"El que olvida su propia historia, está condenado a repetirla" -Sir Walter Scott-
Debo de ser masoca, porque lo que yo quiero es repetir esta historia.
Debería empezar a olvidarla si lo que quiero es repetirla.
Dejaré aquí, en estas lineas, los últimos retazos o... eso espero.
Para los que no conozcan la "Vieja Chimenea"; ese es el significado del título, les diré que se la llamaba así puesto que en épocas pasadas y en días de mucho frío, eran innumerables las chimeneas que expulsaban al cielo Escocés el hollín de sus maderas quemadas, haciendo del horizonte una auténtica cortina de humo, recreando, más si cabe, el encanto de esta ciudad. Dicen que esta humareda caliente, se mezclaba con la humedad fría y se convertía en un mar de niebla, lo más parecido al de su hermana Inglesa. Y éste era el escenario perfecto para la cantidad de historias, ciertas y no, que de esta ciudad se cuentan.
Algunas fábulas, otras leyendas, quizás la mayoría sean reales, tal vez con algo de hipérbole que enfatice aún más el relato histórico.
Lo realmente cierto, es que la ciudad sí parece sacada de un cuento....os lo cuento.
Lleva una capa. No es azul, ni es de tartán. Es simple, lisa, negra. Cuando sale de su refugio lo hace dubitativo, temeroso, receloso. Tiene miedo a ser descubierto. No huye de nadie. Nadie le busca. Ése es el objetivo; que no le encuentren.
Recorre el adoquinado y húmedo suelo, hace rato que dejó de llover. De todas formas él se protege con un sombrero de copa, y de esa manera, oculta más si cabe su identidad.
Anda despacio, pegado a las fachadas, de forma que siempre tenga un flanco cubierto. O por si en algún momento, tuviera que introducirse de repente en alguno de los Closes. Cada vez que cruza uno, disminuye el paso y observa dentro detenidamente, vigila que de alguno aparezca alguien al que no esperaba.
De la iglesia de Giles salen aldeanos que han pasado allí la tarde. Buscan unas palabras de aliento, un consuelo, un descanso, un cobijo, algo de esperanza. Se resguardan, de paso, de una tarde de perros.
Ahora el Padre ha finalizado su homilía, ha terminado su cometido. Abandona el altar y se dirige a la sacristía, allí, recogerá sus pertenencias y dejará la Catedral. Los feligreses resignados salen cabizbajos del templo, meditando sobre el capitulo del que hoy les ha hablado el sacerdote, dudando de su veracidad, preguntándose cuanto de cierto hay en todo lo que el cura les ha contado. Están en estas cavilaciones y no prestan atención a la figura que se apoya desgarbada en la cruz que enarbola la Merkat. Pasa desapercibido, solo unos pocos se percatan de su presencia. No saben quién es, qué hace allí, qué busca o, qué quiere.
El hombre de la capa espera a que todos se hayan alejado, tiene paciencia, no desespera. Ha llegado el momento que estaba esperando. Cuando la última de la mujeres que habla en el pórtico con el padre se aleja, él, se descubre, se retira la capa y alza orgulloso la cabeza dejando ver, ahora sí, su desafiante rostro.
Levanta el ala del sombrero con los dedos índice y pulgar, a modo de saludo, y con la más maléfica de las sonrisas se dirige al pastor de cristo. -Buenas noches John, he vuelto.
El sacerdote que en esos momentos cerraba el portón de la iglesia, gira sobre sus pasos desconcertado, sin saber qué ha oído, y sobre todo, quién lo ha dicho. Distingue en frente suyo, a un hombre alto, fuerte; parece que va cubierto con algo que a él le parece una sabana; será un pestoso que viene a que le de la extremaunción, piensa. Se quita las diminutas gafas y con la sotana desempaña el relente que, al contraste del frío con el cálido de su recinto, ha producido en ellas. Cuando se las vuelve a poner y sus desgastados ojos se adaptan a la nueva imagen, John ya a adivinado quién es el personaje de la capa negra.
Leiht no es un gran río, y por lo tanto no provoca un gran lago, es por eso que a la mañana siguiente el cuerpo sin vida del padre John es encontrado a primera hora por una mujer que busca en los albores del día, ser la primera en colocarse en una posición idónea para la tarea de lavandería.
