pobres desahuciados, dando por hecho, una vez más, que el banco es el malo por hacer cumplir las normas, el contrato que firmaron. Dónde estaban los indignados para asesorar a ese pobre desahuciado cuando fue a firmar la hipoteca, y decirle que a lo mejor, con un sueldo de 1000€ no se podía tener una letra de 700€, dónde estaban cuando ese mismo pobrecillo fardaba de coche pagado con la hipoteca, cómo que no le asesoraron para decirle que a lo mejor era demasiado; que el coche, los muebles y la plasma, podían esperar. Yo se dónde estaban, chupando de uno de esos desahucios y okupando ilegalmente su casa, mientras el banco se la recolocaba a otro. Dónde estaban estos controladores del gasto cuando vino la mujer de Obama y ocasionó también "gastos evitables", pues tirados en algún parque o de fumada en algún polígono.
Ahora los superheroes la toman con los peregrinos, que nada tienen que ver con sus peticiones y protestas. Se convierten en salvajes, en ordas primitivas en defensa de su territorio, su feudo. Nadie, entienden ellos, tiene derecho a manifestar su ideología, creencia, o estado anímico, allí, en su recinto privado, una Puerta del Sol que han conquistado después de muchos años y se niegan a abandonar.
La policía llega e intenta poner orden, abrir espacio para que unos y otros puedan hacer uso del espacio público que pagamos todos, y en ese intento, los ahora laicos, son agredidos ante la resistencia y negativa, de estos demócratas convencidos, de acatar las normas.Y convierten, también, a la policía en los malos de la película.
Desde nuestra poltrona, casa, oficina; es muy fácil opinar y hacer crítica y mofa de todos estos fenómenos que invaden nuestra ciudad. Los primeros ya han demostrado que no saben dónde van, ni cómo. Han perdido definitivamente el rumbo, y ahora después de tantos días, no quieren irse por la puerta de atrás como si tal cosa, sin haber conseguido nada, es por eso que a la desesperada se suben a cualquier noticia que acontezca en la capital. Y aunque ellos no lo quieran reconocer, la visita del papa les ha venido de perlas para alimentar su ya desgastada imagen y volver a estar en la portadas de la información diaria.
También es sencillo reírnos desde casa, de los miles de jóvenes que creen en algo, estén o no equivocados.
Nos venimos quejando de que la juventud no cree en nada, no quiere nada, no tienen ilusiones, no tienen valores, no tienen principios y no quieren sacrificios; y de repente irrumpen en Madrid casi dos millones de estos jóvenes que parecían no existir, y cómo nos lo tomamos, ¿con asombro, expectación, respeto y esperanza? ¡¡Nooooo!! nos empezamos a descojonar de esos ilusos, esos pobres engañados, esos equivocados, esos frikies, esos católicos de mierda. Volvemos a caer en el error de pensar que somos nosotros los que estamos en la verdad absoluta, que somos nosotros los que conocemos el camino recto; todo lo demás es absurdo, tontería, una enorme mentira y perdida de tiempo. Nos mofamos de sus bailes, sus cánticos, sus pasiones, sus expresiones de júbilo, su manifestación de fe. Y nos jactamos en nuestro salón con frases como: "pobres infelices, que ostia se van a dar, qué sabrán estos de la vida".
Y ese odio se traslada a la calle y de repente empieza a molestarnos todo, todo lo que esta gente, llena solo de sentimientos sanos, hace. Sus ropas, sus mochilas, sus gorros, las aglomeraciones que provocan, los descuentos que les hacen, molesta hasta el colorido que dan. Es que solo queremos estar en la completa oscuridad, rodeados de colores grises que predominaban en el centro antes de que ellos llegaran, sólo queremos la tristeza que tienen los ciudadanos del día día, ¿nos molesta de verdad, que un puñado de jóvenes, por primera vez inunden las calles para actos contrarios a la destrucción, el alcohol, la fiesta y otras protestas oscuras, tristes, grises y confusas?.
Qué nos hace pensar que ellos están en un error? Seguro que no es al contrario? Tal vez solo haya que mirar sus caras y luego echar un vistazo a las nuestras. ¿cuál demuestra más felicidad?, ¿No es la felicidad, al fin y al cabo la finalidad del hombre?, ¿no es el objetivo principal y primordial del ser?, entonces, mirando de nuevo unas caras y otras, me pregunto, ¿quién es el realmente equivocado?.
Ya, ya se que estáis pensando: "la felicidad hay que buscarla de otra manera, no engañados por la iglesia". Sí, pero, cuanto tiempo llevamos, los denominados laicos, buscándola, no será que estamos en el camino equivocado, ellos sin embargo, aún creyendo nosotros que están siendo engañados, la han encontrado. Si no, cómo se explica su comportamiento, cómo se entiende que sean capaces de recorrer, el que menos, miles de kilómetros por una causa, da igual cual sea ésta. ¿Cuándo fue la última vez que nosotros hicimos un sacrificio similar por alguna razón?, ¿cuándo pasamos tanto calor y casi miserias por una causa?. Tal vez en algún viaje de esos soñados y que nos salió mal, un viaje al que fuimos buscando algo de esa felicidad que en el día a día nos falta y que a ellos les sobra, y regalan a borbotones.
No será que nos dan envidia porque son felices, a su manera, decimos; pero, ¿es qué hay escrito algo sobre la manera perfecta de ser feliz? ¿Hay algún canon que diga cuales son las formas válidas de encontrarla y cuales no?.