Las chimeneas ahora expulsan sin parar todo lo que en ellas se arroja: troncos, hojas secas, basura, desperdicios, pequeños animales muertos y toda clase de restos cotidianos inimaginables. Ésto, hace que el ambiente y la respiración sean insoportables. La población convive con ello sin importarle no mucho más que cualquiera de las otras ocupaciones que en el día a día tienen que sufrir.
Una de esas chimeneas es azuzada por Desmond Hugh. Lo hace con total lentitud, observando detenidamente el crepitar del los troncos, las vertebras de las llamas, las volutas del humo, las níveas pavesas. En el quicio del fogón tiene colocado un bastón. El mango es una cabeza de león con las zarpas en alto. Justo abajo, un brazalete de plata porta una leyenda del Clan al que pertenece.
Desmond nunca acarrea con la madera ni con ningún otro material combustible para el duro invierno, es su ayudante el que se encarga de esta ardua tarea.
El taburete en que descansa mientras atiza el rescoldo, es de olmo todavía verde, se aprecian las vetas en las tres patas, unidas con cuerda de pita y ancladas con clavos de puro cobre. En la silla de al lado tiene preparado su traje; una capa de cachemira oscura, casi negra, y un acopado sombrero, legado de la realeza Escocesa.
Hugh, no quita ojo a los restos de lumbre, que en esta ocasión sí ha preparado él, material incluido. Acelera los movimientos y empieza a impacientarse. Hace ya más de veinte horas del suceso y aún no se ha podido desprender de las pruebas. No le preocupa su captura, no le asusta un posible linchamiento, no se inquieta ante la posibilidad de un testigo, no teme a nada ni a nadie. Su única obsesión es deshacer todo vestigio de aquel viejo gregoriano, aquel que en su día descubrió y mostró al mundo su gran secreto.
El ruido de la puerta al cerrarse de golpe es firme, ocasionado por la corriente de viento que entra por la ventana abierta para evitar la acumulación de aire nocivo. El portazo devuelve de nuevo a la realidad al hombre de la capa negra, le lleva a prestar, otra vez, atención a la vieja chimenea. Esta vez la mira con total desprecio, sin quitar la vista a uno de los bordes, lo hace con odio, con ojos impregnados de furia y la mano asiendo con toda la fuerza que es capaz el atizador, que esta vez, remueve a toda velocidad.
Dos aros encarnados, al rojo vivo, incandescentes; se resisten a ser devorados por un fuego cada vez más débil, no quieren descender al averno, al infierno al que Hugh pretende enviar al viejo sacerdote. Cuyas gafas, ahora, le miraban desde la pira como auténticos ojos de diablo, fuego puro, pura maldad.....absoluta venganza.
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miércoles, 10 de agosto de 2011
domingo, 7 de agosto de 2011
Había un pastel
Había un pastel, un pastel de boda, pastel como adjetivo, no como sustantivo.
.....Y había un pueblo, un pueblo lejano.
Había un parking, un parking en un rellano.
Y había gente, gente que se conocía, algunos hasta se querían, otros se desentendían.
Había matrimonios, novios, casados, solteros, divorciados y hasta separados; los había de nuevo vuelto a casar, a juntar.
Había mujeres de otros, otros con nuevas mujeres, otros que habían sido mujeres, ahora hombres, señores de pelo cano, barrigudos.
Había un claustro, un patio, y un salón; bodega, barra y recepción.
Había escote, escote digno de un buen.., que no escote de pago a medias.
Había gorrones, viejas, niños, camareros jóvenes y decepciones.
Y había unas armaduras, un pasillo medieval, una bonita fachada, luces apagadas.
Había una novia no radiante, miradas tristes, desconsoladas, gestos de fracaso, comentarios hirientes, rostros que todo lo dicen sin hablar, que no hablan para no pecar, que si hablan es para confirmar.
Había unanimidad.
Había varios grupos, mesas alrededor de una; la central, la más vacía de todas. Había mesas sin llenar, sillas sin cubrir, había idas y venidas, cuadros sin marco, también lienzos, retratos en paredes, escenas en banquete.
Había sillas de ruedas, coches sobre ruedas, bolsos en mesa, velas en penumbra, bengalas al alto, algunas incólumes.
Había un menú, una carta bien creada, unos monederos y botellas de vino, abanicos y alfileres, había inscripciones en todas ellas, dos nombres bordados, dos nombres laureados.
Había esperanza en todo ello, solo ellos, sobre todo en ellos.
Había una boda, eso dijeron.
No hubo tarta, fue pastel.
Un auténtico Pastel de boda.
.....Y había un pueblo, un pueblo lejano. Había un parking, un parking en un rellano.
Y había gente, gente que se conocía, algunos hasta se querían, otros se desentendían.
Había matrimonios, novios, casados, solteros, divorciados y hasta separados; los había de nuevo vuelto a casar, a juntar.
Había mujeres de otros, otros con nuevas mujeres, otros que habían sido mujeres, ahora hombres, señores de pelo cano, barrigudos.
Había un claustro, un patio, y un salón; bodega, barra y recepción.
Había escote, escote digno de un buen.., que no escote de pago a medias.
Había gorrones, viejas, niños, camareros jóvenes y decepciones.
Y había unas armaduras, un pasillo medieval, una bonita fachada, luces apagadas.
Había una novia no radiante, miradas tristes, desconsoladas, gestos de fracaso, comentarios hirientes, rostros que todo lo dicen sin hablar, que no hablan para no pecar, que si hablan es para confirmar.
Había unanimidad.
Había varios grupos, mesas alrededor de una; la central, la más vacía de todas. Había mesas sin llenar, sillas sin cubrir, había idas y venidas, cuadros sin marco, también lienzos, retratos en paredes, escenas en banquete.
Había sillas de ruedas, coches sobre ruedas, bolsos en mesa, velas en penumbra, bengalas al alto, algunas incólumes.
Había un menú, una carta bien creada, unos monederos y botellas de vino, abanicos y alfileres, había inscripciones en todas ellas, dos nombres bordados, dos nombres laureados.
Había esperanza en todo ello, solo ellos, sobre todo en ellos.
Había una boda, eso dijeron.
No hubo tarta, fue pastel.
Un auténtico Pastel de boda.
El timo del 6º
¡Venga¡ ¡Ya está bien! se acabó de dar más bola a toda esta gente que quiere "reconstruir" su vida a costa de los demás. A todos estos que no les importa lo más mínimo el significado de esfuerzo. A todos estos que quieren dinero fácil, rápido, sin importarles el cómo. A los que reinventan un nuevo sacramento para de forma impune lograr sus objetivos. Les importa una mierda el disfraz con el que vistan su moralidad, su decoro, su falta de vergüenza. A todos los que arrastrados por el ansia capitalista se saltan la reglas básicas del mercado: la oferta y la demanda, el debe y el haber. Solo interesa su demanda y su casilla... la del haber.
El primer paso que dan es lanzar a los cuatro vientos una macro celebración. Se adorna con unas cuantas originales despedidas, se añaden unos autobuses, modestas tracas, pueblos con encanto, nombres sinuosos y eufemismos clásicos.
Luego se lanza un par de bulos o noticias no contrastadas como: -"Un menú? pues en torno a cien, ciento y pico; más extras". Después se lanza un prejuicio: -"Hoy en día si no das más de ciento cincuenta P/P, quedas como el culo". Y ya está, ya han hecho el Agosto. Ahora eres tú en tu cabeza el que maquinas todo esto, te condicionas y por no quedar mal entras en su juego.
Ellos están en otro mundo, en el otro lado: ignoran qué es un sacramento, más bien les importa una mierda, lo reciben en iglesias a las que no han entrado en su vida, con sacerdotes a los que ni conocen ni saben lo que les dicen, y lo que es peor, ni lo entienden; seguramente en la mayoría de los casos, hasta se haya criticado en innumerables ocasiones a este selecto grupo.
En su mente solo una premisa: El euro, que sea abundante, con el fin de poder financiarse: su traje no; lo paga mamá, los regalitos tampoco; los paga la cuñá, el condumio a veces tampoco, lo paga el sobraó del suegro. Entonces qué. Ellos lo saben, lo intuyen: Dinero fácil, a espuertas, en cuestión de horas, no hace falta más que esperar un poco, poner buena cara y recoger sobres, beneficios.