Nosotros, los laicos, tú, yo; nos empeñamos en negar la religión, buscar la verdad en la ciencia, y nos encontramos cada vez más oprimidos y más confusos por tanto avance. Cuando esto ocurre, acudimos desesperados a la filosofía y lo que ésta nos cuenta no es mucho más clarificador, y nos da más preguntas que respuestas.
No va siendo hora de reconocer lo evidente. Que el que cree en... da igual: Jesucristo, Dios, la religión o la iglesia; son, no más felices, si no simplemente felices. No va ya siendo hora de, si no reconocerlo, por lo menos respetarlo y decir bien en alto que eso que a nosotros nos produce risa, a ellos les da la felicidad, la misma que nosotros llevamos buscando desde el mismo día en que decidimos y creímos poder buscarla por nuestra cuenta, porque pensábamos que ésta, estaba próxima a lo cotidiano y lejana a lo espiritual. No será que la felicidad simplemente es un estado transitorio meramente existencial y por consiguiente espiritual. Y si es así, no es normal buscarla en algo puramente espiritual.
Definitivamente, viéndoles a ellos me doy cuenta de que vivimos en un error. Creemos que la felicidad es algo que se toca, que se tiene como algo propio, que es el dinero, decimos que somos felices cuando tenemos trabajo, necesario para ganar más dinero. Pero cuántos de nosotros tiene todo esto pero aún así no es feliz. Joder más claro imposible, la felicidad no esta en lo terrenal. Lo más parecido es cuando nos enamoramos, decimos, "Soy feliz, pero no sé por qué", ahí está la verdad, cuando algo nos llena por dentro, sin saber por qué, ni el qué, ni cuánto. Solamente cuando estamos felices hacemos cualquier cosa por mantenerlo: cantamos, reímos, bailamos, nos vestimos con cualquier cosa con tal de llamar la atención y si se tercia, hacemos miles de kilómetros con tal de estar con la persona amada. ¿Os suena todo esto?. Es lo que hemos estado viviendo toda esta semana, una enorme manifestación y demostración de amor y en consecuencia de FELICIDAD. La hemos tenido en frente, en nuestras narices, y la hemos rechazado y mofado de ella, sabéis por qué, porque no sabíamos lo que era, veíamos algo grande, distinto, desconocido; solo teníamos que dejarnos llevar y unirnos, pero nos daba miedo, miedo el pensar que pudiera estar ahí, tan cerca, donde nos dijeron hace tiempo y no quisimos escuchar, miedo a reconocer el error, a darles la razón, miedo al encontrar de manera casual la felicidad que buscamos desde siglos. Y qué hemos hecho en vez de eso; reírnos, quejarnos, abuchearlos y desear con toda el alma que se marchasen.
No digo que la salida sea la iglesia, quién haya entendido esto, que salga del blog y siga viendo Sálvame, lo que digo es que ellos, los maltraidos peregrinos eran felices, daba igual cual fuera su razón, pero lo eran, lo creían y así nos lo han hecho ver.
Cada ser tiene unas preferencias y unos gustos, y de esa manera cada cual ha de buscar su felicidad. Cómo convencer a un madridista que el barsa es mejor; a uno del PSOE que la derecha es el futuro; este es el error y la gran virtud de ellos, el saber que todos somos iguales, sin importarles la carcasa que quieras poner a tu alma, que es lo que es el resto, lo que importa es lo que creas y sientas en el fondo, pero desafortunadamente ese es el problema; nosotros no creemos en absolutamente nada, nada más que en nosotros mismos, porque nos creemos superiores, seres supremos capaces, como he dicho antes, de encontrar la felicidad en lo material y no cejamos en nuestro empeño en cambiar de trabajo, de mujer, de vivienda, de ciudad, de coche, de lo que sea con tal de encontrarla, porque sabemos seguro, puesto que somos muy listos, que la felicidad tiene que estar ahí, dónde si no.
Ya podemos descansar tranquilos, ya se han ido los papistas. Ya podemos seguir con lo nuestro, con nuestra auténtica realidad, nuestra verdadera felicidad: nuestro reconfortante trabajo, nuestro formidable piso, nuestro flamante coche, nuestra cuenta bancaria; en fin, vaya, lo que realmente nos hace feliz, un tiempo al menos, pero luego cuando nos acostumbramos, qué nos queda. Ya, seguir buscándola.
Yo hoy he ido al centro a buscarla en forma de pantalón de marca, chulísimo, he pasado por Sol y había un centenar de personas gritando y protestando por no sé que, vaya entretenimiento, no deben de ser felices, por la ropa que llevan y por el tiempo perdido tampoco deben de tener trabajo. Son gente gris, oscura, amargada. Por qué no hacen como yo y se van de compras a rebuscar entre los cajones de rebajas algo de felicidad, algo de esperanza, algo de fe. Porque éstos, en qué creen, por qué se sacrifican, en qué tienen esperanza.
Éstos, son como yo, yo soy como ellos. Gente testaruda y equivocada que no damos nuestro brazo a torcer, y menos a alguien que piensa distinto a nosotros. Los indignados por creer que la solución pasa por tirarse a la calle a hacerse ver, y yo, por creer que la solución esta en parchear día a día con absurdas medidas consumistas mi falta de felicidad.
Ya se marchan los últimos, ya va predominando el color rancio. Ya vuelan a sus países los últimos de una generación que creíamos inexistente, con ellos se marcha la última llama de esperanza, solo nos queda lo poco que nos han dejado, una lección: se puede creer en algo, lleve el nombre que lleve y sin importar la apariencia que tenga, siempre que nos pueda aportar un poco de esa desconocida felicidad.
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