Como esto ya se conoce, aun no teniendo ni un duro, se hipotecan de momento para reservar el deseado viaje, porque saben que luego sí podrán pagarlo, habrá dinero de "sobre" de sobra. Y ahí os quedáis vosotros, con esa imagen irreal, preconcevida de: Pobrecitos, no tenían para una celebración mejor. Y mientras lo repasas, los estafadores, están preparando la maleta y el pasaporte con destino a un paraíso fiscal.
Cuentan, para esta estafa, con tu bondad, tu buena fe, tu ingenuidad; unos valores que ellos no tienen o han dejado a un lado una temporada. Saben que hacen mal, que no es justo ni equitativo, pero tienen el beneplácito de sus familiares más cercanos, que les apoyan, les cubren y posteriormente les justifican. -"Fíjate, es que ellos no lo sabían. Lo hicieron con la mejor intención".
No critico si había baños o no, si había aire o no, si había parking, si había hilo musical, si existía música ceremonial; no critico tampoco si era abundante la comida, si era de calidad, si tenía presencia, si tenía ritmo, sin esperas, si el cóctel fue apretado y aceitoso, si era un parador o un para-dos, no, eso da igual, lo que me indigna es que ya se sabía o por lo menos se intuía de que eso iba a ser así. Ciento cuarenta kilómetros son un indicio más que sospechoso. Aún así, nosotros accedemos a ir a esta farsa que se denomina Boda en nombre del 6º Sacramento del Matrimonio.
Y somos nosotros mismos los que, aunque sabemos que: Es una mierda, que no nos interesa ir, que no queremos entrar en estos saraos, puesto que nunca lo he hecho, que sabemos que es un timo; aun sabiendo esto, vamos contentos y con el precio ajustado de antemano, para demostrarnos de que, aun siendo una puta mierda, no nos importa, porque nos lo podemos permitir.
Dar un cuarto de nomina a unos sinvergüenzas, no nos importa, sin embargo otros días escatimamos uno míseros euros en invitar a tus allegados de verdad, dejar un euro de propina, ser generosos con nosotros mismos, e incluso ese mismo día si se tercia, regatear a tu padre, hermano o cuñado un puto botellín.
Es una crítica más, más de lo mismo, lo de siempre. La ¿culpa?: Nuestra por permitirlo; y no cortar con ese circulo por el simple hecho de que algún día sea al revés o porque un día ya lo hiciste y ahora queda feo decir NO VOY, y por no hacer ese feo agacho la cabeza, me trago mi personalidad y me desprendo de una parte importante de dinero para demostrarme de que no pasa nada, que es parte de esta función teatral que interpreta la denostada, moralmente, sociedad.
Y de ellos, por ser tan ruines, míseros e hipócritas, ¿se conoce algún acto más falso que este?: La iglesia que todos aborrecemos, la reunión de la que todos huimos, la familia a la que todos criticamos, el blanco impoluto del traje...la virginidad ¿?. Todo esto nos lo tragamos con tal de sacar unos rendimientos netos en un solo día. Para cumplir el tan nombrado mal de nuestra actualidad: El aparentar. Para irnos de viaje a un sitio tan lejos, tan lejos, al cual no haya ido ni conozca nadie de los que allí están copa de champagne en mano. A un lugar tan remoto que para localizar su situación geográfica haya que acudir a Google. Un país tan lejano donde no lleguen las noticias que hallamos generado aquí, donde tampoco lleguen la vergüenza ni la ética, o lo poco que de ellas nos quede.
Ahora descansan tranquilos, serenos, con el saber del deber cumplido. Lo hacen sentados en el camastro de su hostal, al lado de la papelera donde posan los sobres desmenuzados, desglosados; bonos convertibles en felicidad no ganada y en disfrute no merecido.
A costa de la bondad, estafada, de los demás.
El primer paso que dan es lanzar a los cuatro vientos una macro celebración. Se adorna con unas cuantas originales despedidas, se añaden unos autobuses, modestas tracas, pueblos con encanto, nombres sinuosos y eufemismos clásicos.
Luego se lanza un par de bulos o noticias no contrastadas como: -"Un menú? pues en torno a cien, ciento y pico; más extras". Después se lanza un prejuicio: -"Hoy en día si no das más de ciento cincuenta P/P, quedas como el culo". Y ya está, ya han hecho el Agosto. Ahora eres tú en tu cabeza el que maquinas todo esto, te condicionas y por no quedar mal entras en su juego.
Ellos están en otro mundo, en el otro lado: ignoran qué es un sacramento, más bien les importa una mierda, lo reciben en iglesias a las que no han entrado en su vida, con sacerdotes a los que ni conocen ni saben lo que les dicen, y lo que es peor, ni lo entienden; seguramente en la mayoría de los casos, hasta se haya criticado en innumerables ocasiones a este selecto grupo.
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| "Pastel" de boda |
Como esto ya se conoce, aun no teniendo ni un duro, se hipotecan de momento para reservar el deseado viaje, porque saben que luego sí podrán pagarlo, habrá dinero de "sobre" de sobra. Y ahí os quedáis vosotros, con esa imagen irreal, preconcevida de: Pobrecitos, no tenían para una celebración mejor. Y mientras lo repasas, los estafadores, están preparando la maleta y el pasaporte con destino a un paraíso fiscal.
Cuentan, para esta estafa, con tu bondad, tu buena fe, tu ingenuidad; unos valores que ellos no tienen o han dejado a un lado una temporada. Saben que hacen mal, que no es justo ni equitativo, pero tienen el beneplácito de sus familiares más cercanos, que les apoyan, les cubren y posteriormente les justifican. -"Fíjate, es que ellos no lo sabían. Lo hicieron con la mejor intención".
No critico si había baños o no, si había aire o no, si había parking, si había hilo musical, si existía música ceremonial; no critico tampoco si era abundante la comida, si era de calidad, si tenía presencia, si tenía ritmo, sin esperas, si el cóctel fue apretado y aceitoso, si era un parador o un para-dos, no, eso da igual, lo que me indigna es que ya se sabía o por lo menos se intuía de que eso iba a ser así. Ciento cuarenta kilómetros son un indicio más que sospechoso. Aún así, nosotros accedemos a ir a esta farsa que se denomina Boda en nombre del 6º Sacramento del Matrimonio.
Y somos nosotros mismos los que, aunque sabemos que: Es una mierda, que no nos interesa ir, que no queremos entrar en estos saraos, puesto que nunca lo he hecho, que sabemos que es un timo; aun sabiendo esto, vamos contentos y con el precio ajustado de antemano, para demostrarnos de que, aun siendo una puta mierda, no nos importa, porque nos lo podemos permitir.
Dar un cuarto de nomina a unos sinvergüenzas, no nos importa, sin embargo otros días escatimamos uno míseros euros en invitar a tus allegados de verdad, dejar un euro de propina, ser generosos con nosotros mismos, e incluso ese mismo día si se tercia, regatear a tu padre, hermano o cuñado un puto botellín.
Es una crítica más, más de lo mismo, lo de siempre. La ¿culpa?: Nuestra por permitirlo; y no cortar con ese circulo por el simple hecho de que algún día sea al revés o porque un día ya lo hiciste y ahora queda feo decir NO VOY, y por no hacer ese feo agacho la cabeza, me trago mi personalidad y me desprendo de una parte importante de dinero para demostrarme de que no pasa nada, que es parte de esta función teatral que interpreta la denostada, moralmente, sociedad.
Y de ellos, por ser tan ruines, míseros e hipócritas, ¿se conoce algún acto más falso que este?: La iglesia que todos aborrecemos, la reunión de la que todos huimos, la familia a la que todos criticamos, el blanco impoluto del traje...la virginidad ¿?. Todo esto nos lo tragamos con tal de sacar unos rendimientos netos en un solo día. Para cumplir el tan nombrado mal de nuestra actualidad: El aparentar. Para irnos de viaje a un sitio tan lejos, tan lejos, al cual no haya ido ni conozca nadie de los que allí están copa de champagne en mano. A un lugar tan remoto que para localizar su situación geográfica haya que acudir a Google. Un país tan lejano donde no lleguen las noticias que hallamos generado aquí, donde tampoco lleguen la vergüenza ni la ética, o lo poco que de ellas nos quede.
Ahora descansan tranquilos, serenos, con el saber del deber cumplido. Lo hacen sentados en el camastro de su hostal, al lado de la papelera donde posan los sobres desmenuzados, desglosados; bonos convertibles en felicidad no ganada y en disfrute no merecido.
A costa de la bondad, estafada, de los demás.
domingo, 17 de julio de 2011
Low Cost y otros topicos.
-"Oiga, podría quitarme el codo del cuello"
-"Lo siento, pero es que soy el piloto".
Esta es una de la ultimas viñetas que han aparecido en un periódico nacional, hace referencia de manera irónica y graciosa a lo que son los vuelos Low Cost. Es de algún humorista gráfico, el típico Borges o Gallego u otro por ahí.
Antes de dar mi opinión, y como dice el próximo presidente de España, A.P.Rubalcaba, -"Dejarme 30 segundos para que os explique el porque de esta visión".
No todos, pero la mayoría de la gente, incluida la Española, bueno, esta más todavía; tiene por costumbre el prejuicio, "recuerdan la entrada anterior" (aludo otra vez a APR).
En qué influye el prejuicio en, este caso, low cost y otros tópicos; pues en que damos por hecho que lo barato es malo y lo caro es bueno. Esto a priori puede ser correcto y hasta normal y sería justo por otra parte. Pero dejarme que os ponga un ejemplo, (nuevamente APR), Qué CocaCola es mejor, la del bar el Bigotes, o la del restaurante Bullí..... ¡Vale! dejar de pensar, yo os contestaré, las dos son la misma.
Habrá quien diga que la diferencia sería el servicio, el local, la presentación... y demás. Y sí, es así por supuesto, pero también es el ambiente, lo digo como eufemismo no como sinónimo de gay. O lo que es lo mismo, se-gre-ga-cion cla-sis-ta. Voy a poner un ultimo ejemplo que quedara más claro y en el que no se apreciará tanto el servicio y atención: por qué cuesta más una determinada prenda de una determinada marca, en unas zonas que en otras; pues para evitar que determinados niveles sociales crucen la invisible linea social de clasismo y acudan a otras tiendas que no son las suyas, pero por el contrario se les ofrece esos mismos productos en otras tiendas para no perder en ningún momento $clientela$. Pura hipocresia.
Hay un capitulo de Aida en el que Jonathan(pobre) se mofa de Fidel(rico), por la simple razón de que Fidel adquiere un móvil por más del doble que Jonan, que lo hace, por el mismo, por una cantidad muy inferior, después de tanta mofa, Fidel le contesta: "La diferencia entre tu móvil y el mio es que yo puedo permitirme pagar más por lo mismo".
Qué es lo que ocurre entonces, lo de siempre; el pobre de a pie, accede con esfuerzo a alguno de estos ejemplos de nivel que he contado, y como ha hecho un enorme esfuerzo debe sobrevalorarlo y convencerse de que ha merecido la pena, si por el contrario, más tarde, vuelve a su escalafón, con los suyos, y accede nuevamente a otro servicio de su nivel, ocurre lo contrario, lo infravalora e incluso se jacta de comentarios despectivos como: "es que no tiene nada, nada, que ver". Para dar a conocer, que parece ser que de eso se trata, de que él en alguna ocasión accedió al OTRO NIVEL, y se lo expone sutilmente a los pobrecillos con los que ahora, de manera ocasional, comparte una experiencia que ya creía olvidada.
Llegas a ser tan bombardeado por estos comentarios que hasta te condicionan y aterran, y eso es lo que me ocurrió esta semana: Parecía que íbamos a volar en una tartana, un avión a motor de aire, que estaría lleno de mierda, que el personal serian kinkis y gentuza no profesional, que el piloto seria un estudiante en practicas, que nos tocaría empujar para arrancar y por supuesto, que saldría con retraso y con perdida de maletas.
No soy un avezado viajero, por supuesto, pero las escasas veces que lo he hecho ha sido en las compañias principales de cada país donde he ido, y nunca antes hasta esta semana ha ido todo tan rápido, tan agilizado, tan organizado, tan sencillo; igual de limpio, el mismo servicio, la misma profesionalidad, y muchisimo mejor vuelo.
El resumen es que: el servicio es el mismo, la mano de obra la misma, la material la misma; la diferencia es lo que dije al principio, separar a unos de otros. Pero ¡Cuidado! que la diferencia económica apenas existe, es decir, no es ningún chollo ni tanta ganga; no es en definitiva, ni para lo bueno ni para lo malo, tan LOW COST.
-"Lo siento, pero es que soy el piloto".
Esta es una de la ultimas viñetas que han aparecido en un periódico nacional, hace referencia de manera irónica y graciosa a lo que son los vuelos Low Cost. Es de algún humorista gráfico, el típico Borges o Gallego u otro por ahí.
Antes de dar mi opinión, y como dice el próximo presidente de España, A.P.Rubalcaba, -"Dejarme 30 segundos para que os explique el porque de esta visión".
No todos, pero la mayoría de la gente, incluida la Española, bueno, esta más todavía; tiene por costumbre el prejuicio, "recuerdan la entrada anterior" (aludo otra vez a APR).
En qué influye el prejuicio en, este caso, low cost y otros tópicos; pues en que damos por hecho que lo barato es malo y lo caro es bueno. Esto a priori puede ser correcto y hasta normal y sería justo por otra parte. Pero dejarme que os ponga un ejemplo, (nuevamente APR), Qué CocaCola es mejor, la del bar el Bigotes, o la del restaurante Bullí..... ¡Vale! dejar de pensar, yo os contestaré, las dos son la misma.
Habrá quien diga que la diferencia sería el servicio, el local, la presentación... y demás. Y sí, es así por supuesto, pero también es el ambiente, lo digo como eufemismo no como sinónimo de gay. O lo que es lo mismo, se-gre-ga-cion cla-sis-ta. Voy a poner un ultimo ejemplo que quedara más claro y en el que no se apreciará tanto el servicio y atención: por qué cuesta más una determinada prenda de una determinada marca, en unas zonas que en otras; pues para evitar que determinados niveles sociales crucen la invisible linea social de clasismo y acudan a otras tiendas que no son las suyas, pero por el contrario se les ofrece esos mismos productos en otras tiendas para no perder en ningún momento $clientela$. Pura hipocresia.
Hay un capitulo de Aida en el que Jonathan(pobre) se mofa de Fidel(rico), por la simple razón de que Fidel adquiere un móvil por más del doble que Jonan, que lo hace, por el mismo, por una cantidad muy inferior, después de tanta mofa, Fidel le contesta: "La diferencia entre tu móvil y el mio es que yo puedo permitirme pagar más por lo mismo".
Qué es lo que ocurre entonces, lo de siempre; el pobre de a pie, accede con esfuerzo a alguno de estos ejemplos de nivel que he contado, y como ha hecho un enorme esfuerzo debe sobrevalorarlo y convencerse de que ha merecido la pena, si por el contrario, más tarde, vuelve a su escalafón, con los suyos, y accede nuevamente a otro servicio de su nivel, ocurre lo contrario, lo infravalora e incluso se jacta de comentarios despectivos como: "es que no tiene nada, nada, que ver". Para dar a conocer, que parece ser que de eso se trata, de que él en alguna ocasión accedió al OTRO NIVEL, y se lo expone sutilmente a los pobrecillos con los que ahora, de manera ocasional, comparte una experiencia que ya creía olvidada.
No soy un avezado viajero, por supuesto, pero las escasas veces que lo he hecho ha sido en las compañias principales de cada país donde he ido, y nunca antes hasta esta semana ha ido todo tan rápido, tan agilizado, tan organizado, tan sencillo; igual de limpio, el mismo servicio, la misma profesionalidad, y muchisimo mejor vuelo.
El resumen es que: el servicio es el mismo, la mano de obra la misma, la material la misma; la diferencia es lo que dije al principio, separar a unos de otros. Pero ¡Cuidado! que la diferencia económica apenas existe, es decir, no es ningún chollo ni tanta ganga; no es en definitiva, ni para lo bueno ni para lo malo, tan LOW COST.
jueves, 7 de julio de 2011
A 35º en Lo Pagán
Salió de su escondite, de ese asqueroso agujero nauseabundo y sucio. No miró a nada ni a nadie. Simplemente se disponía a pasear y olfatear con su diminuta nariz pestosa todo lo que en esa espontánea e improvisada salida se le cruzara por el camino.
Metros más adelante, pocos dicho sea de paso, estaba nuestra Nanis. Absorta a aquella excursión ratuna, ausente a aquel roedor despreciable. Solo prestaba atención al árbol donde se disponía a mear, y de reojillo a mis pasos; si estos iban o venían, e incluso si podía apreciar en mi rostro síntoma de cansancio, aburrimiento o desesperación porque su segunda salida del día se alargara más de lo previsto.
Ignoraba que horas después la única caminata que haría sería en el corral, el patio de Corpa.
Cambió el sitio, para ambos. Cambiamos de aires, nunca mejor dicho, porque estos giraron bruscamente en el mismo momento en que cogí las llaves del coche.
Ella dormirá en su misma cama, que no en su misma habitación, lo hará con parte de su familia, allegados y no tanto, lo hará bajo las estrictas ordenes de otra Rata y lo disfrutará como si de un campamento de verano se tratase. Con sus dos primos: uno; el pequeñin, y otro, el más veterano, el que más campamentos, de verano e invierno, lleva a sus ya viejas y débiles espaldas.
Nosotros aquí, a cientos de kilómetros de ella, preocupados como solo los padres están cuando sus pequeños entran de lleno en esos tan recurrentes campamentos de estío, inquietos por si ocurriera algún imprevisto que la pudiera ocasionar alguna molestia, e intranquilos ante la duda de si esa era la manera más equilibrada de resolver ese escollo que se nos plantea cada año por estas fechas.
La duda te sigue, te acompaña durante tu descanso, pero lo hace etérea, como una pequeña herida que planea sobre los cielos murcianos. Lo hace sutil, pero constante.
Y en medio nosotros nuevamente. Con el tiempo inverso al que antecedemos, con la temperatura contraria a la que precedemos. Esperando la segunda excursión canina que de por cerrado el ciclo estival. Lo hacemos bajo una sombrilla, debajo de un ventilador, sumergido en aguas menores, buscando la sombra, ungiendonos de cremas, lociones y demás artilugios protectores, hidratándonos con cerveza, granizado y fruta fresca. Entreteniéndonos con tertulias ya vividas, conversaciones repetidas y gracias previsibles.
Lo hacemos aquí, bajo 35º, a pocos pasos de las playas de Lo pagán, esperando que suba la marea y baje la calor.
Metros más adelante, pocos dicho sea de paso, estaba nuestra Nanis. Absorta a aquella excursión ratuna, ausente a aquel roedor despreciable. Solo prestaba atención al árbol donde se disponía a mear, y de reojillo a mis pasos; si estos iban o venían, e incluso si podía apreciar en mi rostro síntoma de cansancio, aburrimiento o desesperación porque su segunda salida del día se alargara más de lo previsto.
Ignoraba que horas después la única caminata que haría sería en el corral, el patio de Corpa.
Cambió el sitio, para ambos. Cambiamos de aires, nunca mejor dicho, porque estos giraron bruscamente en el mismo momento en que cogí las llaves del coche.
Ella dormirá en su misma cama, que no en su misma habitación, lo hará con parte de su familia, allegados y no tanto, lo hará bajo las estrictas ordenes de otra Rata y lo disfrutará como si de un campamento de verano se tratase. Con sus dos primos: uno; el pequeñin, y otro, el más veterano, el que más campamentos, de verano e invierno, lleva a sus ya viejas y débiles espaldas.
Nosotros aquí, a cientos de kilómetros de ella, preocupados como solo los padres están cuando sus pequeños entran de lleno en esos tan recurrentes campamentos de estío, inquietos por si ocurriera algún imprevisto que la pudiera ocasionar alguna molestia, e intranquilos ante la duda de si esa era la manera más equilibrada de resolver ese escollo que se nos plantea cada año por estas fechas.La duda te sigue, te acompaña durante tu descanso, pero lo hace etérea, como una pequeña herida que planea sobre los cielos murcianos. Lo hace sutil, pero constante.
Y en medio nosotros nuevamente. Con el tiempo inverso al que antecedemos, con la temperatura contraria a la que precedemos. Esperando la segunda excursión canina que de por cerrado el ciclo estival. Lo hacemos bajo una sombrilla, debajo de un ventilador, sumergido en aguas menores, buscando la sombra, ungiendonos de cremas, lociones y demás artilugios protectores, hidratándonos con cerveza, granizado y fruta fresca. Entreteniéndonos con tertulias ya vividas, conversaciones repetidas y gracias previsibles.
Lo hacemos aquí, bajo 35º, a pocos pasos de las playas de Lo pagán, esperando que suba la marea y baje la calor.
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